162
162

El trastorno denominado Vejiga Hiperactiva (VH) se caracteriza, justamente, por la urgencia o necesidad aumentada pero también por el incremento de la frecuencia de la micción.

Debido a la imposibilidad de controlar el deseo, quienes padecen vejiga hiperactiva -el 16 por ciento de la población, con un leve predominio del sexo femenino- suelen sentirse avergonzados y tristes, razón por la cual en muchos casos, retrasan la consulta.

Si bien en la mayoría de los casos, la vejiga hiperactiva, íntimamente relacionada con la Incontinencia Urinaria (IU) o pérdida involuntaria de orina, no tiene una causa desencadenante definida, su aparición suele estar relacionada con el estrés. No obstante, también hay que tener en cuenta que la VH puede obedecer a afecciones neurológicas severas tales como traumatismos raquimedulares, enfermedades congénitas de la columna vertebral o esclerosis múltiple. En estos casos, la vejiga es incapaz de almacenar volúmenes normales de orina, provocando entonces su expulsión incontrolada.

Las inyecciones de toxina botulínica, una opción para los pacientes que no responden a los fármacos
"El trastorno conocido como Vejiga Hiperactiva es de origen idiopático o desconocido, pues el control de la orina tiene que ver con el sistema nervioso autónomo que no depende de la voluntad pero sí maneja la micción. Como consecuencia de la imposibilidad de establecer causas concretas, a esta afección se la relaciona con el estrés o las crisis y tensiones, en cuyo caso suele ser una condición pasajera. Sin embargo, cuando una persona se acerca al consultorio y manifiesta tener nicturia -levantarse de noche para orinar- o bien necesitar ir al baño entre 15 o 20 veces por día (cuando lo normal es orinar entre seis y ocho), hay que comenzar a elaborar un diagnóstico al cual se llega prácticamente por descarte, para evitar que la IU se vuelva crónica. Lo primero es establecer que no haya infección urinaria, luego cálculos en la vejiga y finalmente problemas neurológicos", explicó a Pro-Salud News el doctor Juan Carlos Tejerizo, especialista en Urología, responsable del sector de Patología Vesical y Urodinamia, Hospital Italiano de Buenos Aires (HIBA).

Por su parte, el doctor Roberto Hernández, médico urólogo del Instituto Argentino de Diagnóstico y Tratamiento (IADT), comentó a esta agencia que "la vejiga hiperactiva ó hiperactividad del detrusor -condición que según precisó con más detalle el especialista, afecta a hombres y mujeres de todas las edades pudiendo identificarse una prevalencia de entre el 12 y 22 por ciento entre los mayores de 40 años- puede ser de causa neurogénica cuando existe una alteración neurológica relevante como por ejemplo una lesión medular, un accidente cerebrovascular, o Parkinson; o bien idiopática cuando la causa no se puede definir".

Al ser consultado sobre los alcances y repercusiones de la IU, el doctor Carlos Scorticati, jefe de la Sección Oncología del Servicio de Urología del Hospital de Clínicas José de San Martín, refirió: "La IU es un problema que se bifurca en dos aspectos fundamentales: lo médico por un lado, y lo social por el otro. Caracterizada como la pérdida de orina por las vías anatómicas habituales sin que exista deseo miccional, genera importantes trastornos sociales. Pero, además, contribuye al agravamiento de determinadas condiciones preexistentes como así también genera otros problemas. Un ejemplo son las escaras que se producen, sobre todo en los pacientes añosos".
 
Detección y tratamiento
Teniendo en cuenta las características de cada paciente y, por supuesto, la sintomatología a partir de la cual el trastorno se manifiesta, el especialista será el encargado de determinar el curso del abordaje que suele comenzar con la administración de medicamentos anticolinérgicos que, según el doctor Tejerizo, "serán los encargados de bloquear las contracciones que se producen en la vejiga disminuyendo la necesidad de ir al baño tan seguido y posibilitando una mayor acumulación de orina".

Pero aunque en general la respuesta a la medicación es rápida -el doctor Hernández cuantificó la posibilidad de éxito diciendo que "se observa una mejoría significativa del cuadro el 50 por ciento de los pacientes sintomáticos, y entre un 20 y 30 por ciento de desaparición de la incontinencia en aproximadamente 15 días" -algunos de ellos no responden a la medicación de la forma esperada.

"En esos casos, la opción es la aplicación de toxina botulínica, proceso que se lleva a cabo a través de microinyecciones que se hacen en el interior de la vejiga. Generalmente entre seis y ocho días después, en el 80 por ciento de los pacientes se obtiene la respuesta esperada, logrando sostener los resultados por nueve a doce meses. Luego de ese tiempo es posible que los síntomas reaparezcan. Caso contrario, será necesaria una sola aplicación más como refuerzo", detalló el doctor Tejerizo quién concluyó diciendo que "la toxina es muy utilizada en pacientes que tuvieron accidentes cerebrovasculares (ACV), lesiones medulares o bien aquellos que tienen Parkinson y, consecuentemente, sufren de vejiga hiperrefléxica".