Maddy, sufre un tipo de insuficiencia que no le permite salir de su hermética casa. Las únicas personas a las que ve son su madre y su enfermera. Pero su vida da un giro inesperado cuando conoce a Olly, un nuevo vecino, y se enamora locamente de él.

Dos protagonistas con mucho carisma y un toque de fantasía, hacen de este melodrama adolescente una película irresistible. A su manera, en un ámbito cerrado, la historia se construye como un ritual de iniciación, el despertar sexual de una adolescente con ansias de amar. Y si bien el largometraje podría adecuarse a una moda de melodramas para teens, a diferencia de otras exponentes del subgénero, esta luce natural y convincente.

La directora Stella Maggie ha hecho un gran trabajo al presentar la trama sin caer en golpes bajos gratuitos y dotando de belleza visual a todo el entorno en el que se mueven los protagonistas. Hay una atmósfera de "cuento de hadas" que engrandece el romance y que apunta directo al corazón de los espectadores.

Por supuesto, abundan los momentos emotivos y el guión se reserva un giro final inesperado, pero son estos, ingredientes de un coctel necesario para que al prenderse las luces de la sala los más sensibles enjuguen más de una lágrima.

Sin ser "Todo, Todo" lo que uno espera de un espectáculo cinematográfico, el filme está lejos de ser "Nada, Nada". No es poco.

Mi calificación: 7 puntos