"Podemos recibir todo tipo de críticas pero no de que no seamos una televisora plural", dice con firmeza Horacio Levin, quien al asumir como director ejecutivo de la TV Pública, en febrero de 2016, se marcó objetivos claros: poner el canal a producir, optimizar los costos y contar con todas las voces. Un año y medio después asegura que esos objetivos se cumplen. Y va por más: apostó a Cuéntame como pasó, una ficción íntegramente realizada en el canal, y busca ampliar la audiencia. "El nuestro es un canal que la gente pasa disparada por ahí. No lo miran", lamenta.

En los 90, creó una agencia de publicidad que años más tarde se convertiría en la productora Promofilm, generadora de éxitos como Sorpresa y Media, Agrandadytos, Expedición Robinson y la señal El Gourmet, entre otros. En 2005 vendió la empresa y se alejó de la industria: "Me dediqué a mis cosas personales, tengo una familia muy grande. Hice actividades que no tenían nada que ver con la televisión. Por eso me llamó tanto la atención cuando me convocaron", cuenta Levin, que según su declaración jurada tiene 193 millones de pesos generados en la actividad privada. Eso lo convierte en el funcionario más rico del país, superando a Mauricio Macri, que declara 82 millones, y no ingresó en los primeros diez.

—¿Cuál es el balance tras un año y medio de gestión?

—Positivo. Nuestra primera intención fue poner el canal en marcha, y ya a los pocos meses estaban los ocho estudios ocupados. Tenemos toda la planta trabajando. El segundo plan era hacer de la televisión pública un canal público.

No logramos todavía penetrar en las grandes audiencias

—¿No era antes un canal público?

—Prefiero hablar de lo que estamos haciendo ahora, un canal público. Podemos recibir todo tipo de críticas, pero no de que no seamos una televisora plural: están todas las voces. Estas dos cosas logramos. No logramos todavía penetrar en las grandes audiencias. Sigue el canal estando más parecido a un cable que a un canal de aire en cuanto a audiencias.

—¿Importa el rating para un canal público?

—Es difícil la respuesta. Yo trabajé toda la vida en el mundo privado, miro la planilla, miro el minuto a minuto. A mí me gustaría tener un poquito más de audiencia y hacemos cosas para intentarñp. El que hace televisión quiere que lo miren, el que dice: "Quiero hacer cosas muy lindas y no me importa que me miren…", es una falacia. Todos los que estamos en esto queremos que la gente nos mire. En el canal público siempre importa un poco menos porque no competimos con las mismas armas que un canal comercial.

—¿En cuanto a qué? ¿En lo económico?

—Si hacemos un programa a la tarde, no vamos a contar qué le pasó a la vedette la noche anterior, quién se acostó con quién. Si hacemos un programa político, no estamos a los gritos. Si hacemos un noticiero, no hacemos un show de opinión: damos noticias. Esa es nuestra obligación. Eso evidentemente no le pega directamente a la audiencia.

—¿Cuál es el rol de un canal público?

—Según en qué país. En Argentina es llegar a todos los rincones, informar y enseñar en los lugares donde no se llega. Todo lo que tiene que ver con la cultura, con la educación del país, con las costumbres. Desde hace un año y medio que estamos con Festival País yendo a todos los festivales y mostrando la idiosincrasia de cada una de las zonas. Estas son áreas que la televisión comercial no cubre, porque tiene que financiarse y no lo toma como su responsabilidad. Nosotros sí. Evidentemente eso, cuando se conjuga con lo que a mí me gustaría, que es tener un poco más de rating, genera un choque.

—¿En un país con un 30% de pobreza está bien destinar dinero a un canal público?

—Es una pregunta muy difícil. Yo no soy un político, me dedico a la producción de televisión y me llamaron para esta tarea. Es una respuesta muy complicada, no es que quiera eludir pero puedo tener ideas personales que a veces no van con mi propia tarea profesional. Estoy tratando de administrar lo mejor posible, vender la mayor cantidad de publicidad posible, gastar lo menos posible. Esa es mi tarea. Lo otro ya es una cosa que habría que preguntarles a los que dirigen políticamente este país. Yo no soy político.

—¿Hay programas de la televisión pública que podrían estar en un canal privado?

—Perfectamente, muchísimos programas. "Cocineros" sin lugar a dudas. Estoy convencido de que en un canal de los líderes "Cuéntame cómo pasó" haría una audiencia fabulosa porque hay un movimiento muy fuerte con este programa. "Todo tiene un porqué" es un programa muy ingenioso. Muchos programas podrían estar, pero no sé si los privados los querrían.

—¿Por qué?

—Porque probablemente no sean redituables.

—"Cuéntame cómo pasó" es una ficción que podría entrar en las de la ley de todas las ficciones: es muy caro hacer ficción…

—Exactamente. Ahí tenés la obligación del Estado. Se habló mucho últimamente sobre si el Estado tiene que hacer ficción o no; nosotros hace ocho meses que venimos trabajando en este proyecto. No lo hicimos ahora, cuando salió este debate. Tal es el punto que pasamos desapercibidos que se debatió estos últimos meses acerca de la ficción y la responsabilidad del Estado, y nadie se enteraba que ya estábamos grabando hacía tres meses.

—Es difícil dejar contentos a todos porque, por un lado, el reclamo de ante la falta de ficción y el pedido al Estado de apoyar la producción argentina. Por otro lado, por qué gastamos plata en la televisión pública en hacer una ficción. ¿Cuál es el equilibrio?

—Es muy difícil. Por las mismas cosas que hacemos nos critican de sectores diversos. Cuando hacemos algo y nos critican de los dos extremos, vamos a poner fanáticos, estamos en el camino correcto. El camino del medio es el que la televisión pública tiene que caminar.

—¿Es muy cara "Cuéntame cómo pasó"?

—No, tenemos diez personas, que no había para hacer cosas puntuales, y lo demás se usa toda la estructura del canal. Tenemos dos estudios completos con escenografías de los 70. Es muy divertido porque muchas cosas había en el canal, no hubo que buscar cosas de época sino que ya estaban en el canal.

—Hay versiones que dicen que se lleva el 70% del presupuesto destinado a programación. ¿Está en ese porcentaje?

—No, ni mucho menos. Debemos estar en un 35, 40 por ciento.

—¿Por qué la adaptación? En España es con el final del franquismo, la vuelta de la libertad y acá es entrar a la Dictadura.

—Es una decisión. Podríamos haber tomado otra, pero nos pareció que era la más rica. La época más conflictiva, donde la vida de una familia común sufrió más cambios. Fue muy fuerte y uno, cuando hace una ficción, quiere poner el corazón.

—El Gobierno ha tenido problemas con la forma de encarar ciertos temas vinculados a la Dictadura.

—Sí, pero hemos trabajado con total libertad. Tomamos la decisión de hacer esto y contamos con el apoyo de Hernán Lombardi. El resultado es fabuloso. Pocas veces la televisión pública tuvo una aceptación tan grande, nos felicita todo el mundo, estamos muy contentos.

Si tuviéramos que levantar programas por la audiencia, nos quedaríamos sin programas prácticamente

—¿Querés un poquito más de rating?

—Un poquito más de rating sí, pero el boca a boca va a funcionar. Nuestro canal es un canal que la gente pasa disparada por ahí. No lo miran.

—Tanto en este programa como en otros, a diferencia de la televisión privada, ¿la televisión pública puede sostener un poco más los productos?

—Nosotros no levantamos ningún programa.

—No le va a pasar lo que le pasó a "Fanny la fan".

—Jamás. Ni con "Cuéntame…" ni con ningún otro programa. A lo sumo, si creemos que un ciclo está agotado, a fin de año no renovamos algún contrato, pero prácticamente el año pasado, salvo un magazine de la tarde, porque decidimos poner cine, tratamos de mantener. Es un poco gracioso: si tuviéramos que levantar programas por la audiencia, nos quedaríamos sin programas prácticamente (risas).

Desde la gerencia de noticias se ha invitado a Cristina, como a todos los candidatos; ni contestaron

—¿Es oficialista la televisión pública?

—No es ni oficialista ni antioficialista: es pública, es de la gente, es del contribuyente. Están todas las voces.

—¿Entrevistarían a Cristina Kirchner hoy en televisión pública?

—Sí. Si quisiera venir, por supuesto. Desde la gerencia de noticias se la ha invitado, como a todos los candidatos; ni contestaron. Pero por supuesto. Estuvo Aníbal Fernández el año pasado. No palpamos de ideología a nadie.

—¿Mauricio Macri estuvo?

—Macri tampoco estuvo.

Las nuevas tecnologías llegan y los sindicatos se resisten a eso

—¿Enoja en un medio público cuando el Presidente o los ministros prefieren dar notas en otros canales?

—Se usó tanto el canal público en la gestión anterior, se le dio tanta importancia, que este Gobierno quiso diferenciarse ampliamente y quizás se fue al otro lado. Es cierto lo que decís: no tenemos vinculación con el poder político. Han decidido que la televisión pública la manejen profesionales y confían en ellos. Y a mí nadie me preguntó por quién voté cuando me llamaron.

—¿Cómo es el vínculo dentro del canal con los sindicatos?

—Es bueno, soy una persona que siempre trata de conciliar. Tenemos nuestras enormes diferencias, pero prácticamente no hubo despidos en el canal. Algún periodista que sintió que no quería compartir ese lugar con otros, se fue. Pero hemos mantenido la estructura. Sí, tenemos diferencias como las tiene todo el mundo, porque las nuevas tecnologías llegan y los sindicatos en algún lugar se resisten a eso. Ahí es donde en una gestión casi paternal más que de director, les digo: "Muchachos, traten de empezar a trabajar con las nuevas tecnologías. En vez de ir veinte personas en un móvil vayan diez y otros diez quédense practicando porque esto viene, esto me va a superar a mí".

—Hay que sumarse y no quedarse afuera, pero tampoco permitir que la tecnología tienda a la precarización laboral.

—Exactamente, es muy difícil. Es un tema muy complicado y yo lo entiendo perfectamente, pero no pasa ni por este Gobierno ni por este director del canal: es una tendencia mundial.

—¿Qué puntaje le ponés a la televisión argentina?

—Es muy buena la televisión argentina. Creo que los últimos años fue un poquito más floja. En los 90 era una televisión con más recursos, más fuerte. Nos hemos quedado un poco.

—¿Cuál va a ser el desafío 2018?

—El primer gran desafío es el Mundial, para lo cual estamos cada uno rezando para clasificar. Tenemos los derechos en exclusiva para televisión abierta del Mundial, así que va a ser el año del Mundial, claramente. Después, tratar de reforzar y de ver la programación que tenemos este año cómo sigue. Hay un proyecto para "Cuéntame…" de seguir el año que viene ya con una época más relajada, la de (Raúl) Alfonsín, la de (Carlos) Menem.

—Ahí sí, la vuelta de la democracia.

—Sí. Este año vamos a terminar como Hollywood, con un final feliz, el día que subió Alfonsín y que volvió la democracia. Para todos los que vivimos esa emoción, es irreproducible lo que sentimos. La familia Martínez seguramente mirará en la televisión la asunción de Alfonsín.

—De la vuelta de la democracia a hoy, ¿cuál fue la mejor televisión pública?

—En la época de Alfonsín era toda la televisión, salvo Canal 9, y la verdad es que era una muy buena televisión. Ya después de los 90 para acá, la televisión pública no tuvo una dirección muy eficaz. Cada período fue perdiendo un poquito hasta llegar a esta situación que heredamos nosotros, donde prácticamente casi nos manejamos como un canal de cable.

—¿Era usada con fines políticos?

—No sé si todo el tiempo. Claramente en los últimos años sí. De eso no hay duda, lo reconoce todo el mundo.

—¿Y hoy no?

—Yo digo que no. Después, la gente que mira la pantalla podrá decidirlo. Yo estoy decidido que no.

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