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Caroline Piggozzi es una especialista en religión, vaticanóloga, que ha escrito ensayos sobre Juan Pablo II, Benedicto XVI y sobre el Vaticano en general. Como dijo a Infobae, "no conocía en absoluto a Jorge Bergoglio antes de su elección", por eso sorprende lo certero del retrato que traza sobre el nuevo pontífice, al que ve como "un personaje muy decidido que sabe exactamente lo que quiere hacer pero es secuencial: una cosa después de otra, aunque una cosa por día de todos modos". Una alusión a la hiperactividad desplegada por Francisco desde su entronización.

Para escribir este libro, Pigozzi se asoció con el sacerdote jesuita Henri Madelin, un coetáneo de Francisco, que fue provincial de la orden en Francia al mismo tiempo que Jorge Bergoglio lo era en Argentina, en la década del 70. Para esta periodista, que desde hace 20 años trabaja en la revista Paris Match, la condición de jesuita del nuevo Papa es clave para explicar su personalidad y estilo.

Henri Madelin es catedrático en Ciencias Políticas en París, dirigió la revista Études y es autor de varios ensayos sobre Europa y el cristianismo. Asociado con Pigozzi, autora de Juan Pablo II íntimo y El Vaticano indiscreto, entre otros títulos, han unido el conocimiento de la espiritualidad jesuita y de los arcanos de la Santa Sede, respectivamente.

El resultado es el retrato de un hombre con "libertad para avanzar, con mucho carácter, que no está atado a nada de lo que concierne al Vaticano, excepto el respeto a la Iglesia, que no forma parte de ningún circuito, y cuando habla de las mundanidades espirituales, es verdad que no está para nada ligado al sistema de mundanidades del Vaticano, ni grandes ni pequeñas, y es eso lo que me ha fascinado, ese espíritu de libertad", describió Pigozzi a Infobae.

"La mundanidad espiritual –había dicho también la autora en una entrevista radial- es algo totalmente inútil y él no puede perder tiempo, tiene un cronómetro en el vientre; se dice que el tiempo todo lo arregla; bueno, para él no es así en absoluto, hay que correr. Como jesuita piensa que no tiene muchos años para ejercer su misión, recordemos que un provincial de la orden está ahí por 3 años renovables una sola vez".

Consultada por Infobae sobre su vaticinio de que Jorge Bergoglio podría renunciar, la periodista dice: "Creo que tiene otro enfoque del poder, un enfoque jesuita y personal. Él llegó tarde, tiene una misión que cumplir, sabe lo que quiere hacer. Como no está atado al decorado, se tiene la impresión de que está haciendo un trabajo, y el día que sienta que ya no puede ir más allá, que las fuerzas lo estén abandonando, podrá irse, ya que su predecesor lo hizo y eso se convertirá en una nueva regla del Vaticano. Sí, creo que cuando haya hecho lo que tiene que hacer, puede renunciar y crearía así un hecho en la historia, que entrará en las costumbres del Vaticano".

Y, para más fundamento, agrega: "No hay que olvidar que uno no pasa 50 años de la vida siendo jesuita, es decir dos tercios de su vida, y luego se cambia. En esos dos tercios los jesuitas están acostumbrados a subir y bajar, cuando se es provincial de la orden luego se vuelve a la base".

El título del libro, Ainsi fait-il (*) ("Así hace" o "Así actúa"), es una paráfrasis de la expresión con la que los cristianos suelen cerrar sus oraciones, ainsi soit-il ("que así sea" o "amén").

La intención del título, explicó el padre Madelin en una entrevista, es subrayar que "el papa Francisco es un reformador que va a hacer lo que dice". "En el Papa, la palabra está al servicio de la acción, lo que es un trazo común a los jesuitas –agregó el sacerdote-. La pedagogía es fundamental para acompañar la acción y pasa por el verbo. No es casual que muchos jesuitas sean docentes en uno u otro momento de sus carreras. Saber hablar a alumnos de once años enseña a ser claro y preciso para todos los públicos".

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Pigozzi y Madelin ven en Bergoglio un hombre de acción pero no por ello menos marcado por una fuerte espiritualidad. "El Papa exhibe una fuerte devoción mariana, eso es muy latinoamericano pero también se corresponde con la figura de San Ignacio de Loyola –dice el jesuita-. Su devoción, muy simple, cercana a los más pobres, lo lleva a oficiar la misa con el mayor cuidado, vestido con sus ornamentos litúrgicos, en las villas miserias más alejadas".

Pigozzi, que asistió a una de las misas privadas del Papa en Santa Marta, se dijo "impactada por la profundidad de su recogimiento durante la celebración" y asegura que "la fuerza que se desprendía de él" le hizo recordar a la que había sentido "contemplando a Juan Pablo II en el pasado".

El padre Madelin destacó por su parte la influencia de autores franceses sobre Bergoglio, como Léon Bloy, "a quien citó en una de sus primeras homilías". "También es igualmente sensible a figuras como Georges Bernanos o Jacques Maritain", dice el padre jesuita. Y agrega: "Los gestos del Papa me hacen pensar en los del general De Gaulle que en el Eliseo (la residencia presidencial) pagaba sus propias facturas".

Sin embargo, Madelin aporta una precisión que demuestra que ha calado bien al pontífice argentino: "Más allá del símbolo, aunque el Papa preconice en efecto una forma de sobriedad, es también alguien que quiere encontrarse con los hombres en la alegría y no en la mortificación".

A continuación, el resto del diálogo con Caroline Pigozzi:

¿Cómo preparó este libro?

Fui al Vaticano, viajé a Argentina, donde estuve diez días, también fui a Brasil con él, estuve en el avión en la conferencia de prensa, y asistí a una de sus misas privadas en el Vaticano. Trabajé cinco meses día y noche porque quería ser la primera en hacer una biografía como corresponde, porque cada vez que veía un diario leía que el Papa tomaba el subterráneo y el ómnibus y que no vivía en el Arzobispado, y eso me parecía muy modesto como historia. Quería entender más.

Es un recorrido poco típico el de Bergoglio...

Así es, no sé si su humildad es contenida, en todo caso es una humildad exhibida. Es un hombre orgulloso, pero no vanidoso. En el fondo debe estar muy contento hoy y toda la gente que lo desconsideró en su país... pero bueno, él tiene el don del perdón. Aunque interiormente creo que esto lo debe divertir. Se lo ve transformado, lo digo en mi libro, no tiene el mismo físico para nada, tiene un tinte luminoso y,  si se mira la galería de fotos de todos los cardenales que fueron al cónclave, él era el único que tenía una expresión muy severa y muy sombría...

¿Cómo ven a Francisco los franceses?

En Francia está muy bien visto porque es muy diferente, porque dice cosas que la gente entiende, porque no lo escuchan hablar todo el día de la Virgen... es muy popular. Pero, cuidado, es un hombre que ha estudiado mucho, es un intelectual, aunque no sea un teólogo. No es teólogo, pero es mucho más intelectual de lo que se cree, aunque ahora haya dejado un poco de lado ese aspecto.

Usted conoció también a Juan Pablo II. ¿Ve similitudes entre el papa polaco y Bergoglio?

Francisco es un papa eminentemente político, como lo era Juan Pablo II, a cada hora del día hace política, viene de un país muy politizado, donde tuvo una acción política, donde se oponía a los políticos. Creo que tanto Juan Pablo II como Francisco son personas que vienen de países muy politizados, donde siempre hay que ocupar el terreno, porque si usted no lo ocupa lo ocupa otro. Eso es mucho más evidente en Argentina o Polonia que en Francia. Por eso es un hombre muy político y creo que cada vez que hace algo piensa de inmediato en identificar a sus enemigos y competidores.

¿Cree que enfrentará resistencias?

Sí, pienso que es muy provocador y contestatario, y esa libertad puede volvérsele en contra, siempre se está más en peligro cuando se dice que todo va mal que si se dice que todo va bien. Puede entonces haber una convergencia en su contra, sobre todo por parte de los italianos, que se pongan de acuerdo contra él. Pero él los va a enfrentar. Si podrá llegar hasta el final, no lo sé, no soy adivina. Pero no tiene nada de miedo, y como además es provocador, está en su naturaleza, avanza como una cuchilla, deja huella. Está en "modo bulímico". Va a acometer todo, considera que no tiene nada que perder, no es del sistema, no pertenece a ninguna camarilla romana, le da lo mismo. Todas las reformas que pueda hacer, las hará. Es muy decidido. Sabemos siempre en qué punto estamos con este Papa.

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Cuando estuvo en Argentina, ¿supo de su enfrentamiento con el Gobierno?

Sí, es que les  decía cosas muy desagradables, como que Buenos Aires era una cueva de ladrones, por ejemplo. Y hay que ver los cambios en su rostro desde su elección. Está radiante, sereno, sus rasgos se han suavizado. Parece feliz de ser Papa. Pero no por ello está "cool": el Papa es un hombre de acción, es muy desconfiado y quiere controlar todo. Eso se ve por ejemplo en que tiene tres secretarios, entonces no se sabe quién hace qué cosa, uno a la mañana, otro a la tarde, otro a la noche. Ninguno de ellos puede reconstruir todo el día del Papa. Y también tiene tres choferes que se turnan. Los choferes suelen ser los primeros espías. Francisco tiene el síndrome de lo que pasó con el mayordomo de Benedicto XVI.

El mensaje religioso de Juan Pablo II tuvo una traducción política casi inmediata en su país y en toda Europa del Este. ¿Cree que puede pasar algo análogo con Francisco?

Creo que lo de Bergoglio va a tener un impacto sociológico y psicológico. La imagen de una Iglesia que exhibía su riqueza, su poder, su gloria, es lo que más va a cambiar. Además del gobierno de la Iglesia que él quiere menos centralizado y otras cosas por el estilo, pero creo que lo que más va a cambiar es la psicología y el perfil de la Iglesia.

¿Y en cuanto al escenario político mundial?

Hoy sabemos que, sea cual sea el tema importante de que se trate, contaremos siempre con la opinión del Papa: el Papa opinará, el Papa será uno de los personajes importantes del mundo que hablará y con talento. No es sólo que se expresará sino que lo hará con sentido de la retórica y con talento, eso es lo que va a cambiar. Todos los políticos de la tierra se dicen 'si pudiera hacer como él'... Barack Obama dijo cosas extremadamente halagüeñas sobre él. No hay jefe de Estado que no quiera ir a Roma. Es el hombre del año.

(*) Caroline Pigozzi, Henri Madelin, Ainsi fait-il, Paris : Plon, 2013, 278 p., 19,90 euros.