Pipo Cipolatti es uno de los personajes más polémicos en la historia del rock nacional pero que supo ganarse un lugar en los medios y en la gente. En el último tiempo estuvo alejado, pero eso no le impidió componer y grabar. En una extensa charla con Infobae, explicó cómo fue superar el fracaso en su profesión, las drogas y lo que lo llevó a escribir con un amigo un libro sobre estupefacientes que nunca se publicó.

-¿Por qué estuviste desaparecido de los medios estos últimos años?

-No sé. Misterio. Además, como no creo en el horóscopo, por más que me dijera que estaba escrito, no me hago cargo.

-¿Seguiste componiendo canciones durante este tiempo?

-Sí. Seguí. Tengo un montón de discos compuestos que nunca grabé y grabé algo que tampoco se conoció. Lo último que estuve haciendo fue un disco de rock para chicos con Andy Chango, que empezamos a grabar el año pasado.

-Tengo entendido que escribiste un libro, que nunca publicaste, que es una suerte de investigación sobre las drogas. ¿Podrías contarnos sobre eso?

-Ah, es verdad. Hace un tiempo había una revista que daban en los boliches, en los antros, que era sobre informes de la noche, las raves, las primeras fiestas electrónicas que se hacían y todo ese tipo de cosas. Entonces me proponen colaborar y lo primero que hice fue una historieta de "Osvaldo y el ratoncito", que salía en una viñeta abajo y después se me ocurrió hablar sobre drogas y escribí esta reflexión: "Si vas a la rave tomá agua pero no tomes ketamina, no seas animal", una cosa por el estilo, que no les cayó muy bien, no sé por qué. Pero, cómo, si la revista hace hincapié justamente en ese tipo de eventos, está bien alertar a la muchachada. Bueno, me echaron. Si alguna vez usé drogas no me habían dicho que eran, pero no me interesó por ese lado. También todo depende de la calidad, de la cantidad y del organismo, metabolismo, de cada persona. Depende mucho de todo eso. Al margen que si consumís un montón quedás pegado. Es como el alcohol.

-¿Cómo cuidás a tus chicos para que no caigan en la droga?

-Y… los mando a vender, así no consumen. Porque el que vende no consume. Ahora empezaría la preocupación, hasta ahora estuve siempre cerca, por sus actitudes y demás. Lo que no puedo controlar es lo que hagan sus amiguitos del barrio. Eso es delicado. Yo nunca fui un tipo así canchero, al contrario, subía al escenario y se me cambiaba todo: señores y señoras, buenas noches y a partir de ahí eso me empezó a gustar mucho.

-¿Qué tal te llevás con la religión? ¿Sos de rezar? ¿Creés en algún Dios?

-Dios me libre. La Iglesia no tiene cura. Yo escribí una cantidad de refranes de un supuesto monseñor Fachini. Creo que el primero que escribí era: "cuando el cura tiene ganas se le mueven las sotanas. Cuando el cura va de viaje no revisan su equipaje". Sin embargo, yo soy bautizado y tomé la comunión, hice el curso de catequesis y fue muy pintoresco lo que me pasó porque yo era muy chiquito, tenía seis años, y me mandaban a la iglesia una vez por semana a que me den un librito que me tenía que memorizar, y el libro era ciencia ficción porque hablaba de gente con alas y que tiraban fuego y era muy extraño lo que pasaba por mí y después hubo un detalle que fue el que me hizo descreer un poco la veracidad de lo que sucedía ahí dentro. Cuando el cura está en la casilla tenés que confesarte y siempre era lo mismo, dije malas palabras, traté mal a mi papá y a mi mamá, estudié poco. Bueno, tres Padre Nuestro, un Creo y un Ave María y el Pésame, algo así. Un día se me ocurrió decirle otra cosa que había robado a un ciego, que había escupido el guardapolvo de mis compañeros del colegio, todo mal y me dieron el mismo castigo. Era la misma grabación o algo pasaba. Y no fui más.

-¿Qué es para vos el éxito y el fracaso?

No sé. Conocí a los dos. Sobre todo el segundo. Me acostumbré al fracaso porque eso, supuestamente, es el trampolín para alcanzar el éxito nuevamente. Tomar envión o hundirse.