Gentileza Gonzalo Carrasco 163
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La diputada del Frente Amplio <b>Daniel Payseé </b>asegura que <b>la niña \no volverá a su casa\" Flickr 163" height="421.79487179487177" width="750" class="image-lazy" />
La diputada del Frente Amplio Daniel Payseé asegura que la niña \no volverá a su casa\"" Flickr 163

"El papá del niño asesinado me dijo que si no hubieran encontrado el cuerpo a la noche, la otra víctima habría sido mi hija. Estaban pensando en matarla para que no hablara", dice a Infobae Gonzalo Carrasco, padre de la niña de 5 años que presenció el brutal asesinato a machetazos que cometieron en Maldonado dos niños, de 11 y 14 años. El segundo de ellos era su hermanastro.

"Tu hija vale oro, porque se animó a decir la verdad", le dijo el padre de Jonathan Estela, la víctima, que tenía 11 años.

"Este homicidio ya lo venían premeditando desde hacía una semana. El hermanastro de mi hija le había preguntado al padre qué pasaría si lo mataban, y éste le había respondido que nada, porque era menor de edad. Había un conocimiento previo de que este hecho podía suceder. A mí no me asombra, porque yo sé dónde está viviendo mi hija", afirma Carrasco.

Erica Tatiana Cabrero Olivera es la madre de la niña. Ella y Carrasco fueron pareja durante un tiempo, pero poco después del nacimiento se separaron.

Entonces la mujer se llevó a su hija al asentamiento Benedetti, ubicado en la ciudad de Maldonado. Allí se fue a vivir con un hombre llamado William, que ya tenía cuatro hijos; entre ellos, uno de los asesinos de Jonathan.

Desde un principio, Carrasco notó que era violentada por los hermanastros e incluso por su madre.

"Cuando vi cómo era, no quería que viviera ahí y empecé a mover todo para evitarlo. Era cuestión de tiempo que pasara algo. Mi hija ya estaba sufriendo violencia psicológica. La madre hizo siempre lo que se le cantó", dice.

En una de sus primeras visitas, comprobó además que William era alguien peligroso, ya que al verlo amenazó con matarlo por un ataque de celos. Carrasco inició acciones legales para quedarse con la tenencia, pero no tuvo éxito.

Además de abusar de ella, el hermanastro quiso utilizarla para encubrir su crimen. Tras decidir junto a su amigo de 11 años que asesinarían a Jonathan llevándolo al monte con la excusa de ir a cazar, quisieron convencerla de que dijera a las autoridades que la víctima había intentado violarla y que ellos lo habían matado para protegerla.

A pesar de que tenía apenas 5 años, la obligaron a presenciar su sangriento crimen.

"La llevaron tipo conejillo de indias con la intención de justificar la muerte. Ya lo tenían planeado hacía una semana y todo porque el niño fallecido tenía más arrastre con las nenas y jugaba mejor al fútbol. El niño se hacía querer por la gente y era aceptado, y los otros se sentían inferiores y lo odiaban", explica Carrasco.

Pero la niña se comportó con una enorme valentía y denunció lo que verdaderamente había ocurrido. Eso permitió que hallaran el cuerpo de Jonathan y apresaran a los homicidas.


 Ricardo Figueredo 163
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Vecinos incendiaron la casa donde vivía la hija de Carrasco y el resto de la familia del joven asesino (Foto: El Pais)

La difícil historia de Carrasco

Sus intentos de proteger a la niña de lo que consideraba un peligroso ambiente familiar mucho antes de producida esta tragedia chocaron con su historia personal.

Carrasco cuenta que en Uruguay se había convertido en un militante por los derechos humanos de los presos. Realizaba constantes denuncias por violación a los DDHH en las cárceles de los reclusos privados de libertad y por "otros hechos que nunca llegaron ni llegarán a la Justicia, ya que parte del sistema cubría la cruel realidad que sucedía en algunas de las cárceles" de su país.

Hasta que un día una abogada de oficio del Estado le inició una causa, algo con lo que ya venía amenazándolo. "Cuando se me imputó el delito, el juez que entendía en la causa me dijo que era una denuncia anónima y me procesó", asegura Carrasco. "Aún no entiendo cómo se procesa a las personas por denuncias anónimas".

A continuación de ese proceso, el juez le advirtió que si tenía algo firmado como procurador y existía alguna denuncia al respecto, le iniciaría otra causa y lo tendría que procesar con prisión.

Cuando Carrasco entendió lo que le harían, se fue del país temiendo por su vida, ya que sabía en qué terminaría si era procesado por otra causa infundada, luego de que la abogada lo amenazara de muerte. "Cuando vayas preso, no vas a salir", le había advertido.

Entonces tomó la decisión de escapar y de refugiarse en Argentina. Tras pasar un tiempo en Misiones, se instaló definitivamente en Mendoza, donde vive con otra hija, de 21 años. Se declara muy agradecido de la oportunidad que le brindó el país vecino.

Desde allí se mantuvo informado de lo que ocurría con su hija a través de Mónica Olivera, madre de su ex pareja y por lo tanto abuela de la niña. Ella también estaba preocupada por lo que podía ocurrirle si continuaba viviendo en un ambiente tan violento.

"Yo sabía que mi hija estaba siendo tocada y manoseada por el niño de 14 años -dice- y la madre lo consentía. Estaba en pleno conocimiento. Me puse en contacto con la abuela, que más allá de las diferencias conmigo, adora a su nieta. Pero la Justicia me dio la espalda".

"Me enteré de lo que pasó por medio de una vecina del barrio con la que mantengo relación", agrega.

Inmediatamente, al ver que su hija corría peligro, empezó a difundir lo sucedido a través de su cuenta de Facebook. Así se puso en contacto con un primo de la víctima, que lo comunicó con el padre.

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La casa en la que vivía la niña junto a su madre, la pareja de ésta y los hermanastros (Foto: El Pais)

 

El futuro de la niña-testigo de 5 años

En este momento, está viviendo con su abuela, pero la intención de la madre es llevársela nuevamente a Benedetti, a vivir con su pareja. Enterado de esta situación, y sabiendo que los asesinos querían matarla porque era la única testigo del hecho, inició gestiones para conseguir garantías judiciales y políticas que le permitieran regresar a Uruguay, llevarse a su hija y volver a Argentina sin que nada le ocurra.

"Hablé con mi hija y dentro de su cabecita está bien. No tengo que preguntarle nada porque sería generar un trastorno. Sé que ya fue vista por un psicólogo. En su momento, si me quiere comentar lo sucedido, trataré de sostenerla", dice Carrasco.

"Pero hay que cuidar su integridad -continúa-. Quiero que la gente sepa que tienen que ayudarla y sacarla de ahí porque yo estoy lejos y necesito que la protejan. La sociedad tiene que saber que la vida de mi hija está en riesgo".

Su mayor preocupación es que, como son menores, los asesinos recuperen rápidamente la libertad y quieran vengarse de la niña. "Creo que al de 11 años ya se lo iban entregar a la madre o lo iban a tener en un centro con psicólogos. Y el hermanastro de mi hija, que ahora está detenido en Montevideo, en dos o tres meses ya va a estar de vuelta en Maldonado en un lugar sin medidas de seguridad suficientes".

Con la intención de regresar al país a rescatar a su hija, se puso en contacto con la diputada Daniela Payssé, que dialogó con la abuela y ya está al tanto de la situación. Pero Carrasco necesita garantías para regresar.

"Si entro a Uruguay sin garantías, no salgo vivo, porque yo no creo en la Justicia de mi país. Si hablo, tienen que ir presos políticos, jueces y abogados", dice.


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