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La herida todavía sangra y cada vez que en el contexto de una conversación futbolera surge la mención ?Alemania?, salvo por el vigente Mundial, se la asocia directamente con la final de Italia 90. Andreas Brehme, autor del único gol del partido tras el polémico penal cobrado por el árbitro mexicano Edgardo Codesal, no colaboró en esto de olvidar viejas historias, al afirmar que no existió falta de Roberto Sensini en la jugada en cuestión.

?No hubo penal?, sentenció el ex lateral izquierdo alemán, que no obstante explicó, en declaraciones al diario español El País, que ?hubo penal antes, a Klaus Augenthaler?.

Con una sinceridad pocas veces vista, el ex futbolista disipó una de las polémicas más grandes generadas en la final de un Mundial, aunque resaltó lo ?peligroso? de hacer una entrada como la de Sensini dentro del área.

Momentos después de esa jugada en la que Rudi Vöeller caía y Codesal señalaba la falta desde los doce pasos, Brehme tenía que concretar el disparo más importante de su carrera, nada menos que a cinco minutos para el cierre de la final de un Mundial. ?Lo peor fue la espera de seis o siete minutos antes de que pudiera tirarlo?, recordó, y agregó: ?Los argentinos estuvieron discutiendo ese tiempo y sacaron la pelota de la cancha?.

?Cuando me metí en el área me concentré en el disparo?, continuó el ex futbolista, que hoy tiene 45 años y aclara que a los penales ?siempre los pateaba con la derecha?, a pesar de su condición de ambidiestro.

Por último, Brehme no se guardó elogios para el arquero argentino de aquella Selección, Sergio Goycochea, quien había detenido cuatro penales en la Copa: ?Era un gran arquero, sobre todo en los penales. Por eso me alegré mucho de marcar?.

No de casualidad, una jugada que duró escasos segundos se proyectó hasta la eternidad. Tiempo después de la final, el mismo Codesal se encargaría de defenderse de las críticas recibidas: ?¿Yo, verdugo de un pueblo que quiero entrañablemente??. Por su parte, el ex técnico del equipo argentino, Carlos Bilardo, se quejaba de que el hombre de negro no podía mirarlo a la cara.

Hoy, casi 16 años después, en el marco de un Mundial y con otros tres ya disputados, el principal protagonista de aquella noche romana, el que decidió la suerte de la Copa del Mundo, creyó que la incógnita debía terminarse.