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Cuesta creer que sea cierto. Pero uno de los lugares más visitados por los hinchas del Celtic de Escocia es una tumba. Obviamente, tiene una historia detrás.

En ese lugar descansan los restos de John Thomson, un reconocido futbolista del equipo de Glasgow, que murió accidentalmente en medio de un partido de fútbol.

Thomson nació en Kirkcaldy en 1909 y se crió en el poblado minero de Cardenden. Desde pequeño fue amante del fútbol y llegó a cumplir el sueño de jugar para el Celtic, el club de sus amores.

Pero nunca imaginó que su vida terminaría como terminó. El 5 de septiembre de 1931, su equipo jugaba el clásico ante el Rangers. Apenas comenzado el segundo tiempo, Thomson y Sam English, jugador rival, fueron a disputar una pelota.

Un mal movimiento hizo que la cabeza de Thomson chocara con la rodilla de English, lo que le provocó una múltiple fractura de cráneo. El accidentado futbolista fue sacado del campo de juego, pero todos pensaron que era por precaución y nadie se imaginó qué iba a suceder. Sólo lo sabían aquellos que estuvieron cerca suyo desde un primer momento.

El partido siguió normalmente y finalizó 0 a 0. La noticia impensada llegó momentos después. Thomson había muerto en el hospital de Victoria, adonde lo habían trasladado. Su funeral fue uno de los eventos más multitudinarios de la historia escocesa.

Desde ese instante, John Thomson se convirtió en leyenda. Llegó a recibir canciones en su memoria y su tumba es aún visitada por miles de fanáticos del Celtic, que convirtieron el lugar en un santuario del fútbol.