Francisco quiere una santa argentina para el Bicentenario

El Sumo Pontífice promueve la beatificación de una mujer que, en tiempos del Virreinato, tomó el relevo de los jesuitas expulsados y tuvo un rol clave en la vida espiritual de la época. Una historia fascinante

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Por la Casa de Ejercicios Espirituales que fundó la santiagueña María Antonia Paz y Figueroa (1730-1799), hija de un encomendero y "beata" (laica consagrada en el lenguaje de la época) al servicio de los jesuitas desde los 15 años, pasaron casi todos los hombres de Mayo y otros próceres de nuestra historia.

Allí estuvo recluida Mariquita Sánchez –la del himno, castigada por su romance prohibido con el señor Thompson- y también la desdichada Camila O'Gorman.

Además, hicieron los ejercicios ignacianos en ese lugar Liniers, Saavedra, Belgrano, Castelli, Moreno, Rivadavia y, más tarde, Rosas y su hija Manuelita, Alberdi, Mitre y muchos más.

María Antonia, popularmente llamada Mamá Antula, fue una incansable promotora de los Ejercicios Espirituales Ignacianos en todo el Virreinato y, para ello, dejó su Santiago del Estero natal y recorrió a pie varias provincias argentinas hasta que llegó a Buenos Aires donde debió batallar para obtener el permiso virreinal de abrir una Casa de Ejercicios.

La Casa de la avenida Independencia 1190 todavía existe y funciona como tal, además de ser un museo. No sólo es uno de los más antiguos, sino que es el único edificio colonial de Buenos Aires que se conserva como era originalmente y en buenas condiciones.

"En el 2016 celebraremos el Bicentenario de la Independencia y por la Casa de Ejercicios de Buenos Aires pasaron los que construyeron nuestra Patria, y por eso esta causa de beatificación le interesa especialmente a Bergoglio;  es la forma de agradecerle a ella que, a través de los Ejercicios Espirituales, la Revolución de Mayo fue gestada con profundos valores morales y cristianos", dijo Luisa Sánchez Sorondo a Infobae.

Esta abogada, formada en la Universidad Católica Argentina, asiste desde niña a la Casa de Ejercicios de María Antonia Paz y Figueroa, de quien es descendiente colateral.

"En el camino a la santificación hay varias instancias –explica Luisa-, primero, siervo de Dios, luego Venerable, cuando se prueba que sus virtudes fueron heroicas; después beato y finalmente santo. En este caso nos falta la última etapa para que sea beata, es decir, que se reúna la comisión médica, que debe certificar que por su intercesión se produjo una curación inexplicable; luego se reúnen los teólogos, los cardenales, y después el Papa hace el decreto".

Lo llamativo es que, habiendo sido ésta la primera causa que presentaron los obispos de Argentina, en 1905, aún no se la haya beatificado. Para Sánchez Sorondo, hay una explicación: "Tal vez ella quería un Papa jesuita y argentino..." Lo cierto es que cuando Luisa viajó a Roma con su familia para asistir a la entronización de Jorge Bergoglio, el flamante Papa la recibió en audiencia privada y le pidió que colaborase en la difusión de la vida y obra de esta mujer.

"Hace dos semanas, Bergoglio me envió una carta reiterándome su interés en esta causa. En realidad siempre le interesó y fue él quien en 1999 volvió a promover la causa y nombró una comisión de historiadores para reunir toda la documentación necesaria", dice Luisa.

Y resume los motivos por los que la vida de esta mujer es admirable: "María Antonia estaba en Santiago del Estero cuando se van los jesuitas y se da cuenta de que habían dejado un vacío espiritual muy grande; entonces –tenía 37 años- se pone el hábito de los jesuitas y se va caminando a Córdoba, a Tucumán, a Jujuy, organizando los Ejercicios Espirituales al estilo de San Ignacio de Loyola. Finalmente llega a Buenos Aires. Pero el virrey no quería autorizar la práctica de los Ejercicios ignacianos, por miedo a perder su cargo. Luego de varios rechazos, Mamá Antula le advierte que si no la autoriza iba a explotar el fortín. Y al día siguiente el fortín explota y ella recibe la autorización, no se sabe si por miedo o si porque el virrey se da cuenta de que es una persona de bien".

"Ella perteneció a una familia acomodada –sigue relatando-, recibió educación, sabía leer y escribir. Una de las tareas más arduas en esta causa de beatificación fue reunir todas sus cartas. Ella escribía a los jesuitas de Rusia –de donde no fueron expulsados- y desde allí se traducían a varios idiomas: inglés, francés, latín, alemán... y se enviaban a todo el mundo. Eso le valió una gran admiración".

"A la muerte de María Antonia –agrega- habían pasado decenas de miles de personas por la Casa. La gente permanecía allí 8 días. Hay celdas para alojar a los fieles, un comedor, baños, patios, capillas. Durante el día las personas reciben lecturas espirituales y guardan silencio. De ese modo, pueden reflexionar sobre lo que escuchan. Actualmente los ejercicios son más cortos, de tres días".

"El cura Brochero también pasó por la Casa de Ejercicios fundada por María Antonia y luego replicó eso en Córdoba", dice Sánchez Sorondo, que asistió a la beatificación del sacerdote cordobés. "María Antonia fue además quien trajo a Buenos Aires la imagen de San Cayetano e inició aquí esa devoción hoy tan arraigada entre nosotros", agrega.

"A Francisco también le interesa esta causa porque ella era laica y él quiere promover a las laicas. Le parece importante que haya mujeres que den el ejemplo con sus vidas", dice Luisa.

Bergoglio sobre Mama Antula

En 2010, el entonces Arzobispo de Buenos Aires, recordaba a la Venerable en sus mensajes y homilías: "En este año del Bicentenario –decía por ejemplo-, me animo a proponerte que te acerques como peregrino a la Parroquia de Nuestra Señora de la Piedad. Y, ante la tumba de la Madre Antula, pedíle para vos, para mí y para cada uno de los catequistas de esta bendita ciudad, su grandeza y su fortaleza". Los restos de María Antonia descansan en esa iglesia de la calle Bartolomé Mitre al 1500.

Significativamente, el hoy papa Francisco comparaba las adversidades que enfrentó la beata con las de aquel momento (2010): "Suplicale la gracia de poder acompañar y cuidar la fe de nuestro pueblo fiel como ella lo supo hacer tres siglos atrás, en circunstancias también difíciles como las actuales".

En otra muestra de lo mucho que valora la religiosidad popular, Bergoglio consideraba santos a todos los que la gente ya veneraba: "Cuando alguien obra al estilo de Jesús, con el pan de la mansedumbre y la santidad, nuestro pueblo se le arrima con devoción, como vemos que pasa con nuestros santos: Ceferino, el cura Brochero, don Zatti, la Mamá Antula ...", decía en su homilía de Corpus Christi en 2010.

Otro colaborador de la causa de beatificación de Mama Antula es el sacerdote argentino Guillermo Karcher, quien trabaja en la Oficina de Protocolo de la Santa Sede. "Me interesó la causa porque soy porteño y me enteré de la obra prodigiosa que hizo María Antonia y de que fue la primera mujer laica que evangelizó nuestras tierras", dijo Karcher a Infobae en una entrevista. El sacerdote vino a Argentina para participar de la ceremonia de beatificación del cura Brochero. Karcher dijo que Bergoglio quiere promover esta causa "porque ella estaba muy comprometida con la Orden de los Jesuitas y llevó adelante una obra inmensa en un contexto muy difícil; estamos hablando de fines de 1700 y ella se vino desde Santiago del Estero hasta Buenos Aires, a pie, cuando todo lo jesuita estaba prohibido, para abrir en la Capital del nuevo virreinato esta Casa porque estaba convencida de que los Ejercicios ignacianos eran el mejor medio para acercar a la gente a Dios".

A comienzos del siglo pasado, la beatificación de María Antonia fue también pedida por los arzobispados de otros países de la región, como Chile, Bolivia, Paraguay, Perú y Uruguay (donde ella trabajó varios años).

En 1934 fue declarada Sierva de Dios. Y en 2010, Benedicto XVI la proclamó Venerable.

Entre los documentos que pueden encontrarse en la página creada por los promotores de la causa (Mamá Antula), está la homilía que, en Roma, en marzo de 1999, a 200 años de la muerte de María Antonia, pronunció monseñor Marcelo Sánchez Sorondo –tío de Luisa-, hoy Canciller de las Academias Pontificias de las Ciencias: "En el momento que vivió María Antonia no había en la Iglesia, en toda la Iglesia, una mujer tan extraordinaria. (...) La admiraban en todas partes y le pedían que viniese aquí, a Roma. También la pedían de Francia para predicar ejercicios espirituales. Ella no quiso apartarse de la Colonia. (...) La expulsión de la compañía de Jesús fue un verdadero cataclismo espiritual, un desierto moral, una desolación (porque) los padres jesuitas tenían en sus manos la educación de Iberoamérica (...), las célebres misiones (y) la práctica espiritual más moderna y creativa de San Ignacio, que son sus famosos ejercicios espirituales".

Ese fue el vacío que la obra de María Antonia vino a llenar.