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Cada vez que se publica una nota periodística que informa sobre alguna nueva estadística comparativa de la calidad de vida en los distintos países y regiones del mundo, el lector encuentra que entre los diez primeros figuran siempre al menos dos de los cinco países nórdicos (los cuatro de la península escandinava e Islandia).

Para entender por qué estas naciones ubicadas en el norte de Europa alcanzaron los mayores estándares mundiales de vida, Infobae tomó diez de los rankings más importantes y consultó a especialistas.


La "flexiseguridad"

La historia de la modernidad ha demostrado que una de las cosas más difíciles es consolidar un mercado de trabajo que garantice, al mismo tiempo, protecciones sociales y niveles elevados de eficiencia y competitividad. En la mayoría de los casos, los países han tenido que optar, fortaleciendo una cosa y descuidando la otra.

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Una de las claves de los países nórdicos es haber sostenido en el tiempo un modelo que consigue aunar ambas cuestiones.

"Una interpretación acertada de la gran depresión llevó a todas las partes (incluidos los sindicatos) a asumir tres compromisos duraderos: un primer compromiso con la apertura comercial y con la calidad y la competitividad de las empresas, apoyadas sobre la autorregulación del mercado de trabajo (minimizando el intervencionismo legal), la inversión masiva en recursos humanos desde el sector público, y el pleno empleo de la población (aunque con elevada rotación en los puestos de trabajo), objetivo este último al que se subordinó la política monetaria", explica Álvaro Espina, doctor en sociología por la Universidad Complutense de Madrid, en diálogo con Infobae.

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"El pacto social implícito significó que las rentas salariales se subordinaban a las mejoras de productividad, evitando la inflación de costes para preservar a la competitividad", agrega.

El segundo compromiso destacado por el sociólogo fue garantizar un elevado nivel de cobertura contra los riesgos del mercado. Para hacerlo realidad, los trabajadores deben mostrarse dispuestos a cambiar de trabajo y a capacitarse continuamente.

Este modelo conformado por personas flexibles ante las demandas de las empresas, y un Estado capaz de garantizar grandes protecciones sociales para compensar los desajustes del mercado, se denominó "flexiseguridad".

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"La flexiseguridad tiene tres patas: la flexibilidad laboral, las políticas activas de empleo y una alta cobertura social. Para que la flexibilidad laboral y la eficiencia económica sean sostenibles en términos sociales, tiene que haber una alta cobertura social. Esta es una de las claves del dinamismo de los países nórdicos", dice a Infobae el sociólogo Gorka Moreno, profesor en del Departamento de Sociología y Trabajo Social de la Universidad del País Vasco.

"El ejemplo paradigmático es Dinamarca, donde un desempleado recibe por dos años el 90% de su salario anterior", agrega.

Estas políticas, conjugadas con el tercer compromiso señalado por Espina, una elevada dotación de servicios personales a los hogares, son las que hicieron posible que Noruega sea el país con menor desempleo de la zona euro, con un 3,20%, y que Islandia se ubicara en el séptimo lugar, con un 6 por ciento.

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También posibilitaron a estos dos países ubicarse como los dos con una menor proporción de personas en riesgo de caer en la pobreza de toda Europa, con 12,7 y 13,8 por ciento. En este rubro el éxito de los nórdicos es abrumador, ya que Finlandia se ubica quinta, Suecia séptima y Dinamarca décima.

Lo mismo pasa con la desigualdad. Noruega es el país europeo con el coeficiente de Gini más bajo (22,6), Islandia es el tercero (24), Suecia es el quinto (24,9) y Finlandia, el octavo (25,9).

En lo que respecta al índice de desarrollo humano, una de las variables que reúne más información, Noruega es el que encabeza la lista, con 0,955. Suecia está en el octavo lugar, con 0,916.

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Otra de las claves del modelo de bienestar nórdico es la prestación de servicios públicos gratuitos, pero de calidad. Como en realidad no son verdaderamente gratuitos en ningún lugar, ya que los usuarios pagan por ellos vía impuestos, los nórdicos saben que la única manera de que los contribuyentes acepten pagar tasas elevadas es brindando un buen servicio.

Por eso no piensan los hospitales y las escuelas públicas sólo para los sectores de bajos recursos, sino también para las más exigentes clases medias, que son las que además realizan un aporte impositivo mayor.

"Si los sectores medios también disfrutan de los beneficios del sistema público, se crea un círculo virtuoso. Hoy en día las tasas impositivas medias en los países nórdicos están en 45, 50%, pero eso redunda en calidad", dice Moreno.

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Noruega es el segundo país del mundo que más dinero invierte en salud en relación a su población, 8.987 dólares per capita. Dinamarca está en la sexta posición, con 6.684 dólares, y Suecia en la décima, con 5.331.

Esa inversión favoreció un éxito notable en la reducción de la mortalidad infantil. El país con la tasa más baja del mundo es Luxemburgo, con 2,2 cada 1.000 nacimientos, pero luego vienen Islandia, Noruega, Finlandia y Suecia.

"También es muy importante la transparencia política -continúa Moreno-. Elementos asociados a la corrupción tienen que ser borrados para que funcione el estado de bienestar. El caso español es elocuente, porque con las altas tasas de corrupción de su clase política, terminó debilitando al estado de bienestar como modelo".

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Por eso no se pueden separar los notables estándares de vida alcanzados por los países nórdicos, de la calidad de sus instituciones democráticas. Dinamarca es el país con mejor puntaje (91) en el ranking de percepción de la corrupción que realiza Transparencia Internacional. Finlandia y Suecia aparecen terceros con 89, y Noruega quinto con 86.

Los nórdicos son también los países en los que la dirigencia política está más controlada, y donde más probable es que reciban sanciones en caso de irregularidades, según la ONG World Justice Project. La lista está encabezada por Dinamarca, Noruega, Suecia y Finlandia.

Además, son las naciones con mayores niveles de libertad de expresión. Según la misma ONG, Dinamarca y Suecia son los que más la garantizan, Noruega está en el quinto lugar, y Finlandia en el séptimo.

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La importancia de la cultura

"El estado de bienestar no deja de ser un gran pacto social entre capital y trabajo, y entre socialdemócratas y socialcristianos, que en los países nórdicos tiene un arraigo previo al del resto de Europa, desde principios del siglo XX. Es un pacto que está unido a una ética protestante que se plasma en una ética del trabajo y de la responsabilidad favorables a la generación de riqueza. En los países del sur europeo, por la religión católica, más vinculada a la limosna y a la beneficencia, la ética ha sido otra", explica Moreno.

Aunque resulte difícil creerlo, la religión tiene una incidencia fundamental en las características de las naciones, incluso cuando la mayor parte de la población ha dejado de ser practicante. En su clásico La ética protestante y el espíritu del capitalismo, el sociólogo alemán Max Weber explicaba a principios del siglo XX cómo el protestantismo impulsó el desarrollo del capitalismo.

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Sintéticamente, su hipótesis es que se trata de un credo que sacó a la religión de los monasterios y le dio un carácter religioso al trabajo y a la creación de riqueza, no como medios para el goce personal, sino como fines en sí mismos, por tratarse de formas de engrandecer a la comunidad y así realizar la obra de Dios. De esta manera, se fue gestando en los países protestantes una ética y una disciplina del trabajo difícil de hallar en las naciones católicas.

Esa ética del trabajo puede explicar por qué, a pesar de tener garantizada una vida digna por el Estado, los ciudadanos de los países nórdicos -todos ellos de mayoría protestante- no disminuyen su esfuerzo ni su eficiencia a la hora de trabajar.

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Pero la religión no es el único factor que ha favorecido resultados sociales tan óptimos en estos países. "También -dice Moreno- hay que tener en cuenta que son poblaciones pequeñas. Suecia tiene 9,5 millones de habitantes, Dinamarca 5,6 millones, Finlandia 5,3 millones, Noruega 5 millones, e Islandia 331.000. Eso permite que haya una gran homogeneidad, lo que facilita mantener este tipo de políticas -aunque también tiene sus consecuencias negativas-".


El mito de los suicidios

Uno de los argumentos que más se utilizan para desacreditar los logros sociales de los países nórdicos son sus supuestamente elevadas tasas de suicidio. ¿Si viven tan bien, por qué habrían de quitarse la vida?

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en promedio, en los cinco países se producen 19,8 suicidios cada 100.000 habitantes.

Es una tasa decididamente alta si se la compara con la media de Sudamérica, que es de 10,6. Mucho más si se toma el caso de países como Venezuela o Paraguay, donde apenas supera los cinco suicidios.

Sin embargo, es un índice que está apenas por encima de la media de Europa Occidental, que es de 17,2. O de Estados Unidos, que es de 17,7. Países como Francia, Austria y Bélgica tienen tasas superiores a los 20.

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Pero hay dos datos adicionales que terminan por desterrar el mito de que son los países en los que más gente decide quitarse la vida. Por un lado, que el único que tiene una tasa verdaderamente elevada es Finlandia (29). Los otros cuatro están por debajo de 19 y promedian entre ellos 17,5; es decir, prácticamente lo mismo que Europa Occidental.

Por otro lado, la OMS muestra que las regiones con problemas serios con el suicidio tienen estadísticas mucho más altas. Es la realidad de Europa del Este, donde la tasa asciende a 34,9. Por citar algunos casos, en Rusia es de 53,9 y en Lituania, de 61,3.

Esto no quiere decir que los países nórdicos carezcan de problemas. Aunque sea obvio decirlo, no hay sociedades sin conflictos ni vicios.

"Estos modelos a veces son idealizados, pero

también tienen sus claroscuros

. Por ejemplo, tienen

una política muy restrictiva con el inmigrante

que accede de forma irregular, por cuestiones económicas. En Noruega, si un extranjero sin documentos va a atenderse a un hospital público, los médicos tienen que denunciarlo. Funcionan con

una lógica de excesiva homogeneidad

. No son sociedades tan ideales", concluye Moreno.