05-06-08 | Saludable

El diagnóstico de cáncer no es una condena mortal

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Es una de las premisas que la Fundación Apostar a la Vida infunde a los pacientes. "Cuando recibí el diagnóstico sólo pensaba cómo morir mejor y acá aprendí que se cura", dijo un coordinador a Infobae.com

El diagnóstico de cáncer no es una condena mortal

Que la contención es fundamental en toda enfermedad suele escucharse. Que la manera en que se encaren los obstáculos que aparecen en el camino determinará poder atravesarlos o no, también.

Ahora, saber que fehacientemente hay gente que gracias a esos y otros muchos factores logró hacerle frente -y salir airoso- a ese tan temido mal es, sin dudas, un grito de esperanza.

La Fundación Apostar a la Vida surgió a partir de la creación de un Grupo Psicoterapéutico para pacientes con cáncer, en 1993. La Doctora en Psicología Silvia Garsd y un paciente oncológico recuperado dieron forma a la entidad respondiendo a la necesidad producida por el desamparo psicológico en que se encuentran quienes padecen esa enfermedad.

Psicólogos, pacientes y voluntarios se reúnen dos o tres veces por semana en el Hospital Ramos Mejía. "La creación del grupo fue porque me di cuenta que la contención iba a ser mayor que de manera individual", contó Silvia Garsd a Infobae.com, quien explicó que lo que allí se da es una "comunicación en espejo: el mensaje del que está curado o más estable llega con más celeridad a los ingresantes".

La profesional advirtió que "el paciente con cáncer quedaba en desamparo anímico, psicológico, familiar" y destacó que en Apostar a la Vida surge un espacio de contención en el sentido de que la persona que llega lo hace "desbordada, fuera de sí, sintiendo que la tumba y el cajón son lo único que tiene por delante".

"Lo que en las reuniones ocurre yo lo llamo 'espejos de vida'", aseguró Garsd, al destacar el rol de los coordinadores, dado que si bien ella entiende al paciente cuando llora, no lo vivió.

Para la profesional, los pacientes llegan a la fundación con algo que todos tenemos y que ella denomina "síndrome de la inmortalidad", hasta que entienden que "con el cáncer no sos quien fuiste, pero podés ser otra cosa, mejor".

En ese punto es donde comienzan a recuperar fuerzas y a entender que "son dueños de su vida, que nunca mucho costó poco y que si otro pudo, ellos van a poder".

"Apostar a la Vida no es negar la muerte, pero sí hacer todo lo que esté al alcance para evitarla", remarcó Garsd, quien destacó que si las personas (no sólo quienes participan de los encuentros, sino todos) logran cambiar la actitud, posicionarse de otra manera frente a los problemas, decir "no" cuando no quieren algo y "sí" cuando quieren, a partir de ahí suben las defensas.

Así es que -según ella- el "secreto" está en "descubrir los recursos que todos los humanos tenemos y que nos harán superar los obstáculos". "Si te tienen que amputar una mama no te sacan la mama, te sacan la mama que tiene cáncer que te lleva a la muerte", dijo Garsd acerca de la manera en que debiera afrontarse tan duro trance.

Con el dato certero de que el índice de mortalidad "bajó mucho" con la implementación de estas técnicas, la profesional explicó que "alguien que más o menos está en estado de buena salud mental tiene sus defensas al servicio de potenciar el efecto de la quimio y cuando se le presenta un obstáculo salir entero".

En ese sentido -y guiada por el modelo de sus abuelos, que llegaron de Europa huyendo de la guerra y le enseñaron a "jamás bajar los brazos"- aseguró que lo que ellos intentan inculcar es que "cuando aparece la dificultad, o la sorteás o te entregás".

Con esas premisas, este sábado 7 de junio se llevará a cabo el 11º Encuentro entre el Paciente Oncológico y sus Profesionales en la Universidad Católica Argentina.

El testimonio de los que saben que "se puede"
A Abel Galante (el "Conejo" como le dicen en Apostar a la Vida) le diagnosticaron hace 12 años cáncer en un testículo, con metástasis en la zona lumbar.

"Llegué a pesar 45 kilos", dijo el hombre -que hoy tiene 50 años- a Infobae.com, y relató: "Los dos meses que tardaron en darme el diagnóstico yo no hacía otra cosa que deprimirme".

Pese a que entró al grupo sin mucha expectativa, le bastó escuchar un testimonio para hacer "click" y empezar a trabajar para recuperarse.

"No tenía trabajo, dos nenes chiquitos y una casa a medio construir", contó el "Conejo", quien agregó: "La que era mi mujer se hizo cargo de los chicos y yo de curarme".

Llegado el momento de la operación en la que le extirparían un testículo, él pidió a los médicos que le realicen una vasectomía, pero éstos se negaron y explicaron que estaba prohibido.

Años más tarde agradecería ese acto de la medicina. Es que se separó, volvió a casarse y tuvo una nena que hoy tiene 5 años.

"Cuando recibís el diagnóstico no tenés futuro; pensás en un mejor morir, pero el grupo me ayudó a darme cuenta que el cáncer se cura y que podré enfermarme de otras cosas, pero de ese cáncer nunca más", finalizó uno de los actuales coordinadores de la fundación.

Susana tiene 53 años. Tenía 42 cuando le diagnosticaron cáncer de mama.

"Entré al grupo porque necesitaba sostén; no me podía 'bancar' el diagnóstico", recordó la mujer que por esos años "asociaba cáncer a muerte". Sus hijos eran chiquitos y aseguró que en el grupo empezó a ver que en realidad "no hay enfermedades sino enfermos".

Ella logró -tras aprender a bajar los factores de riesgo como fumar o tomar sol, hacer al pie de la letra el tratamiento, asistir a los grupos- que la enfermedad se remita en siete meses y obtener hace un año tengo el alta oncológica. 





 
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