Buenos Aires, 13 de septiembre de 2017, 9.30 de la mañana.

Enciendo mi computadora. Y a los pocos segundos me arden los ojos y el espíritu… Porque un docente del Colegio Nacional de Buenos Aires – insisto-, ¡un docente!, le ha dicho por radio La Red a mi respetado colega Luis Novaresio… ¡que poner ausente es una forma de intimidación!

El docente en cuestión se llama Néstor Di Miglia. Para que nadie olvide su nombre, lo repito en negrita y mayúscula: NÉSTOR DI MIGLIA.

Entro en el Túnel del Tiempo. En el implacable Túnel del Tiempo…

El Colegio Nacional de Buenos Aires –"El colegio de la Patria", según el poeta e historiador Ricardo Rojas– nació como Real Colegio de San Carlos en… ¡1772!  Está a un tranco de cumplir dos siglos y medio…

A través de distintos períodos históricos –Colonial, post Revolución de 1810, etcétera– fue cambiando de nombre, pero no de su objetivo primordial: la excelencia. En Internet hay 50 páginas dedicadas exclusivamente a citar ex alumnos ilustres.

Comprenderá el lector que no cabe en este espacio ese casi infinito cuadro de honor… Pero debería bastarle saber que por esas aulas pasaron próceres, presidentes, políticos de alto vuelo, escritores, filósofos, artistas plásticos, músicos, deportistas… y hasta un notorio cocinero.

Clases en una escuela secundaria (Imagen de archivo)
Clases en una escuela secundaria (Imagen de archivo)
 

Los muchos ex que aún están en el mundo coinciden –lo sé de primera mano– en tres puntos: el orgullo de pertenencia, la virtud de profesores y programas que "nos enseñaron a pensar", y el rigor en hacer cumplir las tres leyes básicas leídas al comenzar cada año lectivo.

Las oyó en esa ocasión mi mujer, de labios del ex rector Horacio Sanguinetti:

–En este colegio nadie ofende a nadie por cuestiones políticas, raciales o religiosas. Quien no aprueba en tiempo y forma todas las materias, se va del colegio: tenemos un número limitado de plazas, y muchos aspirantes. No se juega al fútbol en los pasillos. Y puesto que el colegio es de alta excelencia y gratuito… el que rompe algo, ¡lo paga!

Desde luego, hubo en tiempos modernos y bastante recientes un ritual acaso divertido para los egresados pero repugnante para los vecinos y destructivo para las instalaciones: la celebración del final del ciclo con pintadas, batallas a huevazo limpio, papel picado, y una alfombra de mugre dentro y fuera del colegio…

Pero Sanguinetti la cortó de cuajo.  Y de pronto, por influencias políticas y gremiales, explotó la moda de los colegios tomados, con el clásico repertorio: desorden, mugre, ensayados discursos ante los medios, protestas por cuestiones nimias… que en todo caso exigían diálogo civilizado y no cortes de calles, como sucedió, sucede, y seguirá sucediendo si las autoridades educativas cumplen su papel sin el disfraz ni las actitudes perdonavidas del falso progresismo…

Salgo del Túnel del Tiempo.

Desde hace unos días, los alumnos del Buenos Aires han tomado el colegio… pero no algo que los afecte: por "solidaridad" con las escuelas públicas porteñas respecto de algunas reformas en el secundario a partir del año próximo.

Extraña solidaridad: porque el Buenos Aires y el Pellegrini dependen de la UBA, no del gobierno porteño.

Frente del Colegio Nacional de Buenos Aires (EFE)
Frente del Colegio Nacional de Buenos Aires (EFE)

Por supuesto, esa toma implica el abandono de las clases, y por lo tanto, el justo "ausente" en las libretas y planillas. Ausentes que, cruzado su límite, y con justicia, determinan la expulsión de los alumnos.

Pero frente a ese panorama de absoluta normalidad y lógica pura (el que falta está ausente: salvo el milagro de la bilocación), el docente Néstor Di Miglia, no por casualidad delegado gremial de Ademys (Asociación de Enseñanza Media y Superior), ha dicho "Poner ausente es una forma de intimidar". Y no conforme, reforzó así su brillante tesis: "Porque es una postura amenazante y falta de legalidad, ya que no están dadas las condiciones para desarrollar las clases en forma normal".

Es cierto: nada más anormal que un profesor dando clase ante un aula vacía…

Agotado ya por tan notable despliegue filosófico y pedagógico, me pregunto:  ¿todos los ilustres alumnos del Buenos Aires, en sus casi dos siglos y medio de vida con distintos nombres pero un mismo espíritu… se sintieron intimidados por un "ausente" en sus libretas?

No lo parece. Y si así fue, no se deprimieron demasiado.

Cada uno a su manera, y lo mejor que pudieron, hicieron esta Patria.  La nuestra. La que hacemos cada día en nuestro puesto de trabajo. Y sólo ausentes en caso de fuerza mayor.