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Domingo 22 de Noviembre
01-01-08 | Salud Imprimir Galería
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Curar y dar trabajo

Testimonios

  • * "Cuando me enfermé, pensaba: '¿Cuándo me muero? ¿Es hoy, es mañana? ¿Me quedaré muerta aquí en la máquina?' Cada día peor, pensando solamente en la enfermedad… A mí empezar a trabajar la tierra me hizo mucho bien, me sacó de eso." – Celia, 53 años, FME Martínez
  • * "…y así nomás me largué a puntear la tierra con mucho miedo de que me hiciera mal al corazón por el esfuerzo o que el sol y el ejercicio me dieran sed o me hiciera mal a los huesos. Cuando me di cuenta, había pasado horas con la radio prendida y trabajando la tierra" – Pascual, 70 años, FME Córdoba.
  • * "Debo agradecer a la idea de la huerta, me dio la oportunidad de sentir que podía. Dejé casi toda la medicación para dormir y, la verdad, cuando hacemos las cuentas esto ayuda al presupuesto" – María, 47 años, FME Parque Patricios.
  • * "Trabajar en la tierra le saca mucho a uno, hasta las malas ideas que uno tiene. Aparte, uno ve que empieza a hacer algo… porque siempre cuando uno se enferma piensa: '¿Será que yo serviré para algo? Porque yo quiero trabajar'" – José, 60 años, FME Martínez.
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Una empresa de salud decidió, frente a la crisis de 2002, ofrecer a los pacientes en diálisis una alternativa laboral que mejore tanto su dieta como la de su familia, además de aportar dinero a la casa. Infobae.com le cuenta de qué se trata el proyecto

Bárbara Roesler (Infobae.com)  

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Año 2002. Crisis económica. Devaluación. Corralito. Fueron muchas las personas que sintieron los efectos del momento histórico que estaba atravesando el país, sobre todo aquellos que no tenían trabajo o cuyos ingresos eran precarios.

Ante esta situación, en muchos casos desesperante, la empresa Fresenius Medical Care, que brinda atención a personas en diálisis, ideó a fuerza de voluntad un proyecto para que sus pacientes puedan tener un medio de sustento: una huerta personal.

"Los pacientes en diálisis son más pobres que la población general, y casi siempre la enfermedad contribuye a empobrecerlos más", explicó a Infobae.com la licenciada Marta Lugo, una de las autoras del libro Cosechando Fortalezas, escrito en 2007 para recopilar la experiencia.

Las personas en tratamiento por insuficiencia renal suelen sufrir las consecuencias de la atención, sobre todo desde el punto de vista laboral, ya que la asiduidad de las visitas al centro de salud dificulta la asistencia a cualquier trabajo. "Los pacientes estaban angustiados porque no tenían qué comer. Pero el problema era más complicado, porque detrás de un indigente hay una familia indigente", explicó Lugo.

Por eso, desde la empresa se les ocurrió que la mejor manera de que la desnutrición no afectara los beneficios del tratamiento era incentivando a los enfermos a armar una huerta en sus propias casas. "Era mejor darles algo para aprender a pescar que darles pescado", dijo la licenciada.

Así, comenzaron desde la empresa a repartir semillas, pagadas con el dinero de sus propias arcas. Utilizaron como ayuda los materiales de capacitación del Programa Pro Huerta del INTA, que para finales de 2001 también se hallaba desfinanciado. Lugo afirmó: "Les estábamos dando elementos para paliar la crisis, para pelearla".

Y los resultados fueron abrumadores, sobre todo en la zona del Gran Buenos Aires. En dos años, casi la mitad de los pacientes había plantado al menos unas semillas. Incluso algunos de ellos armaron sus huertas en macetas. "Como no tuvimos tiempo, no les preguntamos si tenían terreno. Pero esto terminó siendo positivo, porque se conectaron con parientes que hacía mucho que no veían, o con vecinos con los que no hablaban" para poder conseguir su parcela, contó la especialista.

Además, recalcó que "lo bueno de esta actividad es que puede involucrarse gente anciana, con problemas motores o incluso ciegos".

Ante la propuesta, el staff del centro médico se encontró con personas que tuvieron mucha capacidad para responder a la adversidad. Teniendo en cuenta que uno de los aspectos de la diálisis que más afecta a los pacientes es la "pérdida de su autonomía" a causa de la dependencia del tratamiento, la huerta, a la que en 2006 se unió finalmente el INTA, "más que una contribución al presupuesto familiar tuvo mucho impacto en la autoestima, en su calidad de vida: se sintieron productivos", explicó Lugo.

La mayor parte de los nuevos horticultores usó sus productos para el consumo de su círculo íntimo, un porcentaje bajo lo intercambió gracias al trueque –tan en boga hace unos años-, y otro menor lo usó como mercancía. "Para el paciente en diálisis no es bueno comer verduras, porque tienen mucho potasio y le hacen mal. Pero ellos lo sabían, y además las nutricionistas del centro se lo recordaban: la idea fue aportar al presupuesto familiar", agregó.

"Estamos muy contentos, porque ya hay una cultura de huerta en cada uno de nuestros centros, y el propio proyecto es autosustentable: son los pacientes los que demandan participar", finalizó la licenciada.

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