El mandatario fue despertado por un tiroteo en torno a su vivienda entre las 3 y las 5 de la madrugada del martes. Una granada antitanque cayó dentro del recinto presidencial y destruyó parte de la casa y uno de sus guardaespaldas murió mientras varios más resultaron heridos.

Conde, de 73 años, se dirigió posteriormente al país por la radio estatal y aseguró que su guardia personal "combatió heroicamente a partir de las 3:10 de la madrugada hasta que llegaron refuerzos".

Pidió a la población que mantenga la calma y dijo que los ataques no impedirán el cumplimiento de las promesas al electorado hace siete meses cuando llegó a ser el primer presidente elegido democráticamente en los 52 años de historia de Guinea.

Horas después, se escuchó una balacera cerca de su residencia. Los testigos vieron a la guardia presidencial de boinas rojas adoptar posiciones de combate.

El mandatario, en su alocución, indicó: "Si tu mano está en manos de Dios, nada puede sucederte. Nuestros enemigos pueden intentar cualquier cosa, pero no detendrán la marcha del pueblo guineano". "Guinea es un país. Estamos unidos, porque no podemos crecer si no lo estamos. No aceptemos que nos dividan", subrayó.

Para evitar un nuevo atentado, el Ejército se emplazó en la ciudad y ató cuerdas a los árboles en los cruces. El tránsito quedó paralizado, ya que cada vehículo era detenido y su conductor obligado a abrir el maletero. Varios helicópteros militares sobrevolaron la zona y todos los comercios y escuelas cerraron.

La comunidad internacional invirtió 10 millones de dólares para asegurar la transparencia de los comicios del año pasado y un golpe de Estado sería un gran retroceso para la región, según los analistas. "Demuestra la fragilidad del país", dijo la especialista Elizabeth Cote, de la Fundación Internacional para Sistemas Electorales, quien vive en Guinea.