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Al Qaeda volvió a cobrar fuerza en Medio Oriente, luego de la insurrección que siguió a la intervención de los Estados Unidos en Irak  en 2003, tras los atentados a las Torre Gemelas de 2001. Con la toma del control de las ciudades de Fallujah y Ramadi, en Irak, la red terrorista profundizó su escalada en la región y encendió una alarma de alerta en el mundo entero.

El primer paso que dio el grupo extremista para comenzar su consolidación regional fue su participación en la guerra civil siria, en la que, en un principio, luchó junto a los rebeldes contra el régimen de Bashar al Assad. Incluso Al Qaeda desafió a Irán por el apoyo a Siria y atacó su embajada en Beirut, el Líbano.

Sin embargo, en los últimos tiempos la lucha siria dio un leve giro y en la actualidad distintos grupos de rebeldes mantienen diferencias, principalmente por cuestiones ideológicas. Los más extremistas, cercanos a Al Qaeda, reprochan a los rebeldes relativamente moderados no ser lo suficientemente apegados a los principios religiosos más intransigentes.

Esta semana, milicianos de la oposición siria menos extremista liberaron una cárcel de la ciudad de Menjib, que estaba en manos de la red terrorista. Allí se encontraban principalmente académicos y periodistas, juzgados por la organización de no promulgar su visión extremista.

Asimismo, esta columna más moderada de la oposición del régimen de Bashar al Assad formó una nueva alianza en el norte del país, donde ahora también combate con Al Qaeda.

Esta alianza fue formada en las provincias de Aleppo e Idlib, y se llama Ejército de los Combatientes para la Jihad (Jaysh al-Mujaidin). Asimismo, esta plataforma está conformada por la Brigada Nuraddin Zengi, la Brigada Islámica de la Libertad, la Brigada Gloriosos del Islam, Brigada Seguidores del Califato, el Movimiento Islámico de la Luz y la Brigada de los Soldados de los Lugares Santos, entre otros.

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Rebeldes detenidos y ejecutados por miembros del Estado Islámico en Irak y Levante (EIIL), brazo armado de Al Qaeda

Impulsado por el importante poderío que cobró –y sigue cobrando– por su intervención en Siria, el Estado Islámico en Irak y Levante (EIIL), brazo armado de Al Qaeda, dio un nuevo paso y cruzó a Irak, donde hoy en día cuenta con el control de las ciudades de Fallujah y Ramadi.

El grupo terrorista justificó sus ataques en respuesta a una supuesta marginalización a la minoría suní por parte del gobierno de Nouri al Maliki.

Si bien las fuerzas armadas lanzaron una ofensiva este martes en la ciudad de Ramadi, el control sigue en manos del eje yihadista. Mientras que una intervención en Fallujah, según explicó el gobierno, todavía no fue posible por la gran presencia de civiles.

Ya sin la intervención de los Estados Unidos en Medio Oriente, la región parece no tener una autoridad capaz de repeler este tipo de avances de Al Qaeda. Irán y Arabia Saudita son, a priori, quienes manejan los hilos regionales. Sin embargo, la amenaza sigue a la orden del día debido a la rivalidad sectaria entre estos dos países, que se dicen representantes del islamismo chiíta y sunita, respectivamente.

El secretario de Estado John Kerry, durante una comparecencia en Jordania, resaltó que se trata del grupo más peligroso de la región, en referencia a la invasión del EIIL en la provincia de Al Anbar. No obstante, la Casa Blanca, a pesar de haber acelerado el envío de equipamiento militar este martes, reiteró en más de una oportunidad que no intervendrá con tropas en Irak.

"No es del interés de los Estados Unidos tener tropas en medio de cada conflicto en Medio Oriente o estar siempre involucrado en guerras con final abierto", manifestó Benjamin J. Rhodes, asesor en seguridad nacional.

Otro de los focos que preocupa en la región es Afganistán. El presidente Barack Obama ordenó el retiro de las tropas norteamericanas para la segunda mitad de este año, por lo que se teme que Al Qaeda pueda reincidir en el país asiático, donde todavía hay una gran influencia talibana, y, así, expandir y consolidar su amenaza en la región.

Con Siria, Irak y el Líbano cernidos por la sombra de la red terrorista, Medio Oriente vuelve a mostrar síntomas de una profunda inestabilidad política, mientras las potencias occidentales, principalmente los Estados Unidos, siguen de cerca y con cierto estado de alerta la lucha contra el terrorismo.