Por las bombas, disparos y cohetes, hay una ciudad que nunca duerme

Se llama Sderot y está ubicada a menos de un kilómetro de la Franja de Gaza. Las incesantes balaceras y ataques nocturnos están acabando con los nervios de sus habitantes israelíes, que se sienten los grandes olvidados del histórico conflicto en Medio Oriente

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EFE.- Desde abril de 2001, cuando las milicias palestinas de la Franja de Gaza empezaron a lanzar los artesanales cohetes Al-Kasam, más de tres mil proyectiles de este tipo han llegado a un área de nueve kilómetros de diámetro en torno a Sderot, provocando desde entonces la muerte de cinco vecinos de la localidad y de otras tres personas en las inmediaciones del paso industrial de Karni.

La facilidad con la que las milicias palestinas disparan esos cohetes pone en una situación embarazosa a las autoridades de Israel que, en los últimos años, han lanzado innumerables ataques contra Gaza por tierra, mar y aire -con consecuencias graves para la población palestina- sin poder acabar con el fenómeno.

El alcalde de esta ciudad, ubicada a menos de un kilómetro de la Franja y de unos 24.000 habitantes, Eli Moyal, explica que desde agosto pasado, cuando Israel evacuó Gaza, se ha disparado una media mensual de 80 Al-Kasam contra el área municipal de Sderot.

Moyal dice no entender los ataques, que califica de "intolerables" y producto del "odio de los palestinos hacia los israelíes".

"Desde la mañana a la noche estamos alerta, no he podido dormir en toda la noche porque los 'Kasams' nos interrumpen el sueño", afirmó Moyal en una rueda de prensa en el consistorio de la ciudad.

El alcalde hace hincapié en que los grandes perjudicados son los niños, la mitad de los cuales sufren un síndrome postraumático que les impide dormir correctamente o hacer una vida normal.

Y es que gran parte de los menores de la ciudad duermen con sus padres, se hacen pis por las noches, sufren trastornos de atención y padecen serias dificultades para llevar a cabo las actividades más cotidianas, como ir al colegio o jugar con sus amigos en la calle.

Afortunadamente, gracias al apoyo de varias asociaciones y del Ministerio de Educación, los cerca de 500 niños de Sderot pasarán el verano en campamentos infantiles, lejos de las preocupaciones cotidianas.

Los disparos de cohetes se han intensificado en las últimas semanas, en las que han caído más de 60 en Sderot, lo que ha llevado a cinco vecinos a iniciar una huelga de hambre y a lanzar una campaña de sensibilización denominada "Amanecer Rojo", por la que se entregarán miles de cordones rojinegros a israelíes en todo el país.

Lili Abergel, nacida en esta localidad hace 54 años, explica que que cuando suena la alarma -que da menos de 15 segundos a los habitantes para prepararse al ataque-, "no hay nada que hacer, sólo rezar".

Por su parte, Avital Muriel, una israelí que efectúa labores sociales en Sderot en lugar del servicio militar obligatorio, afirma: "No sé qué es lo que tiene que hacer el Gobierno, pero desde luego todo lo que esté en su mano para cesar los ataques".

Muriel no rechaza soluciones drásticas, como que el Ejército israelí arrase la ciudad palestina de Beit Hanún, desde donde suelen ser lanzados los cohetes, y afirma tajante: "Si eso va a parar los disparos, sí, tienen que hacerlo".

Agrega que algunos niños "están tan mal que llegan a inventarse, por ejemplo, que han visto a una mujer morir por un impacto".

El instituto de secundaria Nativ Yeshiva Tiv de Sderot, fue blanco hace dos semanas de un ataque, indica Shalom Halevi, un trabajador de la municipalidad al señalar los dos agujeros creados por el cohete en la pared y techo de una de las clases.

"Afortunadamente el ataque se produjo a las 7.30 de la mañana y los chicos estaban en 'tefilá'", en plena oración de primera hora de la mañana, pues se trata de una escuela religiosa.

Guilad Mamad, de 16 años, acaba de salir de uno de sus exámenes finales y no entiende por qué aún permanecen abiertas las aulas del instituto pues "cada dos por tres suena la alarma y nos tenemos que meter todos en el refugio".

Por su parte, Sima Hadad, madre de tres hijos y en huelga de hambre desde hace cuatro días, sólo pide una cosa, "seguridad. No queremos dinero ni complacencia, aquí vino el ministro de Defensa, Amir Peretz (ex alcalde de Sderot) y sólo me pudo dar un abrazo".

"Mi niña pequeña no puede ir al baño sola y no deja de vomitar de noche por el miedo que siente al escuchar las alarmas", concluye.