Los 120 días de Sodoma consiste en una largo rosario de fábulas de tortura, sodomía, necrofilia, incesto, violaciones, cropofilia e infanticidio.
El original fue comprado en 1929 por el vizconde Charles de Noailles, cuya esposa, Marie-Laure, descendía en línea directa del marqués, y ahora está en las manos de un coleccionista suizo de arte erótico, Gérard Nordmann. La Biblioteca Nacional de Francia (BNF) estaría dispuesto a desembolsar 5 millones de dólares para entrar en posesión del texto.
Bruno Racine, director de la BNF, consiguió en 2012 que el Ministerio de la Cultura declarase ese manuscrito "tesoro nacional", y obtuvo un acuerdo para ofertar hasta 5 millones de dólares para comprar el manuscrito del libro de Sade, un rollo de doce metros de largo, escrito con una caligrafía minúscula.
Sade escribió su libro entre el 22 de octubre y el 28 de noviembre de 1785, a razón de unas tres horas por día. Los 120 días de Sodoma cuenta la historia de cuatro hombres, entre 45 y 60 años –el presidente de Curval, el Duque de Blangis, su hermano el obispo y el hombre de negocios Durcet–, que se encierran en un castillo de la Selva Negra, sin testigos, con cuarenta y dos chicos y chicas. El libro es el relato de seiscientas perversiones, del infanticidio a la tortura, con una prolija descripción de las situaciones más atroces.
El manuscrito se perdió cuando Sade fue trasladado al manicomio de Charenton –donde moriría el 2 de diciembre de 1814–, para reaparecer misteriosamente en 1904, cuando lo compró un médico alemán. En 1929, el vizconde Charles de Noailles y su esposa, Marie-Laure –los productores del film La edad de oro, de Salvador Dalí y Luis Buñuel–, compraron el original de Los 120 días de Sodoma y encargaron al escritor y editor francés Maurice Heine una primera edición sólo para bibliófilos y suscriptores.
A la muerte de Marie-Laure de Noailles, el manuscrito pasó a ser propiedad de su hija, Nathalie, quien confió el tesoro a un estudioso y editor. Años más tarde se descubrió que el original de Sade había sido robado y vendido a un coleccionista suizo, Gérard Nordmann. Comenzó entonces una aún inconclusa batalla judidical entre Nordmann y el hijo de Nathalie de Noailles, Carlo Perrone, que llevan años enfrentándose ante los tribunales suizos y franceses.
Cuando el duelo jurídico entre los herederos de Nordmann y los herederos de los Noailles parecía interminable, interviene Bruno Racine, director de la BNF, ofreciendo 5 millones de dólares, para recobrar el manuscrito de Sade.
La batalla jurídica sigue su curso. Todas las partes dicen esperar un final feliz. Para los herederos de Nordmann y los Noailles la batalla jurídica podría concluir con un acuerdo económico, pagado por los contribuyentes franceses, si la BNF consigue imponer su oferta y recobrar el tesoro literario más escandaloso de la historia de Francia.
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