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Martes 1 de Diciembre
14-08-08 | Política Imprimir Galería
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Imputan a un testigo en el juicio a Bussi y Menéndez

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José Gerez fue imputado por falso testimonio tras un careo en cual se mostraron contradicciones. Durante la dictadura militar se desempeñaba como oficial de servicios en la unidad penitenciaria de Villa Urquiza

El Tribunal Oral en lo Criminal Federal, que tiene a su cargo el juicio oral contra Antonio Bussi y Luciano Benjamín Menéndez, dispuso la detención del testigo José Víctor Gerez, luego de que participara de un careo.

Ese cruce de testimonios se realizó entre Gerez, Roque Cabral y Raúl Molina y Víctor Gerez, quienes fueron interrogados durante la extensa jornada desarrollada ayer sobre la desaparición del ex senador provincial, Guillermo Vargas Aignasse, hecho ocurrido en 1976 y por el que juzga a los ex represores.

Al ser interrogado el martes, Gerez negó que la firma que aparece en el acta le corresponda e insistió en que nunca vio Vargas Aignasse en Villa Urquiza. Las contradicciones en los testimonios de dos ex funcionarios del penal de Villa Urquiza, donde estuvo detenido antes de desaparecer el senador justicialista Guillermo Vargas Aignasse, caracterizaron hoy la audiencia del juicio oral a los represores Antonio Bussi y Luciano Benjamín Menéndez.

Las diferencias en los testimonios de José Gerez y de Carlos Décima, que se desempeñaban como oficial de servicios y guardiacárcel de Villa Urquiza, hicieron que el fiscal general ante el tribunal, Alfredo Terraf, solicitara la detención de ambos por supuesto falso testimonio.

No obstante, los vocales del Tribunal Oral, Gabriel Casas, Carlos Jiménez Montilla y Josefina Curi, resolvieron que sólo correspondía remitir las actuaciones al fiscal de primera instancia Emilio Ferrer para que investigara si los testigos incurrieron en algún delito.

El martes por la noche, el tribunal había dispuesto que Gerez fuera sometido a un careo hoy con Roque Cabral y con Raúl Molina, que se habían desempeñado como juez de Instrucción Militar 76 y secretario de esa unidad, respectivamente, ante quien Gerez declaró en febrero de 1984 cuando, tras la vuelta de la democracia, se inició un sumario en sede militar por lo sucedido con Vargas Aignasse.

Cuando declaró ante el tribunal, Gerez aseveró que nunca había visto a Vargas Aignasse; sin embargo, según el acta labrada por Molina en abril de 1976, presenció cuando fue alistado un vehículo en el patio interior del penal para el traslado de Vargas Aignasse y otro detenido porque supuestamente quedaban en libertad.

No obstante, cuando le acercaron el acta en la que constaba su firma, Gerez dijo que la rúbrica no era exactamente la suya, tesis que sostuvo hoy, del mismo modo en que tanto Cabral como Molina insistieron en que, aunque no recordaban a Jerez después de 24
años, "si eso constaba en el acta es porque así había sucedido".

Como consecuencia, el tribunal ordenó que inmediatamente se practicara una pericia caligráfica para determinar si la firma estampada en el acta pertenece a Gerez.

La confusión
En tanto, el testigo Carlos Décima sostuvo la tesis que defienden los militares, según la cual desconocidos interceptaron el vehículo (una vieja "Estanciera") en la que eran trasladados Vargas Aignasse y otro militante, Pedro Rubio, desde el penal de Villa Urquiza hasta sus respectivos domicilios particulares, supuestamente para liberarlos.

Décima aseveró que no conocía a Vargas Aignasse y recién lo vio cuando el comisario Gerez, que prestaba servicios ese día en la cárcel, le ordenó aquel 5 de abril de 1976 que acompañara y custodiara al chofer, que se apellidaba Oviedo y ya murió, encargado de trasladar a dos detenidos que iban a ser puestos en libertad.

"Esto no era lo habitual. Era la primera vez que veía que pasaba eso. Generalmente, la familia esperaba a los que quedaban en libertad en la puerta del penal", respondió Décima cuando el fiscal le preguntó si era habitual este procedimiento.

Según relató Décima, aproximadamente a unas 20 cuadras del penal, en avenida Mitre y Corrientes, de la capital tucumana, una camioneta se puso a la par de la "Estanciera", razón por la que Oviedo detuvo el vehículo.

"Bajaron unos sujetos armados, no recuerdo cuántos. Sin mediar palabras, desplazaron a Oviedo del volante y nos colocaron bolsas en la cabeza, para que no viéramos, adónde nos dirigíamos".

Anduvimos más de 20 minutos hasta que nos internamos en un camino de tierra y luego se detuvo la camioneta", narró Décima. Cuando llegaron a un lugar conocido como Ohuanta, cerca de San Pablo, a unos 15 kilómetros de la capital tucumana, según Décima, los desconocidos los sacaron a él y a Oviedo de la "Estanciera", y los abandonaron en un cañaveral luego de haberles advertido: "ya volvemos por ustedes".

Décima manifestó que, después de que lograron quitarse la bolsa y desatarse las manos (se las habían atado con unas cuerdas), Oviedo y él empezaron a correr, pero en direcciones diferentes, hasta que él logró llegar a una ruta y tomar un ómnibus, para regresar a la capital tucumana.

Fuente: Télam

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