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"Los polacos no aceptábamos el sistema comunista y nos rebelamos primero en 1956 y luego en 1970. Del comunismo, a los escritores les molestaba la censura, a los profesionales sus pocas posibilidades de desarrollo y a los trabajadores el bajo salario que cobrábamos. Yo tuve a cargo la huelga de 1970, que perdimos. Los siguientes diez años, tanto en la fábrica como cuando me echaron o en la cárcel, me preguntaba qué había hecho mal. Entonces, sucedió algo inesperado: un polaco es elegido papa.

¡Imagine lo que significaba para este país! Y cuando vino a visitar Polonia, centenas de miles de personas salieron a las calles. Hasta los dirigentes comunistas, que se arrodillaban ante el papa; muchos se habían olvidado de cómo hacer la señal de la cruz, pero se la hacían.

El papa fue un regalo de Dios, nos hizo recuperar la confianza en los valores básicos, como el poder de la verdad. Yo llevaba veinte años de activismo y tenía cuarenta colaboradores, después tuve cuarenta mil. Al año siguiente de la visita del papa llegamos a diez millones de afiliados sobre 12 millones de trabajadores.

El papa despertó a Polonia y nosotros lo aprovechamos".

*Lech Walesa, premio Nobel de la Paz (1983) y presidente de Polonia entre 1990 y 1995