Diciembre cerró con un déficit fiscal final de $25.621 millones

Disminuyó 22,7% en comparación con un año antes. El resultado primario, antes del pago de intereses de la deuda fue negativo en $19.898 millones, subió 80%. En el acumulado del año el rojo financiero fue de $64.477,5 millones y el primario de $22.479 millones

Los datos aportados por la Secretaría de Hacienda en base caja, esto es lo efectivamente ingresado y lo realmente pagado, dieron cuenta de que el 2013 terminó con un desequilibrio de las cuentas públicas antes de abonar los servicios de la deuda pública que se multiplicó por 5,1 veces, mientras que el saldo final, también negativo, se elevó 16 por ciento.

Sin embargo, para llegar a esos resultados, tanto en 2012, como más aún en 2013, la repartición a cargo de Juan Carlos Pezoa hizo uso y abuso de lo que los economistas definen como "contabilidad creativa".

Se trata de incorporar como ingresos del sector público nacional de las ganancias contables del Banco Central, sea por efecto de las diferencias de cambio del tipo oficial al que valúa sus reservas, sea por la renta que obtiene con los instrumentos de regulación monetaria, más las ganancias de la Anses.

Sin aportes del BCRA y de la Anses el rojo del último mes superó 10% del PBI del período

Descontados esos recursos en diciembre el déficit fiscal primario escaló a $26.264 millones y el final a $31.987 millones, representando el equivalente a 10,9 y 13,2% del PBI estimado para el mes, respectivamente. En el primer caso se agravó en casi tres puntos de producto, en contraste con el segundo, que se atenuó en poco más de seis puntos de PBI.

Del mismo modo, el saldo final del año fue negativo en 3% del PBI, antes de pagar la cuenta de intereses y 4,7% luego de cumplir con los compromisos financieros, en constraste con un 1,5 y 3,9% de un año atrás.

Saturación del cobro de impuestos

Semejante deterioro de las cuentas públicas, en un año en el que hasta noviembre el Indec insistió en informar que la economía en su conjunto creció más de cinco por ciento,  se explica por la pérdida de efectividad de la recaudación tributaria que queda en manos de la administración para satisfacer una política singularmente expansiva del gasto. En el primer caso creció 18,5% (sin considerar los auxilios de BCRA y Anses) y en el segundo 36,3 por ciento.

Mientras los recursos genuinos crecieron 18,5% las erogaciones se expandieron 36,3%

Esa brecha entre recursos y erogaciones no es sostenible y es lo que explica el creciente mal humor de los agentes económicos, porque se traduce en aceleración de la tasa de inflación, inducción a la fuga de capitales, y lo peor de todo, retracción de la actividad productiva con el consecuente impacto negativo en el empleo, fenómeno que el Indec detectó en el último semestre en el conjunto de la industria.

De ahí la relevancia de los reclamos de las fuerzas de la oposición, como de los economistas profesionales de repensar la política económica, con un claro sesgo antiinflacionario, comenzando por la reelaboración de los supuestos que dieron origen al Presupuesto Nacional 2014 que ya quedó como papel mojado: prevé tipo de cambio oficial promedio de 6,33 pesos, cuando antes de finalizar enero se fijó un valor de convergencia macroeconómica de ocho pesos, aunque en la City ya cotiza en 8,09 a 8,10 pesos por dólar oficial y el libre se afirma en valores cercanos a trece pesos.