162
162
 162
162
"En 26 ocasiones me han dejado el lanzamiento definitorio del triunfo y fallé. He fallado más de 9000 lanzamientos en mi carrera deportiva. He perdido casi 300 juegos. Esta es la razón de mi éxito”, reveló Michael Jordan, uno de los más importantes deportistas de todos los tiempos, en un claro mensaje de que para alcanzar el éxito hay que equivocarse muchas, muchas pero muchas veces.

Algunos adultos no comprenden que el fracaso es parte del éxito y se sienten abatidos cuando fallan. Aquellos que son padres, tienen la responsabilidad de educar a sus hijos y guiarlos por un camino que estará lleno de obstáculos, en el cual tendrán que acompañarlos y apoyarlos cada vez que las cosas no salgan bien.

En diálogo con Infobae, Martín Shaw -autor del libro El diamante de la efectividad. Cómo ser más humano para influir en los resultados- sostuvo que la razón más importante por la cual no nos permitimos fallar se remonta a los primeros años de vida, cuando nuestros padres nos castigaban por equivocarnos o por hacer alguna travesura. Lo peor del caso es que, la mayoría de las veces, ello venía asociado a la frase "No quiero que seas así" o, peor aún,  "No te quiero cuando haces eso o aquello".

"Para nosotros, que recién estábamos dando nuestros primeros pasos, no había nada peor que  no nos quisieran o no nos aceptaran como éramos,  por lo tanto, había que hacer lo imposible para no equivocarse y, si lo hacíamos, lo negábamos una y otra vez. Después crecimos y seguimos haciendo lo mismo", explicó el especialista.

Basados en esta cultura, educamos a nuestros hijos adolescentes para que tengan que ser necesariamente  exitosos, en desmedro de que sean seres humanos. "Es más importante el llegar, el tener, el lograr que el ser. Partimos de la premisa que no hay que equivocarse, no hay que fallar. Pareciera que el error es mala palabra y que no debería ser parte de nuestra vida. Seguimos siendo muy crueles cuando ellos se equivocan y también los seguimos castigando. La adolescencia es considerada por la mayoría de los padres como una etapa difícil, problemática, una etapa muy complicada donde  hay que utilizar más energía para enderezar a nuestros hijos, para que no se equivoquen. Sin embargo, no logramos ver todo el cuento, toda la película", sostuvo.

La adolescencia también es una etapa maravillosa de la vida donde se comienza a conocer, investigar, curiosear y desarrollar toda la capacidad y los dones de una persona. Durante ella, lo más lógico es que se cometan miles de errores para poder aprender de ellos. "Pero lamentablemente los adultos -los que supuestamente la tenemos "clara"-  no hacemos más que distanciarnos de ellos y no los dejamos vivir la experiencia real de salir del cascarón con todos los errores que ello implica a la hora de aprender. Y curiosamente es cuando más cerca tenemos que estar para guiarlos a la hora de experimentar la vida", opinó.

El error es una posibilidad más de cualquier ser humano, tan perfecta y ecuánime como la de no fallar. ¿Quién dijo que uno está bien y el otro hay que reprimirlo o castigarlo? ¿Cómo es posible que no aprendamos a ver al error como un espacio maravilloso de crecimiento y en cambio lo vemos siempre como algo negativo, algo que retrocede? "Esto sucede porque nuestra educación está y estuvo siempre plagada de creencias que no son del todo ciertas y que, en definitiva y como dice Einstein, lo terminan frenando a uno en su camino de aprendizaje.  Las creencias de que sólo se es exitoso si no se falla, si uno no se equivoca o lo hace pocas veces, no son ciertas y además alargan la etapa de aprendizaje. El premio nobel de literatura, Samuel Beckett, dijo: "Fracase, fracase de nuevo, fracase mejor"", finalizó Shaw.