Leandro Boyer 162
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Los 183 familiares arribaron al aeropuerto de Malvinas a las 9.30 procedentes de Río Gallegos en un vuelo de LAN Chile y viajaron durante 45 minutos, junto a una treintena de periodistas, médicos y psicólogos, los 80 kilómetros de ripio que distancian a la base aérea del cementerio.

Cargados de emoción y de ofrendas, caminaron despacio y silenciosamente los 150 metros que separaban el cementerio de los micros, combis y jeeps todo terreno en los que se trasladaron hacia las tumbas de los caídos.

Durante otros 45 minutos caminaron buscando la sepultura de su ser querido y el nombre del mismo en el cenotafio que tiene a cada caído "por orden alfabético y no por su rango o condición", tal como especificó Héctor Cisneros, presidente de la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas, al iniciar la ceremonia.

Durante toda la estadía, los visitantes respondieron al respeto presentado por los anfitriones, quienes dispusieron baños químicos, carpas para resguardarse del viento y un buffet con café, té y pastelería alemana y británica.

Además, al mediodía, los organizadores locales prestaron un servicio de comida tipo vianda.

Pese a los temores de bajas temperaturas, la misa comenzó bajo un cielo despejado y sol resplandeciente a las 11.40, tras la llegada de la imagen de la Virgen de Luján, la cual participó de la caminata de comienzo de este mes y fue bendecida en la catedral de esa ciudad bonaerense.

El fuerte viento que sopló en la isla no impidió que los familiares, en su mayoría hermanos e hijos de los fallecidos, perdieran un instante de la emotiva ceremonia.

"Este tipo de viajes es un hecho histórico sin precedentes", declaró Cisneros, quien dijo que a los soldados no identificados se les respeto la lápida hecha por los británicos, aunque, obviamente, traducida.

"Soldado argentino sólo conocido por Dios", dicen los mármoles bajo las cruces blancas.

Tras la misa, que duró hasta las 12.40, el padre Miguel Martínez Torrens, capellán militar en Malvinas durante todo el conflicto bélico contra las tropas de Reino Unido, reconoció la importancia de este evento y saludó las posibles misiones de este estilo para el futuro.

"Tengo la satisfacción de haber hecho todo lo posible para mantener alta la moral de los muchachos que combatieron", declaró Torrens en su primer regreso a las islas desde 1982.

La misa estuvo dirigida por Torrens, el obispo de Río Gallegos, Juan Carlos Romaini y el sacerdote de la isla, Peter Norris.

Tras la ceremonia, los familiares aprovecharon para sacarse las últimas fotos y de entregar los saludos a sus seres queridos y emprendieron el regreso al aeropuerto local, en un camino donde el sonido más constante era el ruido de las piedras en el chasis de los vehículos.

El viento de las islas queda ejemplificado en las torcidas matas de turba en este paisaje típico de estepa patagónica.

La soledad de la isla se dejó notar en un solo grupo de ovejas esquiladas al frente de una casa, que se pierde en las colinas de este archipiélago.

"Esto es algo muy justo", dijo en referencia a la posibilidad de la visita de familiares al cementerio María Marta Strange, argentina casada con un inglés que vive en la isla desde 1972.