"Hoy tengo mi vida allá. Fue una gran decisión irme a vivir a Uruguay sabiendo que podía aprovechar estando en Buenos Aires, pero las cosas se dieron de otra forma. Me jugué por irme, me jugué por una pareja y por suerte salió bien. Es la primera vez que vivo tantos años en una ciudad grande", asegura Julio Bocca (50), el ex bailarín que, después de retirarse –en diciembre de 2007- se mudó a Montevideo para instalarse junto a su pareja.

En una entrevista íntima con Teleshow, el artista argentino cuenta que se alejó del país porque no le gustan las ciudades grandes, que apostó a su relación sentimental, que está en sus planes formar una familia y que vive un gran presente en la dirección del Ballet Nacional Sodre/Uruguay.

Me jugué por mi pareja y me fui a vivir a Uruguay; hace casi 10 años que estamos juntos

"Siempre fui muy cambiante, incluso cuando viví en Buenos Aires me mudé muchas veces porque me aburría. Muchos me preguntaron por qué no me fui al interior si quería irme de la ciudad grande, pero había algo que no me cerraba. Entonces, salió esa posibilidad y ahí estoy", cuenta Julio que está presentando la gira con el equipo de ballet que dirige hace siete años y que se presentará en el interior y Capital Federal.

La gira del Sodre será en noviembre por el interior del país y Buenos Arires: 8 y 9 en Córdoba, 11 y 12 en Tucumán, 14 y 15 en Rosario, 16 en Santa Fe, 18 en Mar del Plata, 20 en La Plata, 21 teatro Gran Rivadavia de Capital Federal, 22 en Lomas de Zamora y 23 en el Auditorio de Belgrano
La gira del Sodre será en noviembre por el interior del país y Buenos Arires: 8 y 9 en Córdoba, 11 y 12 en Tucumán, 14 y 15 en Rosario, 16 en Santa Fe, 18 en Mar del Plata, 20 en La Plata, 21 teatro Gran Rivadavia de Capital Federal, 22 en Lomas de Zamora y 23 en el Auditorio de Belgrano

Te fuiste a vivir a Uruguay hace casi 10 años, ¿cómo ves a Argentina?

—Allá tengo bastante trabajo así que no tengo tanto tiempo de mirar lo que pasa. Pero sí noto que, de las últimas veces que vine, la gente está más relajada. Las anteriores, notaba que había una tensión que no era del típico argentino. Nuestro país es como que siempre volvés a empezar cada siete, ocho años. Y con las riquezas y la gente talentosa que tenemos, nunca podemos dar ese paso definitivo de cambio y aprender, o copiar de otros países. Uno, como argentino, quiere mucho al país y siempre va a estar deseando que se pueda dar más.

Soy exigente porque la danza lo es. A veces me da bronca porque ponen todo detrás de mi nombre y no es así

¿Qué tiene que pasar para que vuelvas a vivir a Buenos Aires?

—No me pongo nada en la cabeza, ni proyecto en cuánto volvería a vivir a Buenos Aires. La verdad, estoy muy bien en Uruguay. Tengo mi pareja, con quien vamos a cumplir 10 años. Y eso es una de las principales cosas que pongo en la balanza. Además, me costaría mucho vivir en una gran ciudad. Uno está acostumbrado a vivir en un país mucho más pequeño, con poca gente. Ahora mi ritmo es otro y no me veo viviendo en grandes ciudades. Yo siempre me imagino que en un futuro me encantaría vivir en una isla tranquilo, casi sin nadie alrededor. Quizás es por la necesidad del contacto con el mar, o de tener una privacidad más privada.

Además de apostar a la relación con tu pareja, que es de Uruguay, ¿decidiste irte porque en Argentina estabas más expuesto?

—Acá juegan dos cosas. Te ponen una cámara adelante para comunicar lo que estamos promocionando, pero al mismo tiempo, toda mi vida traté de que sea eso nada más. No buscar otra cosa que sea personal, sino que fuera solo por la danza. Y por suerte los medios siempre me respetaron. Aunque allá salgo y la gente me saluda porque me conoce, también tengo una vida privada que mantener.

El espectáculo combina extractos de grandes obras del repertorio clásico como son la “Suite de Don Quijote” o “El Corsario”.
El espectáculo combina extractos de grandes obras del repertorio clásico como son la “Suite de Don Quijote” o “El Corsario”.

Siempre dijiste que durante tu carrera eras muy exigente con vos mismo. ¿Ahora como director les exigís a los bailarines?

—Era exigente conmigo mismo porque buscaba esa excelencia que debía ser. Soy exigente porque la danza lo es, no porque Julio Bocca dice que hay que ser exigente. Eso, a veces, interiormente me da bronca porque ponen todo detrás de mi nombre y no es así, porque no es algo que yo quiero. Simplemente, que la danza me pide que sea así. Si el público viene a ver un espectáculo, tiene que estar a ese nivel que merece la danza. Me gusta ver las cosas bien hechas, con excelencias. No hacerlas por hacer. Tenés que dar el corazón, dar lo máximo y no quedarte en la comodidad. Por otro lado, muchas veces se relaciona la danza a la droga y al descontrolo y tampoco es así.

En un momento tuve muchas ganas de ser papá pero hoy no es algo que hoy esté como prioridad, aunque sí es algo que cada tanto lo hablamos con mi pareja

¿Por qué creés que instalaron ese prejuicio?

—Quizás por películas o series, en las que hacen que el mundo del ballet parezca terrible cuando no lo es. Es como cualquier otro arte, deporte o trabajo. Hay sacrificio, por supuesto, pero en la ficción lo muestran como si fuera un descontrol. Relacionan la danza a la droga, al sexo… Por supuesto que pasa, pero también pasa en cualquier ámbito de la vida cotidiana, no específicamente en la danza. Además, a veces muestran el lado más frívolo. Uno empieza a bailar muy joven y es una carrera muy corta. Si lo hacés es porque te gusta y el sacrificio lo superás, y a los 40 años cuando te retirás, tenés la suerte de que tenés una vida para empezar. No todos tienen esa posibilidad.

No volvería a bailar. Tengo nueve operaciones y las rodillas me molestan bastante
 
 
“Tengo mucha ansiedad porque vuelvo al interior, a donde viajé muchas veces para bailar”, cuenta Julio Bocca.
“Tengo mucha ansiedad porque vuelvo al interior, a donde viajé muchas veces para bailar”, cuenta Julio Bocca.

En diciembre se cumplen 10 años de la última vez que bailaste. ¿Qué recordás de aquella noche en la que 300 mil personas vieron en el Obelisco tu show?

—Fue más de lo que yo había imaginado. Nunca creí que iba a haber esa cantidad de personas. Agradezco la gratitud de la gente. Tengo un recuerdo maravillo que es parte de mi vida cotidiana. Fue impresionante haber hecho un cierre maravilloso de mi carrera. Me acuerdo que había luna llena y, además, tuve la suerte de que fuera antes de que hicieran el Metrobus.

¿Volverías a bailar?

—Propuestas me han llegado en todo este tiempo pero no acepté y no volvería a bailar porque requiere de un entrenamiento diario y, como soy exigente, si no estoy en forma, no lo haría. No puedo separar la perfección del placer. Ahora tengo el placer de poder estar en el escenario con los bailarines del Sodre y a, veces, me muevo o les marco algo. Pero volver a bailar, no. Estoy muy bien en el lugar que estoy y disfruto mucho de poder transmitir mi experiencia a los bailarines. Además, tengo nueve operaciones y las rodillas me molestan bastante. El cuerpo lo usé bastante ya y ahora me pide un poco de tranquilidad.

¿Tenés alguna asignatura pendiente?

—Me falta dar la vuelta al mundo en un barco. Toda mi vida lo planeé. Todavía no lo veo como un proyecto cercano, pero tampoco soy tan viejo como para no poder hacerlo. También me gustaría viajar a la Antártida. Pero trato de disfrutar el día a día, que vayan pasando cosas e ir viendo lo que tengo ganas de hacer.

En algún momento manifestaste tus ganas de ser papá, ¿es un proyecto para un futuro cercano con tu pareja?

—Es algo que siempre lo hablamos. En un momento tenía muchas más ganas pero en este momento no me siento preparado. Y tampoco siento que tengo el tiempo. Quiero hacer otras cosas, como viajar, dar clases, ir a concursos. No es algo que hoy esté como prioridad, pero sí es algo que cada tanto lo hablamos. Es un proyecto que está dando vueltas pero por ahora no es algo inmediato.

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