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Los narcóticos y sus mafias representan uno de los mayores males de América Latina.  Estos no solo cobran víctimas en las ciudades, sino que su mayor caudal de operación se concentra en zonas semi urbanas. Uno de los casos más representativos en esta materia es el que vive el estado colombiano de Amazonas, donde cada año se producen 394 billones de dólares en ingresos para los líderes de este mercado.

El portal El Colombiano informa que hubo 60 homicidios el año pasado y las cifras aumentan en 2013. Los testimonios hablan de disparos, gente ahogada y balas perdidas.

"Hace una semana mataron a un brasilero acá, por lo del narcotráfico. Le dieron un tiro en la cabeza y lo ahogaron en el río Amazonas", contó un poblador de esa zona.

El departamento de Amazonas es el más extenso de Colombia, con 109.665 km2 y una población de apenas 67.627 habitantes. Esto implica que hay un inmenso territorio desprovisto de civilización y vigilancia, con condiciones propicias para el desarrollo de las empresas criminales.

Por su parte, donde más se acentúa este comercio clandestino es en la zona fronteriza con Brasil y Perú, más conocida como Trapecio Amazónico. Según consigna ese medio local, esto representa un cóctel peligroso, que mezcla a los dos mayores productores de coca con el segundo país que más la consume.

Como cuenta el informe, la heroína y la coca (en pasta o clorhidrato) circulan en cantidades no superiores a 30 kilos, transportadas en barcas por los ríos Amazonas, Caquetá y Putumayo. En tanto, los cales "la Firma" y "los Caqueteños" son quienes lideran este tipo de contrabando.,

De acuerdo a lo expuesto por el portal, estos operan en las zonas semi urbanas, con el objetivo de saltar de un país a otro burlando a la justicia.

Sin embargo, también existen otros grupos narcos que apadrinan este negocio. Entre ellos se puede mencionar a las FARC (Colombia), Comando Rojo y Primer Comando de la Capital (Brasil) y Sendero Luminoso (Perú).

Mucha de la droga e insumos químicos son decomisados en el terminal aéreo de Leticia, camuflados en pinturas, repuestos y hasta cajas de leche. El flujo es de ida y vuelta con Bogotá.

Según un estudio realizado por la

, peruanos y colombianos utilizan los

estupefacientes producidos en Bolivia como escala para el tráfico hacia 
África, Europa y Australia.