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Tras años de una inflación creciente, las negociaciones salariales se hicieron cada vez más conflictivas en Argentina. Entre el Gobierno que teme que los aumentos sean transferidos a precios por los empresarios, y los gremios que pelean para que las subas no sean licuadas por el incremento de precios, el escenario se complica.

De todos modos, la mayor parte de los sindicatos logró conseguir que los salarios se mantengan al nivel de la inflación y, en algunos casos, por encima. ¿Pero qué pasa con los sectores que no están sindicalizados?

Este es el caso de las decenas de miles de policías, que tras años de postergación salarial, y ante la ausencia de canales institucionales para plantear sus reclamos, estallaron de la peor manera. Autoacuartelamientos que se replicaron en la mayor parte de las provincias, y que estuvieron acompañados por violentos saqueos ante la ausencia de agentes en la calle, sembraron el caos en el país y provocaron al menos 11 muertes.

La respuesta de los gobiernos provinciales y de las autoridades nacionales fue errática: amparándose en que las fuerzas de seguridad no tienen derecho a huelga, los acusaron de sediciosos y en un primer momento se rehusaron a negociar. Pero cuando la situación salió completamente de su control terminaron prometiendo aumentos que están por encima de lo que la mayoría puede pagar.

¿No se podría haber evitado llegar a ese punto si la policía tuviera una instancia que representara sus intereses y pudiera sentarse a negociar con el Estado?

Eventos de este tipo ocurrieron durante los últimos años en otros países de la región, como Bolivia, Guatemala y Brasil. Y si no fueron tan críticos es sólo porque en ellos la inflación no imprime tanta presión sobre los bolsillos.

Salarios bajos por los que no se puede reclamar

Es muy difícil establecer cuánto ganan los policías en América Latina. No sólo porque hay países como México o Argentina en los que hay decenas o cientos de fuerzas distintas según el estado o la provincia, sino porque el grado de informalidad es tan grande que la mayor parte del salario de bolsillo se compone de adicionales y bonificaciones.

De todos modos, es posible hacer estimaciones. "Los mejores salarios los tienen las policías de Colombia y Argentina, donde pueden ganar entre 500 y 600 dólares al mes. Los peores, los de Bolivia y Honduras, donde son ingresos de hambre, de entre 80 y 100 dólares", cuenta a Infobae Juan Carlos Ruíz Vásquez, doctor en Política por la Universidad de Oxford y especialista en el funcionamiento de la policía.

En cualquier caso, se calcula que los agentes de la región ganan entre siete y ocho veces menos que en países como Francia, Reino Unido o Canadá. "Pueden llegar a ganar dos salarios mínimos de su país, pero en términos de poder adquisitivo es poco lo que tienen", agrega.

Esto no quita que se trata de un trabajo que tiene más atractivos a otros, sobre todo teniendo en cuenta que recluta a sus miembros entre los sectores más postergados de la sociedad, donde son muy altos los niveles de informalidad laboral. En este contexto, la fuerza ofrece una gran estabilidad, cierto estatus en algunos países y, principalmente, algunas prerrogativas asociadas al poder que otorga ser una autoridad armada.

Pero estas compensaciones no alcanzan para garantizar un buen nivel de vida a la mayoría de los policías. Por eso en muchos casos basta con una chispa para prender la mecha de los reclamos. El problema es que no tienen derecho a reclamar.

"En Europa hay sindicatos de policía que son muy fuertes -dice Ruíz Vásquez-, pero en América Latina existe una prohibición expresa para que se agremien y no se les permite hacer huelgas. Lo que ocurre en algunos casos es que la protesta la terminan haciendo las esposas de los agentes".

Mauricio López Alvarado, investigador del Departamento de Estudios Sociourbanos de la Universidad de Guadalajara, da un panorama muy sombrío de las condiciones laborales de los policías en México. "No hay un sindicato, ni defensorías del policía, ni nada que se le parezca. Cuando se han intentado protestas, cosa muy rara, los despidos y la represión han sido muy fuertes. Simplemente se despidió a los que participaron", dice en diálogo con Infobae.

Las causas de que la policía no esté sindicalizada en América Latina son muchas. Algunas son internas y explican por qué a veces son los propios agentes los que rechazan la posibilidad.

El profundo rechazo que siente la ciudadanía hacia la policía es un factor, porque le quita legitimidad a cualquier reclamo. En otros casos, lo que prima es la desnuión entre los propios agentes.

Pero la principal causa a considerar es la resistencia del poder político. "Se prohíbe la sindicalización porque se considera que la seguridad es un servicio público imprescindible que no se puede dejar de prestar. Los gobiernos sostienen que necesitan tener a los policías en las calles, ya que si no están la situación va a ser aprovechada para hacer pillajes, como se vio en Argentina", sostiene Ruíz Vásquez.

Pero esta explicación, que es la que dan los políticos públicamente, no alcanza para entender los motivos. Porque sería absurdo pensar que los países europeos no conciben a la serguridad como un servicio pública esencial, y sin embargo admiten la sindicalización.

"Hay otra causa más perversa. Ante la sofisticación de la delincuencia, los gobiernos deben destinar grandes presupuestos a la seguridad. Para limitar los gastos al mínimo buscan contener el salario de los agentes. Sindicatos fuertes llevarían a aumentar su poder de presión", dice Ruíz Vásquez.

Además la historia de América Latina, atravesada por gobiernos militares, ha llevado a considerar a la policía casi como si fuera una fuerza armada más, lo que les confirió un estatuto muy similar al militar. En cambio, en Europa se los considera funcionarios civiles en uniforme, que tienen un trabajo como cualquier otro.

Conscientes de la responsabilidad de su función, los sindicatos policiales europeos no suelen abusar de su poder. "En Francia -continúa Ruíz Vásquez-, donde tienen derecho a huelga, ellos mismos lo consideran algo extremo. Hace dos años los policías londinenses pararon un día y fue todo un acontecimiento".

Cuando los gobiernos promueven la corrupción policial

"Dado que no pueden protestar de manera legal, y que se trata de países con poca transparencia, la salida para esos bajos salarios es la corrupción", dice Ruíz Vásquez.

Esta realidad, que podría pensarse como una consecuencia no deseada de la decisión política de pagar bajos salarios a los policías e impedirles agremiarse, es muchas veces algo expresamente buscado.

El grado de corrupción en las instituciones de la región es tan grande que en muchos casos son los políticos los que, para no aumentarles el sueldo, los incitan a completar sus ingresos "recaudando" de forma ilegal.

De esta manera, no sólo calman el malestar de los policías, sino que pueden utilizarlos para objetivos non sanctos.

"Se cambia lealtad por tolerancia a la corrupción -dice López-. A cambio de incondicionalidad, los jefes políticos dejan que los agentes hagan sus ganancias. Los policías corruptos compiten para ser asignados a lugares donde hay venta de drogas, piratería y prostitución, donde pueden recaudar más dinero".

"Además hay muchos policías que trabajan para el crimen organizado, que presiona para que sus hombres lleguen a los principales puestos", agrega.

Si la policía tuviera sindicatos sería más independiente del poder político, lo que dificultaría estos manejos. Por otro lado, habría un canal institucionalizado para los reclamos, lo que evitaría que se utilicen métodos de protesta irregulares como liberar zonas para que crezcan los crímenes.

Pero para eso sería necesaria

una profunda reforma política

. "El rechazo a que la policía esté sindicalizada tiene que ver con su sujeción al mando político.

La dirigencia no va a dejar de beneficiarse de una fuerza policial que puede manejar de forma discrecional

. Por eso siempre toleró que extorsione a la gente, y nunca buscó que fuera profesional", concluye López.