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En la Argentina, ni siquiera el pasado es seguro. O toda historia oficial genera su revisionismo. Es lo que pasó con el asesinato -en septiembre de 1973- del secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci. Es lo que comienza a suceder ahora con el crimen del padre Carlos Mugica, perpetrado hace 40 años.

Y el declive de la historia oficial alcanza también a los historiadores y periodistas —kirchneristas y no kirchneristas— que tanto se han esforzado por construir ese sentido común.

Para el Estado argentino, a Mugica lo mató la Triple A, y por eso figura como "Víctima del Terrorismo de Estado" en el monumento levantado en el Parque de la Memoria, frente al Aeroparque metropolitano. Y es lo que sostiene la presidente Cristina Fernández de Kirchner, entre tantos otros.

Así fue establecido en 1998, durante la presidencia de Carlos Menem, de acuerdo con un dictamen de la subsecretaría de Derechos Humanos en aquel momento para tranquilidad de casi todos, en primer lugar de los ex jefes montoneros, que, como los ex jefes militares, habían sido beneficiados por los indultos.

Esa resolución se basó en el testimonio judicial de Juan Carlos Juncos, un riojano de la ciudad de Chepes, el 13 de marzo de 1984, quien señaló que él mismo había participado en el asesinato de Mugica por orden de José López Rega, de quien se dijo chofer y custodio.

Pero, a los cuatro meses, Juncos se desmintió a sí mismo y el 6 de diciembre de ese mismo año, 1984, el juez Fernando Archimbal concluyó que Juncos había sido "mendaz" y que no había tenido nada que ver con la Triple A. Desarrollo este episodio en mi libro Operación Traviata.

La Triple A fue una banda de ultraderecha presuntamente encabezada por López Rega, quien, cuando Mugica fue asesinado, hace 40 años, era el ministro de Bienestar Social y el secretario privado del Presidente, el general Juan Domingo Perón.

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A pesar de que los dichos de Juncos ya habían sido desestimados por la Justicia,

sus primeras afirmaciones fueron utilizadas por el historiado K Felipe Pigna y por los periodistas Eduardo Anguita (kirchnerista) y Martín Caparrós (no kirchnerista) para afirmar que Mugica fue asesinado por la Triple A.

Así lo escribieron en sus respectivos libros:

Lo pasado pensado

, página 259, y

La Voluntad, Tomo III,

página 555. Son solo una muestra de tantos intelectuales cometiendo el mismo, llamativo, desacierto.



Curiosamente, estos autores

ignoran los testimonios que indican que Mugica temía que lo mataran los montoneros más que la Triple A. Así lo afirmaron Antonio Cafiero y Jacobo Timerman,

entre otros.



En su reciente libro

Entregado por nosotros

,

Juan Manuel Duarte realiza una prolija reconstrucción de los últimos días de Mugica

, que muestran una fuerte disputa con Montoneros y con su ex discípulo Mario Firmenich. Tanto era así que

en el marco de su ruptura definitiva con Perón.



Mugica no se quedó solo sino con el 90 por ciento del

Movimiento Villero Peronista

. Él

criticaba que Montoneros no quisiera desarmarse como se lo pedía Perón

porque apostaban a tomar el aparato estatal y concretar la revolución socialista. "Son pequeño burgueses que aprenden la revolución en un libro y juegan con el pueblo", les dijo; otro cura tercemundista,

Jorge Galli,

les señaló:

"Están cayendo en la soberbia armada".


A Perón, Mugica le convenía políticamente porque su figura estaba vaciando de gente en las villas a Montoneros. Además, era una persona de los medios y

defendía a Perón

en los numerosos reportajes periodísticos que le hacían.



Desde un punto de vista racional,

no se entiende bien por qué López Rega mataría a una figura pública que le hacía tanto bien a la causa política de su jefe,

el presidente Perón.



Parte de la familia de Mugica está convencida de que lo mató Montoneros; otros piensan que lo mató la Triple A.



Un amigo de Mugica,

Rodolfo Capelli, que fue herido en la emboscada, dijo que el asesino fue Eduardo Rodolfo Almirón,

uno de los custodios de López Rega y también de Perón, muy conocido por su barba. La Triple A siempre negó la autoría de ese crimen y no se explica por qué López Rega habría enviado a matar a Mugica nada menos que a su "soldado" más fácil de identificar.



De todos modos, no se sabe aún quién mató a Mugica. Pudo haber sido cualquiera, dado que el cura

se había enemistado con varios por su prédica a favor de Perón y de la paz.


Pero, a no desesperar: la verdad siempre triunfa. Solo que muchas veces se toma su tiempo.




Ceferino Reato es Editor ejecutivo de la revista Fortuna; su último libro es ¡Viva la sangre!