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 Presidencia de la Nación 162
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 Nicolás Stulberg 162
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 Charly Díaz Azcué 162
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Pocos o casi nadie imaginaba que aquel gobernador que venía de una pequeña provincia del sur terminaría generando un movimiento político que marcaría a fuego el nuevo siglo en la Argentina.

Muy pocos pensaban que ese peronista elegido por Eduardo Duhalde para representar al peronismo en las anticipadas elecciones de 2003 iba a cambiar el eje político que había marcado el país desde la vuelta a la democracia.

Pero 10 años después, ni siquiera los máximos detractores pueden negar que, para bien o para mal, el kirchnerismo impuso una fuerte impronta política en el país, con decisiones capaces de generar grandes adhesiones e irreconciliables rechazos.

Aquel 25 de mayo de 2003 recibía a un nuevo Presidente que, acompañado por Daniel Scioli como Vicepresidente, sólo había logrado el 22% de los votos, pero que se había beneficiado con la renuncia de Carlos Menem al ballotage. "Asumí con más desocupados que votos", repetía con humor Néstor Kirchner por aquellos días.

      

El viaje en persona a Entre Ríos para poner fin a un prolongado conflicto docente, y una reunión con el entonces presidente de Cuba,

Fidel Castro

, fueron las primeras señales en materia política para un país que venía de una grave crisis económica y social, que había comenzado a capear Eduardo Duhalde junto al ministro de Economía,

Roberto Lavagna.

Algunos nombres de su riñón patagónico, sumado a dirigentes del peronismo bonaerense, conformaron el primer equipo de trabajo de Kirchner, que mantuvo casi el mismo plantel conómico que había formado Duhalde.

Pero el primer golpe fuerte lo dio el 4 de junio de 2003. Por cadena nacional, fustigó la denominada "mayoría automática" de la Corte Suprema de entonces, y le pidió al Congreso que iniciara un juicio político al titular del máximo tribunal, Julio Nazareno.

Ese no fue el único. En su primer año de gestión, Néstor Kirchner tomó varias decisiones que romperían la agenda política de entonces, y que en muchos casos, sorprendería a propios y extraños.

Reabrió las negociaciones paritarias, se enfrentó

      

abiertamente al

Fondo Monetario Internacional

, se alineó con Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, se acercó a Lula Da Silva en Brasil. Pero lo más importante, inició el proceso para anular las leyes de obediencia debida y punto final, que iniciaría una política de defensa de los derechos humanos que continuaría durante la década.

De la cumbre de Mar del Plata a la candidatura de Cristina

Con el contundente triunfo en las elecciones legislativas de 2005, el kirchnerismo comenzó con su expansión territorial, de la mano de la transversalidad que por esos años proponía Néstor Kirchner, y que atraía al peronismo a sectores de otras fuerzas como el radicalismo, el socialismo y sectores de izquierda.

Así, no sólo fue creciendo en poder el oficialismo, sino que generó una fuerte fragmentación en el resto de la oposición, que sufría la salida de muchas de sus figuras hacia el incipiente kirchnerismo.

      

En noviembre de ese 2005, con motivo de la Cumbre de las Américas que se desarrolló en Mar del Plata,

Néstor Kirchner dio tal vez su paso más importante en materia de política internacional.

Mientras los EEUU, apoyado por México, promovían la firma del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), la Argentina se alineó con Venezuela, Brasil, Paraguay y Uruguay para ponerle freno a esa iniciativa, e impulsar de manera definitiva al Mercosur.

El duro discurso de Néstor Kirchner ante la tensa mirada de George Bush sepultó aquella idea que impulsaba el entonces presidente norteamericano, y lanzó al mandatario argentino hacia el liderazgo regional.

A la par de esos hechos, Kirchner fue "corriendo" de su Gobierno las herencias del duhaldismo, principalmente dentro del equipo económico. Así, Roberto Lavagna, tal vez el principal hacedor de la recuperación económica de los primeros años, dejó el ministerio de Economía el 28 de noviembre de 2005, por expreso pedido del presidente.

Con los indicadores económicos que ya hablaban casi del "milagro argentino", a principios de 2007 la política argentina giraba en torno a los dos caminos posibles para las elecciones presidenciales que se iban a realizar en octubre de ese año: o la reelección de Néstor, o una candidatura de la por entonces senadora y primera dama, Cristina Kirchner.

El 1 de julio de ese año la incógnita quedó develada: Cristina sería la candidata del oficialismo y, a la postre, la heredera de la primera magistratura. El compañero de fórmula surgiría de la tan mentada transversalidad: Julio Cobos, ex gobernador radical de Mendoza.

El 19 de ese mes, con un acto en La Plata, el kirchnerismo presentaba oficialmente a quien el 10 de diciembre asumiría como la primera Presidente electa de la Argentina con el 45,98% de los votos.

De esa forma, llegaban a su fin los cuatro años de gestión de Néstor Kirchner, tal vez los de mayores logros en materia económica y social de la década. Entre 2003 y 2007, el salario mínimo pasó de 200 a 980 pesos, un incremento del 380%, y las jubilaciones mínimas subieron de 150 a casi 600 pesos.

      

También el PBI creció de manera exponencial, a un ritmo superior al 8% anual, un 35,5% en el cuatrienio presidencial de Kirchner. Además, una política impositiva más estricta y de una suba de las retenciones a las exportaciones, generó un gran aumento de las reservas del Banco Central y un constante superávit fiscal.

También durante su mandato logró cancelar la deuda que el país tenía con el Fondo Monetario Internacional, y llevó adelante una reestructuración de deuda con una quita cercana al 70%, que fue aceptada por la gran mayoría de los acreedores.

En esos cuatro años, Néstor Kirchner había logrado construir un poder inimaginable en mayo de 2003. El país había salido de la crisis, los gremios estaban alineados en su mayoría con el Gobierno, que además tenía casi el control total del Congreso. El camino estaba allanado para la sucesión presidencial.

Cristina y la etapa conflictiva

Casi como al pasar, durante uno de sus discursos de campaña, Cristina Kirchner había anticipado que su gobierno iba a servir para "profundizar" el camino iniciado por su marido. Claro que pocos preveían que esa profundización iba a provocar una fuerte crisis en el nuevo Gobierno en escasos meses.

El 11 de marzo de 2008, el entonces flamante ministro de Economía, Martín Lousteau, convocó a una conferencia de prensa para poner en marcha la Resolución 125 de retenciones móviles, una medida que alteraba los derechos de exportación a la soja, el maíz, el girasol y el trigo de acuerdo a los precios internacionales.

Esa decisión sería el "huevo de la serpiente" para esos primeros años de Cristina Kirchner en el poder. La intempestiva reacción de las entidades agropecuarias, y la tenacidad del Gobierno para sostener la iniciativa, provocaron en pocos meses un conflicto social sin precedentes en casi 30 años de democracia.

Las patronales del campo conformaron la Mesa de Enlace, que inició un plan de lucha que incluyó paros, cortes de rutas y marchas en todo el país. La respuesta fue casi instantánea: los sindicatos y las organizaciones sociales también salieron a la calle a defender al Gobierno, lo que sumió al país en un clima tenso de difícil resolución.

      

Ese conflicto puso al oficialismo en su peor momento, y resultó un claro retroceso de la construcción política que había iniciado Néstor Kirchner.

El voto no positivo de Julio Cobos en la madrugada del 17 de julio de 2008

sepultó las retenciones y la transversalidad, pero también fracturó al kirchnerismo y provocó la salida de varios dirigentes, que en los comicios legislativos del año siguiente enfrentarían (y vencerían) al propio Néstor Kirchner.

Esas elecciones de 2009 mostrarían por primera vez a un kirchnerismo debilitado. El adelantamiento de los comicios fue visto como una jugada para evitar aún más la fuga de votos, y por primera (y única) vez, la oposición entendió que debía conformar alianzas.

Así, ni siquiera con una lista encabezada por el propio Néstor

      

Kirchner y el gobernador Daniel Scioli, referente de las fallidas candidaturas testimoniales, el kirchnerismo pudo ganar la elección. En la provincia de Buenos Aires, la alianza que llevaba como candidatos a

Francisco de Narváez y a Felipe Solá, y que tenía el apoyo de Mauricio Macri en la Ciudad, se quedó con un estrecho pero histórico triunfo.

El resto de la oposición también hizo una excelente elección en todo el país, y consiguió recuperar una importante cantidad de bancas que tenía en su poder el oficialismo, lo que fracturó el Parlamento, que prácticamente quedaría paralizado hasta 2011.

Una batería de medidas para afrontar la crisis

Antes y después de esa derrota electoral, y lejos de un cambio de rumbo, Cristina Kirchner tomó decisiones que fueron de las más significativas de toda la década. En medio de la discusión por la 125, anunció la reestatización de Aerolíneas Argentinas y Austral, luego de un acuerdo con el grupo español Marsans, controlante de las mismas.

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En noviembre de 2008, y en otro golpe de timón impactante, el Congreso aprobó la reforma del sistema previsional, que incluía la eliminación de las AFJP, y la recuperación del manejo de los fondos jubilatorios por parte del Estado.

Tras los comicios, y luego de la renuncia de Néstor Kirchner a la presidencia del Partido Justicialista, Cristina Kirchner tomó otras dos medidas más que significativas: en agosto, tras la ruptura del contrato de la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) con la empresa TSC, el Estado se quedó con la televisación del fútbol argentino, en un acuerdo que incluía el pago de 600 millones de pesos anuales por la transmisión de todos los partidos a través de la televisión abierta. El Fútbol para Todos llegaba a la pantalla de todos los argentinos.

Dos meses más tarde, en octubre, el Congreso aprobó la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, conocida como Ley de Medios. Fue una de las banderas del kirchnerismo de los últimos años, pero todavía no entró en vigencia por una puja judicial que mantiene con el Grupo Clarín.

Pero eso no fue todo. El 29 de octubre de ese 2009, a través de un Decreto de Necesidad y Urgencia, Cristina Kirchner creó la Asignación Universal por Hijo, un seguro social casi sin precedentes en América Latina, que supone el pago de una suma fija de dinero para los hijos menores de 18 años de desocupados o trabajadores no registrados.

2010, el punto de inflexión

En diciembre de 2009 Cristina Kirchner cumplía dos años agitados y desgastantes en el Gobierno. Con el recambio legislativo, y la pérdida del control del Congreso, anunciaban un período todavía más complicado.

El 2010 fue, sin dudas, el año más doloroso para la Presidente, pero a la vez, significó una especie de relanzamiento de un kirchnerismo que por ese entonces lucía debilitado.

      

Ese año comenzó con un nuevo conflicto, que implicó la salida del Banco Central de

Martín Redrado

tras el decreto que creaba el Fondo del Bicentenario, para pagar vencimientos de deuda con las reservas federales.

Pero el 25 de mayo millones de argentinos salieron a las calles para celebrar el bicentenario de la Revolución de 1810. El kirchnerismo hizo gala de su poder de convocatoria, y pareció comenzar a recuperar la movilidad perdida después del conflicto con el campo.

A la par de que la oposición se debatía en discusiones que rompían las alianzas que habían conformado dos años antes, las encuestas daban un crecimiento firme de la figura de Cristina Kirchner. Un dato que impulsaba los sueños de continuidad en el poder a partir de 2011.

Pero el 27 de octubre, en coincidencia con el Censo Nacional,

      

la peor noticia paralizó los corazones de todos los argentinos: a las 9:15, en su residencia "Los Sauces" de Río Gallegos,

Los días que siguieron quedarán marcados en la historia argentina. Miles de personas se acercaron hasta la Casa Rosada para dar el último adiós al ex Presidente, dando lugar a innumerables muestras de afecto y dolor. Además de la Argentina, otros siete países de Latinoamérica decretaron duelo nacional, y varios mandatarios acompañaron a Cristina Kirchner hasta el momento de la despedida final.

Reelección y después

Con el dolor de haber perdido a su mentor, el kirchnerismo afrontó en esos meses la difícil tarea de la reconstrucción política de cara a las elecciones presidenciales de 2011. Aunque no lo confirmaba, la principal y única candidata del oficialismo era Cristina Kirchner. "No se hagan los rulos", decía la Presidente en la apertura del año legislativo de ese 2011, y ahondaba aún más la incertidumbre.

Sin embargo, Cristina afrontó el desafío de buscar la reelección, y proyectar al kirchnerismo como el movimiento político que más años ha estado en el Gobierno de manera consecutiva en la Argentina.

      

Con Amado Boudou como compañero de fórmula, Cristina Kirchner fue reelecta en octubre con más del 54% de los votos, convirtiéndose en uno de los presidentes más votados de la historia, y generando una especie de refundación del kirchnerismo, impensado dos años antes.

Con el nuevo Gobierno comenzó lo que muchos definieron como el "cristinismo", un ciclo que poco a poco se fue diferenciando de los primeros lineamientos políticos trazados por Néstor Kirchner.

Con un renovado gabinete, los problemas comenzaron rápidamente para el nuevo gobierno. Debió afrontar un debilitamiento de los indicadores económicos, una inflación cada vez más alta, la ruptura de las relaciones con la CGT de Moyano, y una serie de denuncias por corrupción que salpicaba tanto a funcionarios actuales como anteriores.

Además, en febrero de 2012, la tragedia de Once terminó con la vida de 51 personas, e implicó un duro golpe que puso el foco en la política de transporte y subsidios del Gobierno.

Al mismo tiempo, la llamada "sintonía fina" implicó una quita gradual de los subsidios a los servicios públicos, y un aumento de tarifas para algunos sectores de la sociedad, congelados durante toda la gestión kirchnerista.

El cepo al dólar, la "democratización" de la Justicia y el blanqueo de capitales fueron las últimas medidas que dividieron definitivamente al Gobierno con la oposición, y mostraron la decisión oficial de "ir por todo", tal como lo definieron sus detractores.

En un año electoral clave, con un oficialismo que no encuentra candidatos atractivos para el electorado, y con la incertidumbre que genera el límite constitucional para Cristina, el kirchnerismo cumple 10 años en el poder. Una década que dejó luces y sombras, que provocó discusiones y polémicas, pero que aún no escribió el capítulo final de esa construcción política que llegó desde la Patagonia el 25 de mayo de 2003.