(EFE) -

La decisión, tomada el 17 de diciembre pero que acaba de conocerse, es "un paso adelante", dijo el psiquiatra Michael Mithoefer, quien conduce un estudio autorizado por la Administración de Alimentos y Fármacos (FDA) sobre el uso de la droga con víctimas de abuso sexual.



Este mes, la FDA dio su autorización para que un equipo del Hospital McLean, de la Universidad de Harvard, encabezado por John Halpern, pruebe los efectos de "éxtasis" en pacientes enfrentados a la muerte.



El comienzo del estudio aguarda la autorización del Departamento Estadounidense Antidrogas (DEA).



La droga sintética de carácter psicoactivo que tiene los nombres callejeros de "éxtasis", "XTC" y "droga de los abrazos" es la MDMA (3-4 metilenedioximetanfetamina), con propiedades químicas similares a los estimulantes de la metanfetamina y a las alucinógenas de la mescalina.



"La MDMA disminuye en el paciente los niveles de temor, la percepción de que están indefensos, y aumenta el sentimiento de confianza", explicó Mithoefer, quien ya concluyó las pruebas con cinco de los 27 pacientes con los que comenzó su estudio en marzo.



"Pero la MDMA debe usarse en un contexto terapéutico, cuidadosamente controlado", añadió. Mithoefer y su esposa, una enfermera psiquiátrica, permanecen hasta ocho horas junto a cada paciente cuando se le administra el compuesto.



"La MDMA ayuda a que el paciente recuerde y reviva los acontecimientos traumáticos sin niveles altos de miedo, lo cual permite que se trabaje con las emociones en una forma más profunda", agregó.



Para el Instituto Nacional de Abuso de Drogas, del Departamento de Salud de EEUU, la MDMA figura en la misma lista de drogas ilegales en la cual está la heroína.



Intención y situación

El "éxtasis" se popularizó desde finales de la década de 1980 entre los adolescentes y jóvenes, y se convirtió en la droga favorita para quienes asistían a fiestas con recitales musicales en bosques o sitios apartados -conocidas como "rave"- que duraban toda la noche.



Pero los investigadores como Mithoefer y Halpern trabajan con dosis cuidadosamente controladas y en un contexto de tratamiento médico.



"La gran diferencia está en la intención y la situación", dijo Mithoefer. "No se trata de fiestas donde la gente toma esta substancia sin control y para evadirse o divertirse, sino de un instrumento más dentro de un tratamiento".



Por su parte, Halpern dijo al diario "The Washington Post" que "esto no es un uso de drogas para alterar la realidad y tampoco es una varita mágica".



"Para muchas personas, la ansiedad acerca de la muerte es tan tremenda que no hay forma de que puedan manejar todos los problemas que tienen, por ejemplo, en su propia familia", añadió.



El especialista explicó que "esto podría ser una contribución sustancial al cuidado paliativo que desarrollamos para las personas que encaran la muerte".



Si el experimento se pone en marcha, una docena de individuos con expectativa de vida de menos de doce meses recibirán dosis bajas o moderadas de MDMA durante dos sesiones con pausas de pocas semanas y recibirán tratamiento y exámenes psicológicos antes y después de cada dosis.



La aprobación del experimento por parte de la FDA tiene un matiz de ironía histórica: hace 40 años Harvard expulsó al psicólogo y profesor Timothy Leary por sus experimentos con LSD (ácido lisérgico) y otros compuestos alucinógenos.



El LSD y la MDMA fueron descubiertos por el químico Albert Hofmann cuando trabajaba para la firma suiza Sandoz. Hofmann cumplirá 93 años en enero.



El uso potencial de este tipo de psicofármacos es asunto central en novelas como "Un mundo feliz" y "La isla" del escritor británico Aldous Huxley, quien cuando agonizaba en 1963 le pidió a su esposa que le administrara una dosis de LSD.



"Aldous quería estar alerta, consciente", relató la viuda, del escritor, Laura Huxley, quien cree que "la muerte es un momento muy importante".