Charly Díaz Azcué 162
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"En la Argentina se está discutiendo cómo va a ser la sucesión de Cristina Kirchner", dice provocador Hugo Haime, el consultor político con más de cien campañas en su haber que acaba de lanzar su nuevo libro Qué tenemos en la cabeza cuando votamos (Editorial Sudamericana), un fascinante y pormenorizado análisis del marketing político en la era de los focus groups y los gurúes estrellas.

Haime, quien forma parte del equipo de asesores y encuestadores de Sergio Massa, el hombre que sacudió el tablero político con su candidatura opositora, habló con Infobae acerca de cómo será la campaña del intendente de Tigre, las chances electorales del Frente para la Victoria, y hasta de las mejores y peores campañas de las últimas décadas.

-En su libro usted detalla cuáles son las claves del éxito de una campaña electoral. ¿Cuales serían estas según su experiencia?

Bueno, yo en el libro hablo de diez claves, pero las más importantes son tres. La primera, la vocación de poder del candidato, el decir "yo quiero esto". No digo "quiero el cargo", sino "quiero esto para mi país y para mi gente". Después, la capacidad de poder transmitir eso. Y también el poder hacer un buen diagnóstico de la situación, desde el punto de vista de la situación real del país y de lo que le pasa a la opinión pública, porque estas dos cosas hay que poder ensamblarlas. Las campañas no son un invento de imaginación publicitaria, sino que tratan de combinar lo que el país necesita con el hecho de explicarle a la población hacia dónde la querés llevar.

-¿Y qué analizan los electores a la hora de votar? ¿ Los atributos personales del candidato o las demandas que creen que éste puede satisfacer?

Es una combinación de las dos cosas, tanto de las características de liderazgo del dirigente como aquellas cosas que éste puede garantizar. Pero depende de cada momento histórico. Por ejemplo, De la Rúa. Carecía de todo tipo de carisma y liderazgo, sin embargo, como la población creía que había que conservar el modelo económico de la convertibilidad, y que el problema era la corrupción, y su discurso, por la tradición del radicalismo, era un discurso ético, resultó ganador. Pero en el momento en que la gente, por ejemplo con Néstor Kirchner, necesita un hombre fuerte, capaz de pelear por las cosas de todos, ahí aparecen los liderazgos carismáticos, "salvadores".

-De todas formas usted afirma en el libro que la gente vota no por sus intereses sino por sus valores.

El tema de que la gente vota por sus valores es el que recorre todo el libro y es lo que quiero hacer entender. Cuando nosotros nacemos, en la educación y en nuestro hogar, nuestros padres y nuestros maestros nos dan una cosmovisión del mundo, que por supuesto la vamos modificando,  pero ya contamos con esa matriz. Y los países tienen matrices de mitos propios. Entonces a partir de allí es que uno va construyendo la propia visión del mundo. Algunas personas pueden votar pensando "este dirigente está planteando una solución económica mejor que este otro". Pero la verdad es que la gente va a votar por aquellos candidatos con los que se identifican. Generalmente, los sectores más postergados de la sociedad necesitan liderazgos paternalistas, es decir, alguien que los proteja. Los sectores medios, que son muchos más individualistas, piden del Estado que se ocupe de despejarle los temas que los complican. Quieren que el transporte funcione bien, que no haya basura en las calles. Y si a ellos les tocás alguna libertad, como puede ser el acceso al dólar, los golpeás en su propio corazón. Estas dinámicas de los sistemas de valores hacen mucho a qué es lo que la gente mira cuando decide votar.

-¿Y qué le responde a los que piensan que los asesores hacen daño a la politica porque instruyen a los candidatos a decir lo que la gente quiere escuchar y no lo que piensan verdaderamente?

Yo creo que los votantes se dan cuenta si un candidato miente o no miente. La gente percibe imágenes además, no discursos. Las actitudes, los ojos, los gestos. Pero de todas formas, la tarea del consultor es ayudar al candidato a decir mejor las cosas, no a prestarle el discurso. Cuando el candidato lo que hace es seguir el discurso del consultor pero no es lo que él cree, al candidato no le sirve porque va a estar todo el tiempo contradiciéndose.

-Usted en su libro parece salir al cruce de los que desconfían y tratan de propagandistas mediáticos a ciertos encuestadores al asegurar que la teoría en la que se basa esa crítica, que se difunden encuestas dando como ganador a ciertos candidatos para instalar una sensación de victoria porque esto arrastra votos, es falsa.

Esta idea de que la opinión pública sigue al carro ganador viene de la teoría de (Elisabeth) Noelle-Neumann, en su libro La espiral del silencio, donde ella explica las corridas electorales en Alemania apelando al argumento de la manipulación de los medios de comunicación, que terminarían generando la opinión pública. Pero en la práctica no hay nada que demuestre que esto es cierto.

Vamos a casos concretos en Argentina. En la elección que competía Hilda "Chiche" Duhalde con Graciela Fernández Meijide, en 1997, uno preguntaba en las encuestas quién creía que iba a ganar y todos decían "Chiche" Duhalde. Por tradición, por el aparato del PJ.  ¿Y quién ganó? Meijide. Así que la gente no necesariamente sigue al carro ganador. Y además bastante problemas tenemos en nuestra profesión con las muestras, con que a veces la gente no nos dice la verdad, con el error estadístico, ¿y encima nosotros vamos a pretender distorsionar la realidad?

-Hablemos de actualidad. ¿Cómo ve al electorado argentino para estas legislativas?

Básicamente me parece que la Argentina está pasando a otra etapa. Hubo una primera etapa de recuperación del Estado, de reivindicación de las políticas sociales, y ahora hay una demanda de mejor calidad de vida. Esto es, no solo más educación, sino mejor educación; no solo más salud, sino mejor salud; no solo más trabajo, sino mejor trabajo. No solo crecimiento económico sino también mejor distribución del ingreso. Y esa es la demanda básica que está teniendo la población, que en realidad son todas cosas que había prometido la presidente en su campaña del 2011, y mucha gente la votó no solo por lo que había hecho, sino por lo que pensaba que iba a hacer. Y hay tres deudas que tiene el gobierno: inseguridad, inflación y el tema del trabajo en negro. Y yo agregaría una cuarta, el viajar bien, porque hemos tenido el accidente de Once, el de Castelar, y hemos visto el sufrimiento de los argentinos para llegar a su casa o trabajo.

-La semana pasada se conocieron las primeras encuestas para las PASO y los números del oficialismo a nivel nacional y en las grandes ciudades no son alentadores. Faltando menos de un mes para las primarias, ¿cree que esto es irreversible?

No, en campañas no hay nada irreversible. En el 2011 el Frente para la Victoria (FpV) obtuvo el 54% de votos a nivel nacional. En el 2009 obtuvo 30%, 31%. Esto no es el 2011 ni el 2009, pero objetivamente está en una situación que se va a mover entre los 30%, 35% de los votos. Hay que pensar que cada distrito tiene su propia dinámica, Capital Federal tiene su dinámica, la provincia de Buenos Aires tiene su dinámica, Mendoza la suya, Santa Fe la suya… Son todos candidatos distintos, en campañas nunca hay nada cerrado. Hay un segmento que está en contra del gobierno, está claro, pero hay que ver el segmento que dice "hay cosas que me gustan y otras que no me gustan", para qué lado termina de inclinarse.

-Usted dijo hace poco que actualmente el piso de votos del Frente para la Victoria es muy similar a su techo.

Sí, y el desafío para el oficialismo será convencer a los que creyeron en el gobierno y ahora se sienten un poco desestimulados, que no van a hacer más de lo mismo, sino que van a hacer las cosas mejor que como las vienen haciendo. Si yo manejara la campaña del oficialismo no diría "voy a seguir como estoy", diría "voy a hacer las cosas mejor".

-¿Y por qué cree que la presidente parece estar apuntando exclusivamente a su base?

En general los oficialismos en los momentos en los que están en problemas apuestan a esa línea. Recuerdo el "No le aten las manos a Alfonsín" en el 87, las elecciones del 2009 en la provincia de Buenos Aires cuando Kirchner pierde con De Narváez. Son estrategias defensivas y no demasiado recomendables.

      

-Hablemos del hombre del momento, Sergio Massa, con quien usted ha trabajado y continúa haciéndolo. ¿Cómo se elabora su imagen pública?

Bueno, Massa ha construido una imagen pública en base a su gestión en la ANSeS, donde impulsó políticas protectoras de los jubilados, y a su fuerte apuesta por la seguridad con el tema de las cámaras, consiguiendo mucha difusión gracias a esto. Y por supuesto su gestión en Tigre. Esos son los pilares de su imagen.

-¿Y por qué está calando su candidatura entre los votantes?

Porque hay un sector importante de la sociedad que reivindica las políticas sociales del gobierno pero otras cosas no les gusta, y ese es el espacio que él está buscando llenar.

-¿Cómo será la campaña de Massa en estas elecciones?

Esto es algo que él mismo ya ha dicho, va a ser una campaña positiva con propuestas.

-¿Si gana Massa cómo vislumbra el escenario político en los próximos dos años?

Yo creo que en la Argentina lo que se está discutiendo es cómo va a ser la sucesión de Cristina Kirchner. Si al nivel nacional el FpV tiene 40 o más, va a ser un escenario de una Cristina poderosa que puede digitar, no digo la reelección, pero sí su sucesión. Un resultado que se acerque a los 30 puntos la pone en un mayor nivel de debilidad, más allá de que va a seguir gobernando y generando las políticas de Estado. Por otro lado la discusión sobre la sucesión en el FpV, en el peronismo, y en la sociedad, va a ser un hervidero.

-¿Y los magros números de De Narváez en las encuestas cómo se explican, habiendo sido el ganador en Provincia hace solo cuatro años y frente a la boleta Kirchner-Scioli-Massa nada menos?

Lo que pasa es que De Narváez fue una excusa de la población en el año 2009 para ponerle coto al poder de Néstor Kirchner. Ahí el kirchnerismo hace una fuerte campaña negativa, él hace una campaña positiva en base a un tema de agenda con el mapa de la inseguridad, la población le cree, deposita esperanza, pero cuando asume como diputado, eso se diluye. Pese a que él ha pedido disculpas frente a esta situación, la imagen que la gente tiene de De Narváez es de decepción frente a lo no hecho. Pero digámoslo así: si Sergio Massa no hubiera jugado en el escenario electoral, es posible que hoy hubiéramos tenido un De Narváez con muchos más votos de los que tiene, porque podría haber sido elegido nuevamente para poner límites al kirchnerismo.

-Para cerrar la entrevista, dígame cuáles han sido en su opinión las mejores y las peores campañas de la política argentina reciente.

Sin duda la de Cristina en el 2011 fue una excelente campaña, nosotros la mostramos en el exterior en el último congreso de la Asociación Internacional de Consultores Políticos. La campaña de De la Rúa en el 99, la de Menem en el 95 también. Y malas campañas… La campaña legislativa del 2009 del FPV no fue buena. Siempre hay que tener en cuenta que en la Argentina las campañas negativas no funcionan, a la gente no le gustan los políticos hablando mal de los otros políticos, le gustan los políticos diciendo cómo le van a resolver los problemas.