Los métodos de educación no convencionales –como el Montessori, el Waldorf o el Reggio Emilia– son reconocidos en todo el mundo. Sus ventajas y los valores que les inculcan a los niños están realmente comprobados, a pesar de que aún no son muy populares a la hora de elegir una escuela, a veces por su costo y otras por el desconocimiento de sus múltiples beneficios en el desarrollo de las capacidades y el crecimiento educativo.

El método Montessori maximiza el desarrollo de potencialidades, lleva a la observación, a la investigación científica, aprovecha períodos sensitivos, incluye materiales concretos para el aprendizaje basado en la necesidad imperiosa del niño de aprender haciendo, alienta la espontaneidad en un ambiente preparado y ordenado colaborando en la concentración. Además, prioriza la libertad de elección y asigna responsabilidad por los hechos que ocurren para que el chico responda en función de sus actos, ya que está basado en un profundo respeto por su personalidad.

Bajo este sistema hoy funcionan en Argentina cuatro instituciones entre escuelas y jardines María Montessori, primera médica italiana que por el año 1906 comenzó a delinear en su país los primeros manuales educativos.

Una de las escuelas que utilizan este método aquí es la Noordwijk Montessori School, cuya directora es Valeria Sen Loyola y donde se ponen en juego la imaginación, la experimentación, la independencia, el trabajo en equipo y el desarrollo de conceptos. La educación en una primaria Montessori le da al niño la oportunidad y la libertad de explorar, estudiar el universo y sus agentes de forma global atendiendo a todas sus complejidades.

La mente absorbente: esta es la forma en que Montessori describe la mente de los niños pequeños, que son como esponjas absorbiendo información de su entorno. Basta con pensar en lo mucho que se aprende durante los primeros años: la forma de hablar, caminar, comprender las señales sociales y las relaciones, los objetos, las leyes de la naturaleza (como la gravedad), e incluso los rudimentos de la lectura. Gran parte de este aprendizaje es inconsciente, porque los cerebros de los niños pequeños han sido programados para absorber la información de forma automática y con menor esfuerzo.

Control de errores: los niños cometen errores a medida que aprenden. María Montessori reconoció que era de vital importancia que no pierdan la motivación o se los desaliente ante las equivocaciones que cometen. Así, con cada material didáctico, se construye una manera en la cual el propio niño reconoce si su trabajo se ha realizado correctamente o no. Como resultado de esto, nadie critica su error o marca sus errores con un lápiz de color rojo.

Los ciclos de la actividad: permitir a un niño estar profundamente involucrado en una actividad es crucial para el aprendizaje. En un aula Montessori, al niño no se lo interrumpe durante el período de trabajo. El ciclo de la actividad es generalmente cerca de una hora y media o incluso más. Los chicos que completan el ciclo de actividad se sienten felices y descansados, ya que, como dijo María Montessori, "un niño que se concentra es un niño feliz".

Materiales didácticos: están diseñados para ser estéticamente agradables y para enseñar a través de los sentidos. El niño progresa con el plan de estudios y la manipulación de estos materiales. Cada uno es científicamente diseñado para enseñar un único concepto. También hay un orden específico en el que los materiales se presentan: por ejemplo, en el área geográfica, las superficies en el globo terráqueo se muestran en papel de lija para evidenciar la diferencia entre la tierra y el agua. A continuación, una bola azul de arcilla se reduce a la mitad y presionando se explica cómo se llega a un mapa. Por último, estos materiales didácticos únicos –que solo se encuentran en un aula Montessori– tienen un control sobre el error.

Además del sistema Montessori, existen otros sistemas no tradicionales como el Waldorf y el de Reggio Emilia, pedagogías alternativas para despertar en los chicos una formación distinta. El método Waldorf plantea la educación como un desarrollo hacia la libertad individual, incorporando la expresión artística como un medio de aprendizaje en las materias curriculares. Los chicos participan en clases y talleres de distintos oficios. Se trabaja por períodos de siete años. Para garantizar el conocimiento profundo de la evolución de cada alumno, un mismo docente acompaña al grupo a lo largo de todo el período.

El método Reggio Emilia tiene un profundo cuidado por lo estético, de sus propuestas y proyectos, y de las relaciones que se establecen con la cultura y la comunidad. Se trabaja a partir de herramientas pedagógicas de suma importancia, como la documentación del aprendizaje a través de fotos o videos, por ejemplo.


Asesoró Valeria Sen Loyola, directora Noordjwick Montessori School y guía Montessori.