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Télam
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La alianza que debe constituirse entre la escuela secundaria y el primer empleo en la Argentina está dañada. No sólo hay eslabones perdidos sino que además emergió con fuerza el fenómeno transversal de los "ni-ni", los jóvenes en la franja etaria entre los 19 y los 24 que ni estudian, ni trabajan.

A esto se suma que casi la mitad de los adolescentes argentinos no termina la secundaria en tiempo y forma,  y otros directamente lo abandonan. A la vez el sistema educativo exhibe fisuras: incorpora más chicos pero el desafío vigente es la calidad y la aprehensión del conocimiento.

De acuerdo a la Encuesta Nacional de Hogares (EPH) aproximadamente un 40% de los jóvenes entre 19 y 24 años aún no ha terminado la educación secundaria. Examinando exclusivamente a los jóvenes de 19 y 20 años de edad, la Encuesta Anual de Hogares Urbanos (EAHU) reporta que en el año 2012 sólo un 20% había concluido la secundaria, un 33% seguía estudiando, mientras que un 47% había abandonado.

Según el último y completo informe de la publicación Empleo y Desarrollo "Estrategias para enfrentar la discriminación laboral que afecta a los jóvenes", de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Católica Argentina (UCA),  un 55% de los jóvenes argentinos menores de 24 años sufre severos problemas de empleo.

A comienzos de este año el gobierno nacional reaccionó frente al problema y lanzó el Programa PROG.R.ES.AR (Programa de Respaldo a Estudiantes de Argentina) que contempla subsidiar a los jóvenes de entre 18 y 24 años pertenecientes a los hogares más pobres englobados en el colectivo ni-ni para que continúen sus estudios. Y para que luego la inserción al mercado laboral juvenil esté más fortalecida.

Para Patricio Millán, director del Programa Empleo y Desarrollo Social de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Católica Argentina (UCA), "los déficits de empleo para los jóvenes se originan en factores de oferta (déficit de pertinencia de la educación) y demanda (las regulaciones laborales discriminan a los jóvenes). Por eso, las propuestas de políticas deben tender a corregir de manera coherente e integral las deficiencias en ambas dimensiones".

El informe plantea que iniciativas como el Plan Nacional que lanzó el Gobierno aumentan la urgencia de discutir ideas alternativas, lo contrario de haber hallado una solución.

"PROG.R.ES.AR profundiza el asistencialismo y no aporta soluciones genuinas a los problemas del empleo juvenil. Hay que discutir ideas alternativas que tomen como eje central mejorar la formación para el trabajo y facilitar la creación de empleos para los jóvenes", detalla Millán.

Soy un chico ni-ni

¿Cuál es el estado educativo y laboral de los jóvenes urbanos entre 19 y 24 años?, indagó el estudio de la UCA.

En la Argentina hay 3,8 millones de jóvenes entre 19 y 24 años, de los cuales un 55% tiene problemas laborales severos. ¿Cómo se compone el grupo? Ver infografía

Entre los jóvenes sin problemas laborales hay un 26% que se dedica exclusivamente al estudio (o sea, decidió y pudo  postergar su incorporación al mercado laboral) y un 19% que trabaja como asalariado registrado (o sea, consiguió un empleo decente).

Dentro del informe se menciona que el desempleo juvenil (11%) y los "ni-ni" (15%) representan actualmente más de un cuarto de los jóvenes de entre 19 y 24 años de edad. Se trata de casi un millón de jóvenes laboralmente marginados, con elevados riesgos sociales y con altas probabilidades de ser tentados hacia comportamientos delictivos.

Las cifras exhiben crudamente sobre la mesa la enorme importancia de instrumentar una estrategia de políticas públicas que promuevan una masiva generación de empleos de calidad accesible a los jóvenes.

Para Jorge Colina y Osvaldo Giordano, investigadores del Programa de Economía Real de la  Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Católica Argentina (UCA), "se necesitan diseños mucho más innovadores para atacar el problema del empleo juvenil. La mera distribución de subsidios, en el mejor de los casos, aporta paliativos de corto plazo, pero impone graves riesgos sociales al inducir la pasiva dependencia del asistencialismo. Un enfoque alternativo es establecer reglas institucionales que promuevan una masiva generación de oportunidades laborales para personas jóvenes sin experiencia".

Dos dimensiones

El estudio de la UCA aborda cuáles son las estrategias más eficaces para mejorar el empleo juvenil. Y propone trabajar en dos dimensiones. La primera es la dimensión de la "oferta laboral". Esto implica preparar mejor a los jóvenes para que estén en condiciones de acceder a puestos de trabajo de calidad. Para lograr excelencia en la formación de las personas se necesitan políticas públicas que apunten a este objetivo desde antes de la educación primaria. Pero particularmente importante es la formación para el trabajo en la última etapa de la educación secundaria.

Y la segunda es la dimensión de la "demanda laboral". Esto es, establecer regulaciones laborales propicias para que las empresas generen masivamente puestos de trabajos de calidad que se ajusten a la formación recibida por los jóvenes.

El informe de la publicación Empleo y Desarrollo de la Facultad de Ciencias Económicas de la UCA  concibe como fundamental fortalecer la educación media para mejorar el empleo joven. Sin perder de vista acciones concretas por parte del Estado y replantear reformas tributarias y laborales como instrumento para facilitar el empleo de los jóvenes.