La revalorización de la virginidad, de la castidad y del sexo con amor parece ser la respuesta del nuevo milenio a la epidemia mortal del SIDA, la rutina de divorcios y la promiscuidad avalada por discursos mediáticos.
Una encuesta de la Universidad de Princeton, en Estados Unidos, registró que un 46% de adolescentes piensa que el sexo prematrimonial no es conveniente. En la Argentina, las nuevas generaciones también le responden a la liberación sexual de los sesenta con el retraso de la edad de inicio sexual, la necesidad y búsqueda de seguridad, y el conocimiento del otro, en lugar de la relación sexual furtiva. Aunque siempre existe el riesgo de la elección obligada por represión, todo lo que deciden las adolescentes de hoy, lo piensan; y además, corre por su cuenta.
A algunos podrá parecerles antiguo, enfermo o simplemente increíble. En ese caso, sería acertado el intento de ponerse en la piel y la mente de una persona de 15 a 25 años en el tercer milenio.
Un asunto físico
?Vivo la virginidad como algo normal, no me trauma. En la vida hay etapas para todo y no es bueno ni adelantarse ni retrasarse. Hay que resguardarla mientras sea algo positivo, y cuando se transforme en negativo ya no vale la pena?, dijo Laureano R., un físico de 25 años.
La sexualidad ha sido el tema del que más se ha hablado y el motivo de mayor controversia en el siglo XX. En todas las culturas fue controlado y nunca fue de libre acción. Además, virginidad era una sola y era la femenina.
El psiquiatra Jaime Barylko escribió, en Los hijos y la religión, que nadie se planteaba la virginidad del varón, asociado a que la mujer era la que sería madre, y cuidarla de la promiscuidad significaba que no sufriera embarazos que no correspondieran al orden legal de la tribu o la familia. Para el hombre, en cambio, nunca existió la virginidad, ni siquiera en la religión. ?Hay una discriminación de entrada. No se podía hablar de la de los muchachos: ellos estaban ?iniciados??, marca Barylko en el libro.
Así, la virginidad primera y más antigua alude a cuestiones físicas y se refiere a la existencia o no del himen que, como una puerta, debe estar clausurada hasta el matrimonio. Las inspecciones, generalmente realizada siglos atrás en familias cristianas y hoy en las musulmanas, eran tan rigurosas y traumáticas que hasta el mismo San Agustín se pronunció en su contra.
En estos tiempos, en cambio, la virginidad suele asociarse a la inmadurez, la rigidez, la pacatería, o la enfermedad. En realidad, la virginidad es cuestión de respeto, inocencia o sencillamente un umbral espiritual.
Ecos
En los Estados Unidos, según informa la revista Vogue en un reciente artículo, muchos jóvenes van un paso más allá del sexo seguro cuando realmente buscan encontrarle otra solución al problema: la virginidad.
?Cuando escuchan las razones positivas de la abstinencia, dicen ?ahora sé por qué decir que no?. La castidad es importante porque las repercusiones físicas de la promiscuidad son el sida, los embarazos no deseados y duelos emocionales más o menos traumáticos. Además, la libertad sexual incluye la opción de poder decir que no?, dijo Kirk Mc Call, presidente de la asociación norteamericana Clean Teens.
El estudio del Centro de Investigación sobre la Religión de la Universidad de Princeton refleja la ?vuelta? de la virginidad en las tendencias de los chicos de 18 a 20 años. El 86% respondió que pensaba de esa manera por cuestiones religiosas y personales.
Cosa de cuerpo y alma
?Creo que la virginidad se trata de un crecimiento intelectual, espiritual y físico que tiene que darse sostenido en todos los niveles a la vez. Pero no es positivo que dos personas lleguen a su noche de bodas sin conocerse en absoluto físicamente. Cabe diferenciar la castidad de la pureza. Por cuidar el valor de la virginidad no hay que descuidar el de la pureza. Es más, creo que es más importante. No haría cualquier cosa para preservar la castidad si implica perder la pureza?, confió Laura, de 25.
La virginidad, mal inculcada como valor, sin explicaciones y como un ?deber ser? vacío, sólo se comprende como contención sensual o represión. Esto genera perversiones como las dualidades en los más aparentemente recatados. La hipocresía, en esta línea, es reina y señora. Como en la postal del tío que lleva a sus sobrinos al cabaret para que ?debuten? pero que procura que sus hijas mujeres lleguen vírgenes al matrimonio. Así es cómo las experiencias sexuales más insípidas y angustiantes vienen de aquellos recuerdos.
Cineastas, escritores y pensadores, a veces enemigos acérrimos del catolicismo o incluso cristianos, han celebrado y criticado, respectivamente, las terribles consecuencias de la represión como único trasfondo de la virginidad.
El profesor en Sociología Alejandro Piscitelli menciona que en nuestra cultura se fueron carcomiendo los fundamentos de por qué ser virgen, o de por qué ser casto. ?Fue una forma equivocada de por parte de educadores, padres, sacerdotes, al educar sobre sexo. Se hablaba de represión a los impulsos sexuales, pero nunca se le buscaba la parte positiva. Porque era malo y punto: entonces las personas eran ollas a presión, porque al no haber argumentos, ante la menor oportunidad, explotaban. Siguen sin saber darse los fundamentos de la bondad de la castidad y la virginidad?.
?No me peguen, ¡soy virgen!?
Es evidente que la cultura argentina, en nuestra eterna deuda por escapar de la censura y la represión, ha puesto al sexo en el tope de la exposición. Nuestro país está viviendo los últimos coletazos del destape posdictadura.
En analista Raúl Chirino dice que ?en este momento, una mujer que pasa los 20 años y sigue siendo virgen, tiene algún problema en la relación con el sexo opuesto?. Agrega que la virginidad ?ha pasado a ser un signo de inmadurez emocional, aunque hay nuevos modos de serlo, y estas chicas sí que lo ven como un modo de respetarse a sí?.
Si existen vírgenes por elección libre, entonces el mandato de la civilización moderna ahora exige que el goce sea imperativo y uniforme bajo signo del orgasmo.
Esta poco advertida prescripción de tener sexo como símbolo de madurez y éxito corre el riesgo de llevar a los jóvenes de hoy a no tener opción de conocerse. La facilidad del trueque sexual es muchas veces lo que inhibe un desenvolvimiento natural de las relaciones humanas, advierte Jorge Bucay. ?Ha cambiado para bien la forma y la manera de la iniciación. Hoy, varones y mujeres se inician juntos, estando en pareja, en vínculos afectivos, en general con conocimiento, asesoramiento y aval. Con ayuda de los padres, médicos y ginecólogos. Pero eso no quiere decir que a los 14 pueda debutar todo el mundo. Cada joven tiene una edad en la que corresponde que se inicie?, añade.
?Creo que la virginidad no es un mérito ni un desmérito. No califica ni descalifica a la persona; no ensalza ni deteriora. No me atrevería a legislar. Esa es una elección personal, como todas las elecciones morales. Sexualidad no significa genitalidad. Enseñémosle a nuestros jóvenes que estén más capacitados para tomar decisiones, y así lo que hagan estará más de acuerdo con lo que son?, afirma el psiquiatra.
Lo problemático con la virginidad no es que existan pocos vírgenes por elección o que los haya en cantidad. El problema es que se los proscriba tanto como a otros que escogen de modo diferente al de la mayoría.
Lo problemático es hacer el amor por presiones de grupo; que haya padres que pregunten por el debut del hijo como trofeo; que se lleve con ?moral light?, como lo llama Bucay.
Los nacidos después de los ochenta, hijos de la democracia, hijos de los tiempos de sida y de la televisión en su cuarto han marcado una diferencia. Ahora, no les importa la virginidad cuanto la seguridad. Saber con quién están.
Por religión, por desconfianza o por esperar el amor, la virginidad es una opción que ha lustrado sus significados y los ha renovado. Mujeres bien mujeres esperan la contención afectiva para estar completamente desnudas frente al otro.
No obstante, tal vez aún falte mucho para que se generalice el respeto al virgen o al casto. Tal vez haya mucha ignorancia o permeabilidad a los mensajes culturales de ?la diosa?. Tal vez los argentinos aún sostenemos como ideal de éxito el atletismo sexual. Pero por suerte, y sin pacatería, hay algunas decisiones que salvan a algunas mujeres argentinas del vacío incomparable de despertar en la cama de un desconocido.
En este nuevo siglo, la virginidad se ha vuelto una victoria del amor, en muchos casos, frente a quienes educaron para castrar el deseo y frente a los totalitarios que se ríen de ella.
Rocío Ferraro
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