Y al quinto año volvió Fresán. Cinco años después de El fondo del cielo (2009), Fresán vuelve a inmiscuirse en el oficio del escritor y a indagar en la creación literaria. La parte inventada, la novela que publicó Random House y que el autor de Historia Argentina (1991) y La velocidad de las cosas (1998) presentó en la Feria del Libro, tiene un protagonista: El Escritor y una estructura compuesta por siete secciones que son también siete perspectivas.

Siete secciones que Fresán tenía abiertas sin poder conformar la novela, hasta que fueron unidas por un muñequito que se ganó el derecho de ser la tapa de la novela. Así lo cuenta el autor: "Hace tres o cuatro años, cuando mi hijo tenía cuatro y yo estaba muy bloqueado en la escritura del libro, llevando a mi hijo al colegio nos detenemos en la vidriera de una papelería donde estaba el muñequito y mi hijo me dice, "papá esa es la portada de tu próximo libro". Entramos y lo compramos y cuándo vamos saliendo de la librería, mi hijo me tira de la mano y me dice "además es el protagonista de tu próximo libro". Lo dejé en el colegio, volví a casa, subí a mi estudio, volví a sentarme frente a la pantalla envuelto en la niebla sin tener la menor idea de qué hacer con todo eso y en un momento digo "¿Y si lo hago que sea el protagonista del libro?" Hice un par de operaciones de inserts y el muñequito entró en el libro y se solucionó todo inmediatamente y a partir de entonces la escritura fue soleada, llena de truenos y de rayos pero soleada y sin ningún tipo de dificultad.

Recibe a Infobae en la habitación de un hotel boutique del barrio de Palermo. Ese fue su lugar durante su visita a Buenos Aires, ciudad a la que dejó en 1999 para radicarse en Barcelona. Rodrigo Fresán confiará que cada día le gusta más escribir y menos ser escritor, dirá que hay quiénes se sienten escritores por tener un blog y se mostrará preocupado por lo que llama la crisis de los Best Sellers.

Tengo muy pocos temas pero tengo mucho que decir. Hay otros escritores que es al revés: tienen muchísimos temas y no dicen gran cosa sobre ninguno. Y están los que tienen muchísimos temas y dicen mucho de todo. En ese sentido, a todos mis libros me cuesta separarlos. Mi obra, que son nueve libros ya, me da la sensación que es como andar avanzando por una misma casa e ir abriendo puertas y encendiendo luces. Es como un mapa que se está construyendo. Es una idea un poco cortazariana. Soy cortazariano también y lo siento mucho por todos aquellos que reniegan de Cortázar, para mi sorpresa.

Habrá quién lo considere como una muestra de soberbia de mi parte o que me considero demasiado importante, pero en realidad todo eso surge de cosas que a mí como lector me encantaron. Cuando leía a Salinger y veía que reaparecían personajes o Vonnegut o ciertas atmósferas de John Cheever. Me gusta eso. Cuando yo incurro en eso, no lo hago tanto como escritor sino como lector que se está leyendo a sí mismo mientras escribe.

Sí, es un poco eso. Te pagan un poco más que siendo lector, no mucho pero algo te tiran.

No, no soy yo, vaya por delante eso. Una de las decisiones que tomé al principio fue que estuviera escrito en tercera persona y no en primera. Si bien es una tercera que todos leen como si fuese una primera, es un efecto raro que a mí me gusta. El Escritor del libro es como si fuese Rodrigo Fresán con el volumen subido a quinientos mil. Todas sus obsesiones y sus fobias él las vive de una manera mucho más intensa e infantil que yo. El dato clave que utilicé para diferenciarlo de mí, y fue sobre el que yo trabajé, fue el hecho de que no tuviera un hijo, que es una cosa que te modifica. Cuándo desde que tenés memoria querés ser escritor y siempre escribiste y leíste, cuando llega el hijo te "reecualiza" de una manera que ciertas cosas ya no son tan importantes, empezás a mirar otra cosa. Y este es un hombre que se aferró y se sigue aferrando adolescentemente a la idea de no voy a tener hijos, voy a tener libros, "no voy a tener pareja, voy a tener musas"; todas esa cosas que uno en la adolescencia fantasea y después se te pasa.

Los lectores están donde están siempre. Cuando dicen "la crisis" o "el fin de la literatura", creo que la literatura no corre ningún peligro, siempre fue un placer o un vicio para minorías, para burgueses. Siempre va a haber los mismos lectores que leen el Ulises de Joyce, En busca del tiempo perdido de Proust o Moby Dick de Melville. Sí digo, y me parece preocupante, que hay una crisis de los best sellers, porque los best sellers están cada vez peor escritos. Sigo leyendo best sellers, me gustan cuándo están bien hechos. La gente que ahora lee Cincuenta sombras de Grey antes leía a Stephen King. Con eso antes aprendías de estructura, de tempo narrativo o de construcción de personajes. De las mayorías de los grandes best sellers de ahora no sólo que no se puede aprender nada, sino que son peligrosos. Están muy mal escritos.

El furor Facebook, Internet o Twitter me preocupa y me da más bien pena cuando entro a un vagón de metro en Barcelona y veo que en vez de sostener un libro están todos con los teléfonos. Me da cierto temor braudburiano pero duermo bien a la noche. Me molesta cuando quiero entrar al metro y alguien se detiene en la puerta a mandar un mensajito completamente absorto e inconsciente de lo que lo rodea. A El Escritor del libro le preocupa mucho más e incluso lucra con eso porque empieza a dar conferencias y se convierte en una especie de friki de la antielectrónica. Novelística y formalmente, necesitaba que El Escritor tuviese un enemigo tonto que le permitiera distraerse y no pensar en cuál es su verdadero enemigo que es escribir un buen libro, porque él no puede hacerlo.

En la infancia pasa casi todo, menos la iniciación sexual pero ahora tengo entendido que los niños debutan sexualmente a los seis años, o sea que eso también ocurre. En la presentación del libro en la Feria, Alan Pauls decía: "¿Realmente te importa tanto la infancia?" y yo le dije ¿A vos te importa tanto el pasado, el pelo, el dinero o el llanto? Lo que ocurre, y eso es la literatura, es que hay algo que te importa un poco y que se vuelve muy importante cuando lo ponés por escrito y se vuelve algo muy importante para alquien que lo lee. Esa es la magia de la literatura que no es la magia de la televisión ni la del cine. Algo real acaba volviéndose importante desde el momento que lo ficcionalizás mucho. De todas maneras, tuve una infancia a la que cabría definir como literaria y para mí fue una infancia importante.

Quería ser escritor antes de saber escribir. Me recuerdo con cuatro años, entré al colegio primario a los cinco ya casi contando los minutos para poder saber leer y escribir para poder ser escritor, sin saber leer y escribir. Mis padres eran muy intelectuales de los años 60, del Di Tella. Mi padre hacía portadas de libros, trabajaba en Tía Vicenta e hizo un libro sobre Borges y otro sobre Cortázar; mi madre cuando se separó de mi padre su pareja fue Paco Porrúa, el editor de Cien años de soledad y de Rayuela. Rodolfo Walsh era muy amigo de mis padres y estaba en casa seguido y yo siempre lo miraba y me preguntaba si tenía algo que ver con María Elena Walsh, ese era mi principal foco de interés.

Eso sí lo veo cada vez más. La supuesta democratización de la escritura que ha traído internet hace que haya mucha gente que se siente escritor porque tiene un blog y escribe una página con dos mil seguidores. Y además dicen "el libro es un objeto y lo único que quieren es publicar un libro" y después publican y se sacan la foto con el libro y la ponen en el blog. Todo fue para tener el libro objeto en la mano, ese objeto del que renegaban al principio. Siempre lo digo: cada vez me gusta más escribir y cada vez me gusta menos ser escritor, en el sentido de lo que se supone que debe ser un escritor. No soy un escritor al que le gusten los festivales, viajar o las mesas redondas, cada vez me gusta menos. Conozco escritores que se apuran a terminar el libro para poder salir de viaje. No me gusta la idea del escritor profesional que va como sumando líneas a su currículum y lo primero que hace cuando vuelve al hotel es escribir "conferencia en la Feria de Guadalquivir". Lo respeto, que cada cual haga lo que quiera, pero no es una dinámica que me guste. Más que escribir en hoteles, me gusta leer en hoteles.