(IStock)
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Tao significa "principio", "origen". Es la causa sin causa, principio y fin de todo lo manifestado, presente en todas las religiones y filosofías trascendentales.

El Tao Te King es un texto atribuido a Lao-Tsé.

Actualmente disponemos de cuarenta y dos originales, de los cuales catorce están escritos en piedra. Hasta el año 1973, los originales más antiguos que se conocían eran del siglo VII. Fue en ese año cuando, excavando una tumba de la época Han, aparecieron dos versiones en seda del siglo II a.C.

El Tao es la fuente de todos los seres, el principio absoluto y sin forma que los conforma, les da nacimiento y les otorga una forma.

Te significa fuerza y energía. Ching o King significa libro.

Es nuestra percepción del mundo a través de los sentidos la que desvirtúa la auténtica realidad unitaria del Tao, que yace latente detrás de todas las cosas.

Es la mente la que nos hace ver la Naturaleza como disgregada y diversa, haciéndonos perder la noción de unidad.

Para el Tao no hay dualidad, esa dualidad no existe, es una ilusión de nuestra mente.

En su esencia, todo es uno; sólo en su existencia se convierte en múltiple.
La mente juzga según juicios previos que no son reales, por cuanto dependen de la posición relativa del observador.

Esta idea también aparece expresada en el budismo cuando afirman que toda la creación es una y única, y que es la mente del hombre la que crea divisiones y ve las cosas desde un punto de vista dual y subjetivo.

La doctrina del Tao propone una forma de acción que trasciende esa dualidad.

Los grandes maestros de la Humanidad siempre han amado por igual a todos los seres, sin distinciones. Para el Tao, no hay un ser que sea más importante que otro. Somos nosotros los que, con nuestros intereses y deseos, consideramos unas cosas mejores, más agradables o más importantes que otras. Así, nuestra conducta se guía por lo que me gusta, lo que no me gusta; lo mío, lo de aquel; lo que quiero, lo que no quiero, lo que nos hace estar actuando continuamente fuera del Tao.

La acción inspirada en el Tao obra sin retener, no guarda para sí, no pretende atesorar, no busca enriquecerse. Porque la naturaleza del Tao es precisamente el flujo de la vida y de las cosas.

Es nuestra mente subjetiva, interesada, la que nos hace ver ganancias o pérdidas en las cosas, dolor o placer, lo que nos lleva a ponerle una intención a nuestros actos. Pero, desde el punto de vista del Tao, todo eso no es real. Parece real para nosotros por nuestra propia percepción y por nuestro enfoque parcial e interesado de la vida.

Descansar en la Vacuidad

Comprendamos este concepto tan profundo con un cuento Zen

Es conocida la historia de Nan-in, un maestro japonés que vivió en la era Meiji, y lo que le sucedió con un profesor universitario que fue a visitarlo intrigado por la afluencia de jóvenes que acudían al jardín del maestro.

Nan-in era admirado por su sabiduría, por su prudencia y por la sencillez de su vida, a pesar de haber sido en su juventud un personaje que había brillado en la corte. Aceptaba en silencio que algunos se sentaran con él al caer de la tarde, pero no debían importunarlo después de la meditación. Entonces, parecía algo serio y hasta hosco, pero no era más que la necesaria readaptación mientras trabajaba en su jardín, pelaba patatas o remendaba la ropa.

El prestigioso profesor se hizo anunciar con antelación haciendo saber que no disponía de mucho tiempo, pues tenía que regresar a sus tareas en la universidad.

Cuando llegó, saludó al maestro y, sin más preámbulos, le preguntó por el zen. Nan-in le ofreció el té y se lo sirvió con toda la calma del mundo. Y aunque la taza del visitante ya estaba llena, el maestro siguió vertiéndolo. El profesor vio que el té se derramaba y ya no pudo contenerse.

– ¿Pero no se da cuenta de que está completamente llena? ¡Ya no cabe ni una gota más!

– Al igual que esta taza – respondió Nan-in sin perder la compostura ni abandonar su amable sonrisa-, usted está lleno de sus opiniones. ¿Cómo podría mostrarle lo que es el camino del zen si primero no vacía su taza?

Airado, el profesor se levantó y con una mera inclinación de cabeza se despidió sin decir palabra.
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Lao-Tsé se refiere al Tao como la Vacuidad. Afirma que el Tao es grande precisamente porque está vacío. Es por ese vacío por lo que las cosas son útiles.

Las vasijas tienen capacidad de contener porque están vacías, y las casas se pueden habitar por su vacío. Si imaginamos al Tao como una gran matriz, comprenderemos que es por esa vacuidad.

Si no fuese así, si no estuviese permanentemente vacío, no podría ser permanentemente creativo, y no podría mantener el flujo continuo de vida. Por eso, al Tao se lo considera la Madre de todos los seres.

En este sentido, Lao-Tsé aconseja vaciar la mente de deseos y de intenciones para, una vez exenta de intereses personales, poder obrar de acuerdo con el Tao. En esto se basa también el concepto del wu-wei, y la recta acción del Bhagavad Gita hindú.

Este es el verdadero sentido del no actuar. El Tao actúa, pero no pone intenciones a las cosas, no trata de favorecer a unos sobre otros, y toma en cuenta por igual a todos los seres. La recta acción no tiene connotaciones morales, en el sentido de bueno o malo, ya que tanto en las buenas como en las malas acciones volveríamos otra vez a la dualidad.

La recta acción, similar al imperativo categórico de Kant, hace coincidir el querer con el deber. Nosotros, de forma instintiva, consciente o inconscientemente, tratamos a las personas y a las cosas queridas con un afecto especial que no sentimos hacia lo que nos es extraño, tiñendo de intención nuestras acciones y nuestra conducta.

Quienes han comprendido el Tao actúan por igual con todos los seres. Esto es lo que está en la raíz de todas las religiones: no hacer distinción entre los seres. Lógicamente, resulta una meta a alcanzar. Como seres humanos dotados de voluntad y libertad, tenemos la capacidad de elegir entre actuar o no conforme al Tao. La diferencia entre un hombre común, como nosotros, y un sabio, reside, entre otras cosas, en nuestro concepto de libertad. Para el sabio, la libertad no consiste en hacer esto o aquello, sino en plegarse a la voluntad del Tao.

Este es el trabajo que propone Lao-Tsé a través del Tao Te King.