AFP 162
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"Los muertos por las guerras parecen parte de una contabilidad cotidiana", denunció el Papa en la misa que ofició esta mañana en Casa Santa Marta.

"¿De dónde vienen las guerras y las peleas entre ustedes?", preguntaba el apóstol Santiago en una carta a los primeros cristianos que fue la lectura en la cual se inspiró Francisco en su mensaje. En referencia a esas querellas entre los discípulos de Jesús, el Papa dijo que "cuando los corazones se alejan nace la guerra". "Las guerras, el odio, la enemistad no se compran en el mercado, están en el corazón", insistió.

"Cada día, en los diarios, encontramos guerras, acá se dividieron en dos, cinco muertos –siguió diciendo. ¡Estamos habituados a leer estas cosas! Y si tuviésemos la paciencia de hacer la lista de todas las guerras que hay en este momento en el mundo, seguramente tendríamos epístolas similares (a la de Santiago). Parece que el espíritu de la guerra se ha apoderado de nosotros. Se hacen actos para conmemorar el centenario de aquella Gran Guerra (1914-18), tantos millones de muertos... ¡y todos escandalizados! ¡Pero hoy es lo mismo! En vez de una gran guerra, pequeñas guerras por todas partes, ¡pueblos divididos...!"

Pero, señaló el Papa, también hoy los hombres "se matan entre sí", para "conservar sus propios intereses". Causa escándalo la Primera Guerra Mundial, pero "esta gran guerra que se da un poco por todas partes", que está "un poco escondida, ¡no nos escandaliza!, y mueren tantos por un pedazo de tierra, por una ambición, por un odio, por celos raciales".

Y denunciando el acostumbramiento que generan estas cosas, agregó: "Piensen en los niños hambreados en los campos de refugiados... (...) Y si quieren piensen en los grandes salones, en las fiestas que hacen aquellos que son los dueños de las industrias de armamentos, que fabrican las armas que terminan allí. El niño enfermo, hambreado, en un campo de refugiados, y las grandes fiestas, la buena vida que se dan los que fabrican las armas".

En ese fuerte contraste basó el Papa su llamado a la paz y contra toda guerra. La paz no puede ser sólo una "palabra" ni los cristianos "acostumbrarse" al escándalo de la guerra. "Las guerras en las familias, las guerras en los barrios, las guerras por todos lados. ¿Quién de nosotros ha llorado al leer un diario o ver esas imágenes en TV?", preguntó.

Y muy concretamente indicó: "Esto es lo que debe hacer hoy, 25 de febrero, un cristiano frente a tantas guerras por todas partes: llorar, estar de luto, humillarse".

"Que el Señor nos haga entender esto y nos salve de habituarnos a las noticias de la guerra", fue su exhortación final.