El boom de los feos: el otro lado de la belleza

Es un ejército de galanes y divas que no necesariamente llevan las cuotas de glamour, armonía física, lozanía o éxito de los más sexys, pero tiene una legión de fanáticos inclaudicable

Es un punto de vista quizás más integral o más caprichoso de la belleza. Pueden no tener ojos claros, nariz acorde, boca de manzana lista para morder. Pero seguramente son muy talentosos: se sabe que en Hollywood la beldad tiene cánones bastante estrictos.

Pueden tener papeles secundarios o no, pero son por lo general excelentísimos actores. Y sobre todo, desprenden sex appeal, en castellano algo así como poder de seducción o atractivo muy particular, que no surge de la obviedad.

Angelina Jolie, Ricky Martin, Brad Pitt, Richard Gere, George Clooney, Catherine Zeta-Jones o tantos otros, inlcuida la delicadísima Nicole Kidman o la armoniosa Halle Berry, son rostros y cuerpos que no dejan nada librado al azar. No hay defectos en los que el espectador pueda reparar.

Del otro lado, hay otro mundo para quienes sí gustan de "pequeñas fealdades" en las personas. Para los que gustan de las diferencias disarmónicas, esa especie de "quinta pata" que en una persona desencaja los planes áureos de la belleza.

Las taquillas, las nominaciones, los charts, tienen también escalones para este tipo de fenómenos que sencillamente no dejan nunca de tener un público sustancialmente menor pero mucho más fiel que el de los astros de siempe.

Son las figuras de culto. Que no deben confundirse con los cultos a los freaks, como que Marilyn Manson o Michael Moore sean calificados como bellos.
Distinto, también, de los "talentosos feos", con Woody Allen a la cabeza.

Los otros bellos son fetiches del detalle imperfecto. Casos paradigmáticos son el de actores como Edward Norton (de El club de la pelea y contrafigura de Brad Pitt), o Joaquin Phoenix (foto), que a pesar de su labio leporino y su finado hermano River Phoenix -galán fetiche de los noventa-, conquistó suspiros con varios de sus papeles. El más candente, en Letras prohibidas, la película sobre El Marqués de Sade, donde moría de amor por Kate Winslett. Esa película casualmente fue protagonizada por el también "feo" Geoffrey Rush (foto), que descolló en Shine como el pianista David Helfgott.

Hay mujeres a quienes encienden estos otros de la talla del imperfecto John Malcovich o del siempre gordito Gerard Depardieu -con mención especial a su compatriota protagonista de El Placard, Daniel Auteuil-.

Los ejemplos continúan con el actor de El Pianista, el sensible relato de Polanski sobre un joven en un campo de concentración nazi, Adrien Brody.

Roberto Benigni pone la cuota italiana, y España también, con otro imperfectamente bello como Javier Bardem, quien en su primera película famosa, Carne Trémula (de Almodóvar), pasó desapercibido tras el hermoso protagonista Liberto Rabal.

Del lado femenino, Helena Bonham Carter (foto) se lleva las de ganar entre las más jóvenes. Es la que protagonizó el Frankenstein de Kenneth Brannagh y De Niro, como la novia del monstruo. También hizo de bruja en la reciente "Big Fish" de Tim Burton.

No es "fea", pero tampoco es linda. Tiene rasgos delicados pero cierta dureza en el rostro y en cómo se viste, que recuerdan acaso a otra diva en estos territorios ambiguos de belleza, la gran Meryl Streep (foto).

Quien le sigue los pasos es Hillary Swank, una flacucha de ojos grandes y boca enorme que fue elegida como la más fea de Hollywood hace poco. La Swank siempre eligió papeles que la masculinizaban. En Boys don't cry, se vendó los senos. Ahora está en Million Dollar Baby, la última de Clint Eastwood.

Lejos de las marcas de perfumes, de ropa o de cosméticos, los "feos" tienen orígenes tan diversos que se puede mencionar en sus filas tanto a Christopher Walken, como al gitanísimo El Cigala y al alto oriental que coprotagonizó Ana y el Rey con Jodie Foster, Chow Yun Fat.

En esa línea, todas recuerdan al actor de El Amante, aunque pocos sepan que se trata de Tony Leung.

Hay más: el desequilibrado Nick Nolte, la narigona Barbra Streisand, o incluso en la argentina la inolvidable Tita Merello, que supo forjar su sex appeal sin la típica armonía de las divas de su época.

En la actualidad, Lola Berthet es buen ejemplo, una especia de Rosy De Palma vernácula.

Fetiches, objetos de culto o atractivas formas que la imperfección trae al mundo, los otros bellos tienen carísimos adeptos. Convendrá estar atentos, para cuando a Angelina y Brad Pitt no les alcance para cirugías.