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Gorbachov asumió el 11 de marzo de 1985 la Secretaría General del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), máximo cargo en la jerarquía del país.

La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) estaba acosada por el estancamiento económico y había llegado a un punto de saturación política tras décadas de represión y censura. A esa altura, la Guerra Fría contra los Estados Unidos estaba, en los hechos, perdida, y las reformas se imponían.

     

La historia de la Unión Soviética

"Habíamos alcanzado un punto muerto en nuestra carrera armamentista. Fuimos más allá de nuestras posibilidades y nos dimos cuenta de que necesitábamos una reconstrucción económica", explicó Gorbachov en una entrevista concedida años más tarde.

En respuesta a esa compleja situación, propuso implementar la Perestroika, que en ruso significa "reestructuración", y que se trató de un conjunto de reformas económicas y políticas tendientes a liberalizar la economía y darle mayor lugar a la iniciativa privada, aunque sin terminar con el régimen comunista. Para eso, removió a la vieja guardia partidaria.

Permitió la liberación de opositores y terminó con el destierro del disidente Andréi Sájarov, un emblema de la lucha de la disidencia. Además, empezó a garantizar libertades antes impensadas.

Por otro lado, la URSS empezó a ceder el yugo con el que sujetaba a los países satélites cobijados bajo el Pacto de Varsovia, como Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Rumania, Bulgaria, Yugoslavia y Alemania Oriental.

Pero, poco a poco, los cambios fueron mucho más allá de lo previsto por Gorbachov. Los distintos países integrantes de la URSS empezaron súbitamente a organizarse para declarar la independencia. Letonia, Estonia, Lituania, Ucrania, Armenia, uno a uno fueron rebelándose contra Moscú.

Entonces comenzó a manifestarse una tensión creciente entre los sectores que querían ir a fondo con los cambios, encabezados por Boris Yeltsin -que en 1991 se convertiría en el primer presidente de la Federación de Rusia-, y los que se resistían. En el centro, Gorbachov intentaba mediar entre los bandos en disputa.

En marzo de 1989, decidió retirar las tropas de Afganistán, terminando con la ocupación que mantenía desde 1979, en lo que era el último vestigio de la Guerra Fría. Como contrapartida, para evitar la disgregación de la unión, reprimió salvajemente una protesta pacífica por la independencia en Georgia.

Hacia julio del mismo año, la avanzada reformista se radicalizaba cada vez más en todos los países de la región y obligaba a Moscú a ceder. En ese contexto se habilitó a los satélites para decidir sobre su futuro y muchos comenzaron a abrir sus fronteras hacia occidente sin que las tropas soviéticas lo impidieran.

Hasta que el 9 de noviembre de 1989 se produjo el mayor hito del proceso, a partir del cual ya no hubo vuelta atrás: la caída del Muro de Berlín, 45 kilómetros de concreto que separaban la parte occidental y perteneciente a la República Federal Alemana, de la oriental, parte de la República Democrática Alemana (RDA).

     

El momento en el que la multitud derriba el muro y va en busca de los familiares que la política le había quitado

Esa larga pared, denominado oficialmente "Muro de Protección Antifascista", había sido erigida por la socialista RDA, y fue tomado como un símbolo de la división que imperaba en el mundo en el marco de la Guerra Fría.

     

La historia de la caída del Muro de Berlín

En esos días fueron depuestos los regímenes de Gustáv Husák en Checoslovaquia, y Nicolae Ceaucescu en Rumania, que parecían invencibles poco tiempo atrás.

En enero de 1990, Gorbachov convocó a elecciones multipartidarias por primera vez en la historia del comunismo. En el acto, dejó de ser el secretario general del PCUS, y creó la Presidencia de la Unión Soviética, a la que el Comité Central del partido transfirió el Poder Ejecutivo. Él mismo se declaró presidente y a fin de año fue condecorado con el Premio Nobel de la Paz.

El 10 de julio 1991, Yeltsin se convirtió en el primer presidente de Rusia tras unas elecciones que ganó ampliamente, y empezó a trabajar en el mismísimo Kremlin, en una oficina enfrentada a la de Gorbachov, que continuaba como presidente de la URSS.

En un intento desesperado por revertir lo que era ya irreversible, el ala dura del PCUS intentó ejecutar un golpe de Estado el 19 de agosto de 1991. El objetivo: derrocar al Gobierno y dar marcha atrás con las principales reformas.

Pero la asonada fue resistida por Yeltsin y por gran parte de la ciudadanía moscovita, los militares decidieron no plegarse, y el golpe terminó fracasando.

Diez días más tarde, se reconoció la independencia de Estonia, Letonia y Lituania. Luego los siguieron Ucrania y Armenia. El 8 de diciembre se anunció la formación de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), una unión de países compuesta por 10 de las 15 repúblicas soviéticas que reemplazaría a la URSS.

Hasta que el 25 de diciembre de 1991 se produjo la renuncia de Gorbachov y la disolución definitiva de la Unión Soviética.

     

Discurso final de Gorbachov al anunciar su renuncia

"Estamos abiertos al mundo, ya no interferimos en los asuntos internos de otros países, ya no usamos nuestra fuerza nacional afuera del país, y la gente nos lo devuelve con solidaridad y respeto. Nos hemos convertido en uno de los mayores centros mundiales, adaptándonos al mundo moderno según principios democráticos", leyó Gorbachov durante su último discurso como presidente de la URSS.

Así, lo que empezó como un plan de reformas se transformó de un día para el otro en un derrumbe. Tan desgastada estaba la estructura de la Unión Soviética, que se cayó como un edificio que implosiona.

La mayor experiencia histórica de un gobierno comunista que pretendió exportar su modelo de sociedad al resto del mundo terminó 74 años después de su comienzo, la revolución rusa de octubre de 1917.

     

El momento en el que la bandera roja de la URSS es retirada por última vez del Kremlin

Un proceso que

prometía igualdad, libertad y paz

para todo el mundo terminó siendo en la práctica

una de las dictaduras más sangrientas de la historia

. Sólo así se puede explicar la velocidad de un derrumbe reclamado a gritos por la mayoría de la población, y resistido sólo por la casta de privilegiados que vivían como reyes en la república socialista.