Soledad Villamil (48) se destacó a lo largo de su carrera por los múltiples papeles que le tocó interpretar en la televisión, teatro y cine. Obtuvo su mayor trascendencia con el papel en El secreto de sus ojos, la película de Juan José Campanella ganadora del Oscar, en la que hizo dupla con Ricardo Darín.

Sin embargo, Soledad no se quedó en el rol de sus personas sino que fue más allá, incursionando en la música. Y luego de cinco años acaba de lanzar el disco Ni antes ni después, un título que en parte refleja su pensamiento, su manera de vivir, su mirada de las cosas.

El álbum fue grabado en vivo y será presentado el próximo 8 de septiembre a las 21 hs en el Teatro Xirgu Espacio Untref. Villamil asegura que sus canciones son como capítulos en los cuales va relatando una misma trama. Porque así como pone en su música la magia de la actuación, Soledad transformó sus temas en una hermosa historia.

—¿De qué se trata tu nuevo álbum, "Ni antes ni después"?

—Es un proceso que ya tiene un tiempo. El último disco que había grabado fue en 2012, así que fueron cinco años de trabajo de manera muy paulatina, escribiendo las canciones. La novedad es que vengo haciendo exclusivamente canciones mías. Entonces, todo ese trabajo de preparación tuvo mucho que ver con hacer las canciones, escribirlas, encontrar el carácter de cada una.

—Son 12 canciones que parecen capítulos de una misma historia.

—Todas tienen algo bastante cinematográfico, digamos. En algunas está más definido una historia, un personaje, y en otras no. En la canción "Temporadas", la letra dice: "Me gusta pensar lo nuestro como una serie en temporadas. La primera fue brillante. La segunda no pasaba nada". Y así sigue.

—Tu tema "Para siempre" habla de que no existe la eternidad. ¿Nada dura para siempre?

—Esa canción dice: "No juremos para siempre; para siempre es mucho tiempo". El amor también lo pienso de esa manera, no porque las cosas no puedan durar mucho tiempo, pero si las pensamos para que duren, estamos forzando algo que no sabemos cómo es en realidad. Lo bueno es vivir cada día y ver si al día siguiente ese amor se renueva, o no; pero no pensar que es para siempre. La canción iba a titularla "El anti bolero", porque era lo opuesto a decir "Te amo, vamos a estar juntos toda la vida", y todo eso. "Ahora estamos juntos, bien".

—Es una historia también de amor. ¿Lo que cuenta lo viviste con alguien?

—No es una historia mía, específicamente, pero sí es la historia de cuando hay un encuentro entre dos personas, y son como dos planetas que se juntan. En un planeta quiero decir alguien con toda una historia, con un pasado, con un destino propio, que se encuentra con todo otro mundo que es la otra persona. Y ahí los planetas se acoplan o chocan. O… quién sabe.

—¿Y  la canción "Niña africana"?

—La escribí después de ver una foto en el diario de un grupo de gente refugiada tratando de cruzar de África a Europa. En esa foto había una niña pequeña y me resultó muy conmovedora la imagen, la situación de todo ese grupo de personas pero especialmente la presencia de esa niña. Y escribí algo que después se transformó en esa canción, que dice: "Niña africana del sol, mira la arena que brilla, brilla también el color de su camisa amarilla".

—¿Que te llamó la atención?

—Una mirada. Muchas veces uno ve en los niños algo que realmente es un sentimiento que tenemos todos, también los adultos, pero que en los niños está tan abierto y tan claro: es como una mirada de asombro, de inocencia, de que lo que va a venir, es bueno. Y lo que había de contradictorio en esa foto era eso: uno veía en ese grupo de personas que ni sabrían si iban a ser capaces de cruzar del otro lado del Mediterráneo, buscando una vida mejor, y sin embargo la mirada de esa niña era toda esperanza.

—¿Seguís teniendo esa inocencia de cuándo eras chica?

—Y, sí. Si no la tengo o la pierdo, la trato de recuperar y de cultivar. Me parece que la inocencia o el asombro, o que cualquier cosa te puede parecer una pequeña maravilla, un pequeño milagro, es lo que también te mantiene despierto a las cosas que pasan alrededor tuyo. Y muchas veces da mucho material para escribir, para inspirarse.

—Vivís el presente porque no te dejás guiar por ese "para siempre", pero tampoco por el pasado. ¿Por qué?

-Muchas veces el futuro y el pasado son fuentes de angustia, de preocupación. En el pasado está lo que sentís que no hiciste, lo que tendrías que haber hecho de otra manera, el remordimiento o la preocupación de algo que ya pasó. Y en el futuro está la ansiedad, qué va a pasar, qué va a venir, cómo va a ser. En cambio en el presente está lo que hay.

—Transitaste muchísimo en tu vida, desde la actuación hasta la música. ¿Qué te deja la actuación y la música en tu vida? 

—No sé mucho de astrología pero soy de géminis y resulta que el planeta que rige mi signo es Mercurio. Y Mercurio era el dios griego de la comunicación. Era el mensajero. Cuando hace poco me enteré y até todos esos cabos me di cuenta de que yo era muy géminis en el sentido de ser el mensajero, el que tiene algo para contar, hasta inclusive cuando no es propio, cuando viene un director y me dice: "Este es tu personaje". Yo voy a ser el mensaje entre eso que está escrito y lo que el espectador va a recibir. O estoy arriba del escenario, están las canciones y está el público para escucharlas. Yo soy el mensajero. Y eso tiene mucho que ver con mi destino y con lo que elegí hacer.

—¿Qué buscás transmitir con la actuación y la música?

—Lo que voy a buscar como espectadora a la música, al teatro o al cine es un momento, eso de lo que hablábamos antes de los niños. Si puedo lograr un poquito de eso en lo que hago, ya me doy por satisfecha. Lo que uno necesita del arte, cuando mirás una película o escuchás una música es elevarte un poquito por encima de lo más cotidiano, de lo que está pasando todos los días.

—Lo fascinante que tienen los actores de poder vivir muchas vidas en una sola.

—Sí. Eso es increíble. Es súper divertido porque es jugar, como cuando los chicos toman el rol en un momento y después, así, lo abandonan. Y eso a los actores se nos permite hacerlo toda la vida, aunque ya no seas un niño. Además, aprendés un montón de vos mismo porque tenés que encontrarte con un personaje que, a priori, no tiene nada que ver con vos. Y sin embargo para que sea verosímil para el otro tenés que encontrar la manera rápida de hacerlo, buscando algo tuyo, y que eso  permita que le prestes tu cuerpo a ese personaje. El extremo sería un asesino y vos decís: "¿Cómo hago para que este personaje sea verosímil?". Primero tiene que pasar por mí, encontrar empatía, encontrar la justificación de por qué lo haría, que entenderlo. Y todo eso te lleva a tener experiencias internas muy interesantes.

—¿Qué encontraste de vos misma en tu personaje en "El secreto de tus ojos"?

—Le escribí una canción que de hecho está en este disco: "Tema para Irene". Lo que me gusta del personaje es el cambio a lo largo de la vida: una mujer que de joven es muy rígida, muy que con su trabajo de abogada y con su rol dentro de la Justicia, y con los años algo de eso se le ablanda, deja a un lado esa rigidez y puede decir "No sé". Esa fue una de las cosas atractivas que tuvo mi personaje: poder pintar a la mujer, a "Irene en sus 30 años y en sus 50 y pico, y como fue el camino que ella hizo.