AFP 163
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 Nestor Campos Bruzon 163
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Pocas veces se observa que el pueblo cubano se alce contra el régimen castrista. Sin embargo, este lunes cerca de mil personas chocaron contra la policía en la ciudad de Holguín, luego de que las autoridades confiscaran los artículos de uso doméstico que estaban vendiendo los negociantes en la Plaza Central de esa localidad.

La última protesta semejante a esta magnitud que tomó lugar en la isla fue en 1994, cuando miles de personas se concentraron en Centro Habana tras rumores de que una lancha cruzaba a la gente a través de la Bahía de La Habana hacia Miami. Pero estas versiones eran falsas.

La manifestación de este lunes se extendió hacia las oficinas del gobierno municipal, donde los "cuentapropistas", como se conoce a estos comerciantes, exigieron su derecho al trabajo. A un lado del establecimiento se encuentran las oficinas del Ministerio del Interior, cuyos agentes de seguridad del Estado tienen la orden de reprimir cualquier tipo de disidencia.

"La policía, acostumbrada a reprimir, comenzó a voltearlos", narra Karel Becerra, delegado del partido Cuba Independiente y Democrática (CID) en Argentina, en diálogo con Infobae. Además, cuenta que el cuerpo oficial despojó a los manifestantes de sus celulares y transitó por la zona para custodiar los distintos lugares con acceso a Internet para que la noticia no se filtrara hacia el exterior.

La protesta en el gobierno municipal comenzó con "unos 70 u 80 cuentapropistas". Pero con el correr de los minutos cientos de vecinos se acercaron para apoyar su reclamo. El clima tomó mayor temperatura cuando un cuerpo oficial, vestido de civil y conocido como G2, intervino a los golpes contra los manifestantes.

Apremiado por la situación, el gobierno envió a una funcionaria del Partido Comunista, quien hizo ingresar a parte de los manifestantes a la gobernación, y allí, lejos de mostrar una intención de negociación, "les dijo que iban a ir presos y que iban a aplicar multas".

Si bien apenas hubo dos presos, que salieron en libertad a las pocas horas, el martes los policías volvieron al lugar para confiscar a los comerciantes que se habían resistido a dejar su negocio. En tanto, las multas alcanzaron los 700 pesos cubanos, una cifra elevadísima para los sueldos medios que se manejan en la isla.

     

Un comercio regulado por el Estado

"Todo el comercio minorista es controlado por los militares a través de tiendas que pertenecen al Estado. Venden en dólares a precios altísimos", explica el disidente cubano.

Hasta agosto del año pasado, la ley habilitaba a los ciudadanos a ejercer este tipo de comercio. Pero la caída de las ventas de los comercios en manos del Estado llevó al régimen de Raúl Castro a lanzar una ley para prohibir esta actividad. Estos vendedores importaban distintos artículos de exterior, y luego los vendían a precios considerablemente más bajos.

Esa norma comenzó a regir desde diciembre de 2013. Es decir, entre agosto y diciembre, todavía estaban habilitados para vender el resto de la mercancía que disponían, según el encargado de Relaciones Públicas de la CID.

Crece el descontento en la sociedad

La última gran revuelta que se vivió en la isla fue en 1994. En aquel entonces, sumado a las versiones de una supuesta lancha que cruzaba a la gente hacia Miami, la gran crisis financiera de Cuba, luego de la caída de la Unión Soviética, convulsionó aún más a la sociedad.

Tras lo sucedido en Holguín, Eduardo Cardet, médico de esa ciudad y miembro del Movimiento Cristiano de Liberación, subrayó que "ya no es la oposición, ahora es el pueblo" el que manifiesta su descontento contra el régimen.

Por aquellos años, el gobierno castrista recibió el apoyo económico de Venezuela, con la aparición de Hugo Chávez. Soporte que se extendió durante toda la gestión chavista hasta estos días.

"Se está repitiendo lo mismo de 1994. Una crisis económica absoluta que no tiene salida viable a corto plazo", resume Becerra.

Y concluyó: "Esta crisis financiera (de este año), más un intento de crisis migratoria, lleva a este punto; que quizás sea un punto sin salida, a menos que aparezca un nuevo salvador".

A continuación, exponemos declaraciones de tres manifestantes que se encontraban en el lugar de los hechos (Gentileza de Karel Becerra).