Lo primero que se ve al abrir la web del Museo Histórico Nacional es la foto de un granadero custodiando el símbolo más importante de la emancipación americana. Muestra la sala permanente del sable corvo de San Martín, que "fue donado al MHN por el matrimonio Terrero a fines del siglo XIX. En los años sesenta, la Juventud Peronista, ante el dominio neocolonialista y la proscripción que imperaba en el país, se apropió de él en dos oportunidades con el objeto de remitirlo al presidente constitucional depuesto Juan D. Perón en su exilio en Madrid".

Pasaron 18 meses del cambio de gobierno, pero el relato kirchnerista -falaz y despojado de todo rigor histórico- sigue dominando las exhibiciones históricas. En efecto, el 12 de agosto de 1963, cuando Osvaldo Agosto y un grupo de amigos robaron el sable, Arturo Illia había ganado las elecciones con la proscripción del peronismo y "teníamos que hacer algo para levantar el ánimo de los muchachos", pero de ahí a decir en un Museo que la Argentina estaba en manos del "neocolonialismo" parece mucho. Unos meses después, un miembro del grupo acordó con el Ejército la devolución del sable.

Pero unos años después, el 19 de agosto de 1965, en pleno gobierno radical, otro grupo de jóvenes peronistas volvió a robarlo, aunque un año después fue nuevamente entregado al Ejército. Sin embargo, los muy atentos guías explican que el robo se produjo "durante los años que gobernaba Onganía", la dictadura que dio el golpe militar con amplio respaldo del peronismo, justamente, al punto que los principales caciques gremiales asistieron a la ceremonia de asunción.

Después de décadas en manos del Regimiento de Granaderos a Caballo, el sable corvo volvió al Museo Histórico el 24 de mayo de 2015, como lo había querido en 1896 Manuela Rosas de Terrero, en una ceremonia que se transmitió por cadena nacional. La gran caja con el símbolo patrio recorrió la ciudad en un vehículo de guerra, mientras Cristina Kirchner esperaba en la puerta del MHN y la locutora oficial decía que "el sable corvo vuelve por decisión de la jefa de Estado, que firmó el decreto 843/15″. Incluso fue ella misma la encargada de depositar "el sable en su lugar de guarda".

Infobae estuvo en la sala que construyó especialmente el equipo de Javier Grosman, el arquitecto del relato K, para algunos con una estética similar a Game of Thrones. El ingreso se produce por un pasillo rodeado de vitrinas con distintas armas utilizadas en las guerras de emancipación. Luego, se pasa a la sala donde está el sable, un "templete", una estructura pequeña con forma de bóveda, con el sable de San Martín en el centro, y otros cuatro sables colocados alrededor, lo que facilita comprender la calidad y dimensión del arma utilizada por el Libertador en la conquista de América.

San Martín le compró el sable a un anticuario en Londres, a fines de 1811, antes de viajar a la Argentina donde dio inicio a su regimiento. Era un tipo de arma que había visto utilizar a la caballería de Napoleón, mucho más eficaz para la guerra a caballo que una espada. Los árabes lo utilizaban corvo en el norte de África y, de hecho, el sable que él compró procedía de tierras musulmanas, en Damasco.

Se supone que, por consejo de su yerno, Mariano Balcarce, que era del servicio diplomático al servicio del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, San Martín legó su sable -antes de morir- a Juan Manuel de Rosas. Fue Balcarce quien escribió al por entonces gobernador diciendo que

"como albacea suyo, y en cumplimiento a su última voluntad me toca el penoso deber de comunicar a V.E. esta dolorosa noticia, y la honra de poner en conocimiento de V.E. la siguiente cláusula de su testamento: 3ra. El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América del Sur le será entregado al General de la República Argentina, Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que tentaban de humillarla".

Para los guías del MHN, se trató de un respaldo a la Batalla de la Vuelta de Obligado, cuando las fuerzas de Rosas se enfrentaron a una escuadra anglo-francesa para defender la soberanía nacional. Para otros, lo que querían hacer esos barcos era comerciar en forma directa con la provincia de Corrientes, lo que enfureció al Restaurador. Y el legado de San Martín a Rosas fue un gesto exagerado por el nacionalismo.

Para Emilio Perina, director del Archivo General de la Nación, "cuando San Martín, ya viejo y retirado, le envía su sable a Rosas tiene un gesto simbólico de acompañar a los argentinos en una guerra, sin pronunciarse ni por lo justo o injusta, ni tampoco por la figura de Rosas".

Como sea, el secretario de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura, Marcelo Panozzo, que asumió hace pocos meses, aseguró que en pocas semanas se lanza el concurso para elegir un nuevo director del MHN, cuya última titular fue Araceli Bellota, definida por sus pares historiadores como alguien que estaba "al servicio de un discurso único sobre el pasado que privilegia una corriente de interpretación particular de la historia argentina, sobre otras posibles", cuando se desplazó a José Antonio Pérez Gollán.

Ese discurso sigue dominando el principal museo de los argentinos. Por suerte, hay un equipo profesional de gran calidad, que aún sin conducción hizo exposiciones interesantes este año, como la que todavía está en exhibición sobre José Gil de Castro, "pintor de Libertadores", ya que sus retratos fueron realizados con los héroes guerreros en vida.

La muestra permanente del sable corvo, por supuesto, es una experiencia maravillosa. El sábado a las 16:30 habrá un recorrido especial, "De Damasco al Río de la Plata", libre y gratuito. El Museo Histórico Nacional está en Defensa 1600. Barrio de San Telmo. CABA.