Actriz de conservatorio y modelo ocasional, dueña de una belleza sofisticada: desde allí podría empezar a definirse a Cala Zavaleta (25). Porque si bien fue en este 2017 cuando el público la descubrió por Cynthia Levin, su papel en Amar después de amar, la novela de Telefe que protagonizaban Mariano Martínez, Isabel Macedo Eleonora Wexler, hay mucho por saber de Cala. Pero entonces que siga definiéndose ella misma, a través de las respuestas que le dio a Teleshow.

—¿Cómo se inició tu carrera?

—En 2011, a los 19 años, cuando empecé a estudiar actuación en el IUNA (hoy, la Universidad Nacional de Artes, UNA). Hice el curso de ingreso, que era bastante difícil. Me acuerdo que ese año eran 1.200 y entramos 300. Había mucho filtro, al punto que te decían: "¡¿Huy, te anotaste en el IUNA?!, ¿Qué va a pasar? ¿Vas a entrar? ¡No vas a entrar!". Y entré… Así arrancó un camino que no imaginé.

—¿Cómo nació en vos el amor por la actuación?

—Empecé en el colegio y me fascinaba, era la materia que más me gustaba. Hacíamos una obra todos los años y yo siempre andaba por ahí, con todas mis ganas. Era después de hora, entonces me quedaba más de tres horas extras por semanas. Era un esfuerzo pero me gustaba. Cuando tuve que decidir qué estudiar, mi profesor de teatro del colegio me dijo: "Está el Conservatorio…". "Es perfecto", dije.

—¿Cómo fue tu paso por la IUNA?

—Descubrí otro mundo. El mundo del teatro, principalmente, el oficio del teatro. Empecé a conocer actores, empecé a mirar teatro independiente. Yo de chiquita vivía en el campo y la verdad que teníamos mucho contacto con lo cultural, pero más desde lo plástico porque mi mamá era pintora, entonces había mucho de eso. A veces íbamos a ver danza, no teníamos televisión: había cosas que siento que no me perdí de chica, pero no estaban en mi universo. Y las descubrí cuando empecé a vivir en la ciudad.

—¿Con qué trabajo te sentiste por primera vez actriz?

—No sé si fue trabajo, fue más que nada una obra colectiva de teatro independiente. Fue en el segundo año del IUNA, tenía 20 años. Recuerdo que hicimos una obra hermosa de Javier Daulte, se llamaba
Martha Stutz. Éramos diez en la compañía, todos muy chicos: teníamos entre 19 y 26 años. Fueron 12 funciones en un teatro que estaba en Once. No ganamos nada, era súper simbólico, pero nos fue muy bien: llenábamos todas las funciones. Y yo lo sentí como un trabajo: había que llegar todos los domingos dos horas antes, prepararse…

—¿Cuándo empezaste a vivir de la profesión?

—El año pasado, con "Amar después de amar". Antes siempre tuve la suerte de que mi mamá me podía ayudar, y así pude estudiar, hacer teatro y vivir de cosas sueltas. Así, súper inestable, como es esta profesión.

—¿Cómo fue pasar de ser una chica de teatro a una chica de televisión, con un nuevo lenguaje, con otros códigos?

—Fue una gran adaptación. Siento que en "ADDA" aprendí no a actuar de cero, porque sí a comprender un código totalmente distinto. Cuando me llamaron para hacer la audición, fui pensando: "Ay, ¡qué bueno que me llamaron para hacer esta audición! ¡Qué bueno que pensaron en mí!". Pero nunca imaginé que iba a quedar.

—¿Cómo continúa hoy tu futuro laboral?

—Incierto, muy incierto. Como todo actor. Creo que van a venir cosas, seguro. "ADDA" acaba de terminar, así que algo vendrá. Me gustaría seguir haciendo tele, me gustaría mucho incursionar en el cine, que es algo que me interesa mucho, donde también se manejan otros tiempos.

—¿Cómo manejás el tema de tu imagen?

—Me cuido bastante. Como lo que me gusta porque soy de buen comer y disfruto mucho la comida: es uno de mis grandes placeres, no me privo de nada. Me gusta saber de dónde viene lo que como. Trato de no comprar mucho en supermercado, por ejemplo, y de consumir más verduras y equilibrar con eso. Pero también me puedo comer una hamburguesa o un asado, y me encanta. Sí me cuido mucho la cara, me gustan mucho las cremas.

—¿Hay también una Cala modelo?

—Empecé a hacer campañas porque me ofrecían cosas, y también me servía bastante para aprender a estar frente a una cámara desde otro lugar, desde la fotografía. Lo empecé a hacer por eso, como entrenamiento porque me daban ropa, canje… Pero no me siento una modelo.

—¿Qué cosas te sacan de las casillas?

—Acá, en Buenos Aires, me pasa mucho con los peatones que cruzan mal la calle y lo mal que se maneja: voy adentro del auto y puedo llegar a putear mucho, me transformo. Me sale como un monstruito. Me frustra que no pongan guiño, que nadie deje pasar a los peatones cuando no
hay semáforo, por ejemplo, eso de "Si puedo meterme yo y no dejarte pasar, lo hago". Me pone muy nerviosa.

—¿Cómo ves a la sociedad actual?

—¡Qué pregunta difícil! Está todo bastante complicado. Creo que somos bastante luchadores, y eso es algo que rescato y admiro mucho del argentino. El seguir, el continuar, el estar, el hacer, el decir. Me parece que esa es una característica que está buena en nosotros.

—Y en tus 25 años, ¿algún día para olvidar?

—Creo que no hay que olvidar nada: todo lo duro, lo difícil, te fortalece. Así que no sé si olvidaría.

—Cala y el amor: ¿estás en pareja?

—Ahora estoy en pareja, sí, estoy de novia. Y forma una parte muy importante de mi vida: me gusta estar enamorada, me gusta estar bien con una persona, construir.

—¿Hace cuánto estás de novia?

—Hace muy poquito, es muy reciente.

—¿Es el que dicen en las revistas?

—Sí, es Dante Spinetta.

Cala y Dante: un amor incipiente
Cala y Dante: un amor incipiente

—¿Cómo manejás la diferencia de edad en la pareja?

—Todo bien. Dante tiene 40 años, no es mucho. Yo siempre me consideré un poco más grande, quemé algunas etapas, metafóricamente. Tengo amigos más grandes, me relaciono muy bien con la gente que tiene más años que yo. Me parece que no va por un tema de edad, va por otro lado.

—¿Cómo se conocieron?

—Es muy gracioso cómo nos conocimos. Fue por Instagram, básicamente. Le escribí, nos juntamos y nos conocimos.

—¿Sos una chica de armas tomar?

—¡Sí, sí, sí! Igual fue muy genuino. Me dije: "Le voy a escribir". Y le escribí.

—¿Una frase que te represente?

—Hay una frase que me encanta, que no sé si es de alguien pero me la regaló una vez una amiga en un cuadrito, que dice: "Qué linda vida que nos tocó". Es una frase que me simpatiza, es muy simple, y me siento identificada: me tocó una vida muy linda, tanto en lo grupal, lo familiar,respecto a los amigos y la comunidad.

—Si tuvieras que definirte en tres palabras, ¿cuáles serían?

—Simpática. Soy brava, también: detrás de esta sonrisa me puedo llegar a enojar bastante si hay algo que me molesta o no me gusta. Y soy bastante voluntariosa. Cuando quiero algo, le doy; y le doy para adelante.