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Al Qaeda encontró en Irak tierra fértil para volver al plano mundial. Su filial en el país, el Estado Islámico en Irak y el Levante (EIIL), aprovecha las pujas sectarias. Además de Irak, se las ingenió para empantanar aún más la encrucijada en Siria.

En Irak, la última avalancha de violencia estalló el 30 de diciembre del año pasado, tras el desalojo de un campamento de sunitas que protestaban contra el gobierno del premier chiíta Nouri al Maliki. Se trata de la primera vez desde 2003 -cuando se produjo la insurrección en respuesta a la incursión en Irak liderada por Estados Unidos- en que grupos vinculados con Al Qaeda toman abiertamente el control de zonas urbanas del país. Hoy, el grupo terrorista controla Ramadi y Faluya. Además, tiene fuerte presencia en el oeste del país, mayormente en la frontera con Siria. El EIIL hizo un llamado a los sunitas a continuar su combate contra las fuerzas armadas del Gobierno.

Para entender el desastre actual en Irak -pero también en Siria-, vale la pena desentrañar las diferencias entre las distintas ramas del mundo musulmán. Hablar de sunitas, chiítas o alawitas es común en las crónicas periodísticas. Pero solamente la explicación de sus diferencias históricas echa luz sobre la problemática. Entender, a grandes rasgos y sin entrar en detalles religiosos, las claves de su división sectaria resuelve la difícil tarea de analizar un conflicto que parece lejano, pero que aun así trae consecuencias en este mundo globalizado en que vivimos.

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Irak forma parte de los países de la zona donde la división es notoria. No hay mayoría evidente de unos u otros, como pasa en el resto del mundo musulmán. Y cuando un país está prácticamente partido en dos, la mecha se enciende con facilidad.

Saddam Hussein, sunita, gobernó Irak con mano de hierro sobre chiítas y kurdos por casi 26 años. Tras la intervención de EEUU, el chiísmo recobró protagonismo. Hoy, sin presencia de tropas norteamericanas, Al Qaeda (de génesis sunita) intenta plantar la semilla sectaria entre los que perdieron el poder.


Al Qaeda intenta plantar la semilla sectaria entre los que perdieron el poder

La división del mundo musulmán

El Islam es una religión monoteísta fundada por el profeta Mahoma. En Medina, hoy en Arabia Saudita, fundó la primera ciudad-estado islámica. Tras su muerte, en el año 632, se instaura El Califato, el "espacio gobernado por el Islam". Allí, las distintas comunidades negocian una norma común, conocida como la Constitución de Medina. Hablamos de comunidades por su connotación multinacional, no necesariamente árabe (por ejemplo, los iraníes no son árabes, son persas). Con la muerte del profeta, comienza el conflicto por la sucesión. Hay dos vertientes de pensamiento en esta instancia: buscar entre los más competentes para liderar o buscar en la familia del profeta, una especie de dinastía.

En esa puja, resulta elegido un califa (el que gobierna ese espacio de la comunidad musulmana). En total, se eligieron cuatro, tres de ellos fueron asesinados. Los tres primeros fueron Abu-Bakr, Omar y Uthman. Tras el asesinato del último, Alí -primo y yerno de Mahoma- reclamó el puesto y se instauró como cuarto califa.

El Califato se desintegra en 1923, un año después de la caída del Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial. Y se materializa la división de la comunidad entre sunitas (hoy el 90% del mundo musulmán) y chiítas (el 10%, son mayoría en Irán y Bahrein, la mitad de Irak y hay pequeñas comunidades en el mundo, una de ellas está en el Líbano. Además, el grupo terrorista Hezbollah también es chiíta).

Las diferencias. En teología, los chiítas magnifican al cuarto califa, Alí (su nombre nace de shiat Alí -"los partidarios de Alí"-). Es que consideran que el líder debe descender de los hijos que Alí engendró con Fátima, la hija de Mahoma. Por eso también veneran a Hussein, el nieto del profeta que muere asesinado por los sunitas.

Para ellos, existe división jerárquica de la religión. La máxima autoridad es el ayatollah. Sus fatuas (opiniones) se imponen en todos los niveles interiores. De ahí que indefectiblemente el mundo occidental deberá acordar con Irán una salida a la crisis en Irak, ya que una porción muy grande de los iraquíes son chiítas y siguen las fatuas del líder supremo, que reside en Teherán.

Para los sunitas, las opiniones de todos los teólogos tienen el mismo peso. Esta rama adopta el nombre por la importancia que le dan a la Suna, la colección de dichos y hechos atribuidos a Mahoma y transmitidos en forma oral. No se basan estrictamente en el Corán, lo que abre la posibilidad de adaptarlo a los cambios de épocas y realidades.

Al Qaeda y su reinvención tras el 11S

Osama Bin Laden nació en Arabia Saudita en 1957, era miembro de la secta wahabita, desprendida de los sunitas. Esta secta se destaca por su rigurosidad en la aplicación de la sharia, ley islámica. Aseguran aplicar de forma literal los textos sagrados.

Nacido en el seno de una familia muy rica (en 1978 heredó más de 80 millones de dólares), destinó los recursos propios a la guerra santa. En la universidad conoció a un profesor, Abdullah Azzan, considerado padre de la jihad, y con él fundó una oficina de reclutamiento que a fines de los 80 pasó a llamarse Al Qaeda ("La base"). Para ese entonces, Bin Laden ya había ido a Afganistán a luchar contra los soviéticos. En Al Qaeda, ofrecían logística y financiamiento. Buscaban a radicales musulmanes por el mundo dispuestos a luchar y construyeron cientos de campos de entrenamiento.

En 1990, con la invasión de la Irak de Saddam Hussein a Kuwait, Bin Laden le ofrece a Arabia Saudita su "ejército" entrenado por Al Qaeda. Pero su país decide permitir que EEUU se instale allí como centro de operaciones para la Guerra del Golfo. Esa es la gran ruptura... Arabia Saudita habilita que George Bush padre se mueva a su gusto en los lugares sagrados del Islam, la Meca y Medina. Incluso, le quita la nacionalidad.

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Durante los años siguientes, deambula por Sudán, donde gobernaba un islamista que conoció en Afganistán, Hasan Alturabi. Hasta que en 1996 vuelve a Afganistán, donde los talibanes tienen el poder, y arma una estructura organizada.

En esa jerarquía, Bin Laden era el emir. Bajo su mando, había un consejo consultivo que se ocupaba de preparar y realizar atentados y mantenía el control a nivel internacional con las células de activistas. También se ocupaba de la estrategia militar. Además, funcionaba un comité jurídico y religioso que se ocupaba de hacer respetar la sharia y de emitir fatuas. Y había un comité de finanzas y otro de información y formación. Este último se volvió fundamental: Al Qaeda fundó una especie de productora audiovisual que encontró en internet su aliado para difundir sus ideas.

Tras los atentados del 11S, la estructura se volvió imposible de mantener y Al Qaeda se transformó en fuente de doctrina para los radicales, en una marca, una franquicia. Hoy, esa red de redes sigue funcionando.

El Estado de Irak y el Levante, activo en Irak, está vinculado a Al Qaeda y funciona bajo está lógica. Llaman a los sunitas a resistir a los chiítas. Hacen pie en un territorio sufrido y despiertan el sentimiento de pertenencia, muchas veces dormido. Sólo en 2013, murieron 7.818 civiles en Irak. Según la Misión de Asistencia de la ONU en el país, es la cifra más trágica de los últimos cinco años.