Nicolás Stulberg 162
Nicolás Stulberg 162

Siete años de una inflación de doble dígito fueron gestando una carrera entre precios y salarios que hasta ahora el Gobierno parecía controlar. Pero en 2014 se producirá un quiebre. Las paritarias con los distintos sectores de la economía recién comienzan, y ya se estima que este año será el primero del kirchnerismo en que se producirá una caída del salario real. El consumo –uno de los grandes motores del crecimiento argentino- no podrá esquivar el impacto.

La antesala de las negociaciones salariales no es esperanzadora. La inflación de diciembre fue del 3,38% según el índice Congreso, y enero estuvo marcado por una suba de precios aún más alta en los cálculos privados y oficiales por la devaluación del peso, del 23 por ciento. Por sí solos, estos datos ya cambian cualquier escenario que podían prever hasta hace poco compañías y sindicatos.

El desequilibrio entre salarios e inflación se siente con fuerza en marzo, abril y mayo, cuando las paritarias todavía no están cerradas y, como explica el especialista de consumo Guillermo Oliveto, conviven "precios nuevos" con "sueldos viejos". "Por primera vez en la gestión kirchnerista, se registrará una pérdida del poder adquisitivo, porque una vez que se actualicen los salarios, no le ganarán a los precios nuevos", aseguró en diálogo con Infobae.

Entre 2003 y 2011, la balanza del poder adquisitivo niveló la inflación con crecimiento del PBI, caída de desempleo, suba de salarios y la creación de la Asignación Universal por Hijo (AUH), que llega a más de tres millones de chicos y adolescentes en el país. Tampoco faltaron lo que Oliveto denomina como "anabólicos" del consumo: las ofertas, las promociones y los descuentos, que fueron acompañados por 24 cuotas sin interés que como un imán atraía a los clientes.

El punto de quiebre llegó un año más tarde, cuando entró en juego una balanza de precios nuevos y sueldos viejos que se acentúa en 2014. Las mediciones privadas estiman una inflación anual de al menos 30%, la confianza del consumidor que mide la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) cayó en su nivel más bajo desde 2002 y el financiamiento se encareció con fuerza tras la devaluación: obtener un préstamo personal tiene un costo anual de hasta el 86% en bancos. "Si el PBI se retrae entre 1 y 1,5%, tendremos un año difícil para el consumo", sentenció Oliveto.

Jorge Colina, director del Instituto del Desarrollo Social Argentino (IDESA), aseguró que los trabajadores tendrán este año una caída en el salario real, porque el modelo así lo exige. "La primera necesidad son los dólares, por eso deberá exportar más e importar menos. Eso se logra con menor consumo interno", dijo el economista a Infobae. Oliveto diferenció: "Una cosa es resignar algo de poder adquisitivo y acotar el consumo y otra muy distinta, perder el ingreso. En este punto clave se juega el año".

Las disyuntivas del Gobierno en este panorama no son menores, y con un ajuste que llegó para quedarse deberá distinguir el "mal menor". Se elegirá "fogonear" el consumo interno y que se agudice la inflación o contenerlo en una economía estancada y que los argentinos pierdan algunos puntos en el poder adquisitivo. "La gente está mejor preparada para aguantar una restricción en su capacidad de compra que perder ingresos", estimó Oliveto. Si las paritarias se salen de control y cierran en 30% o más, el riesgo está en que las empresas toquen niveles mínimos de rentabilidad y crezca el desempleo. Y es una realidad que los sindicatos quieren evitar.

Consumo: ¿la era del hielo?

Especialistas y economistas consultados por Infobae coinciden en que el consumo privado estará estancado, mientras que el público va a crecer poco. José Ignacio Amodei, director de Trade de CCR, aseguró que habrá una "tensión" entre precios y salarios en marzo, sobre todo para los que tengan que encarar los gastos del comienzo de las clases.

"Los Precios Cuidados tienen la misión de orientar el valor de un producto, pero no de bajar la inflación. Si no se ajusta por precio se hará por cantidad, y ahí se verá la reducción del consumo", estimó Amodei. La consultora CCR mide el consumo privado en canastas de 143 categorías, y el 2013 fue el año de menor tasa de crecimiento en los supermercados.

El consumo por unidades subió un 2,2% en 2011, un 2,1% en 2012 y un 1,9% durante el año pasado si se considera toda la cadena, que incluye hipermercados, supermercados, cercanía y los negocios tradicionales, como los autoservicios. Para este año, estiman que crecerá tan sólo un 1%, la peor suba en cuatro años.

Puertas adentro, las empresas están muy preocupadas por el impacto que tendrá el consumo en su unidad de negocios al acentuarse la carrera de salarios y precios. "Si la inflación se ubica hasta 20% por encima de los salarios, la gente lo puede soportar y el volumen de consumo se sostiene en las categorías básicas. Si lo pasa, ya entra en riesgo", dijo Juan Manuel Primbas, Country Manager de Kantar Worldplanel Argentina.

Primbas opinó que ese desfasaje estará "al límite", pues consideró que los aumentos de sueldo se ubicarían por debajo del 30% en promedio, pero que los precios generales también se pueden acelerar y subir por encima del 35 por ciento. Y si el desfasaje está por encima, la gente va a sacrificar algún consumo.

Autos, motos, electrodomésticos y la compra de tecnología son los bienes durables más susceptibles al ajuste. Para estas "estrellas de la década" la retracción será fuerte. "En menor nivel, la indumentaria y las salidas también atravesarán meses complicados", agregó Primbas. Sin embargo, las proyecciones se hacen desde una base de consumo alta en los últimos años. No hay que olvidar que, por ejemplo, la venta de cero kilómetro fue récord en 2013 con casi un millón de unidades.

Como bienes con demanda inelástica, alimentos y bebidas son los que menos sufrirán durante 2014. Y si sucede, los productos de aseo personal y la limpieza serán los primeros afectados.

Pero Amodei anticipó que la dinámica de las bebidas sin alcohol puede cambiar según cómo cierren las negociaciones salariales y avancen los precios. ¿Esto qué significa? Si los argentinos deciden disminuir ese consumo, las empresas podrían ofrecer botellas de tamaño más grande como la de tres litros, porque esto hace que la relación del precio por litro baje.

Mientras ese envase está apuntado a las familias, el especialista del CCR dijo que pueden surgir tamaños más pequeños para aquellos que quieran "darse el gusto" sin gastar mucho. En última instancia, volverán las segundas marcas.

Más allá del camino que defina el cierre de las paritarias, la clave será recortar gastos para cuidar el bolsillo. El consumo funciona como un vector de identidad y fue un gran amortiguador social estos años. La sociedad argentina recuperó movilidad social ascendente entre 2003 y 2011, pero Oliveto advirtió que la "fragmentación estructural" está presente. "Hay una brecha de 30 veces entre techo y piso de la pirámide de ingresos, que ubica a la fragmentación en un riesgo latente. Es algo que los actores no deberían soslayar ni olvidar", concluyó.