Un informe publicado por Globovisión muestra cómo el presidente de Venezuela cambió radicalmente de opinión con respecto a las FARC en pocos años. De enemigos irreconciliables al trato diplomático
Los últimos gestos de Chávez hacia la guerrilla colombiana y la posterior denuncia de Uribe sobre los estrechos nexos de Venezuela y Ecuador con la cúpula de la guerrilla agitaron el clima en la región y terminaron de despejar las pocas dudas que quedaban sobre el vínculo de Caracas con las FARC.
Es más, en sus últimos discursos el propio Chávez ya no oculta su relación carnal con la guerrilla y hasta se esfuerza para defender su accionar. No son ningún cuerpo terrorista, son un verdadero ejército que ocupa espacios en Colombia; hay que darles el reconocimiento, dijo en uno de los últimos discursos que reprodujo la televisión de Venezuela en un documental.
Sin embargo, no siempre el caudillo caribeño reivindicó el accionar terrorista. Años atrás, cuando aún no habían desaparecido frente a las urnas sus aspiraciones de reelección eterna, Chávez juraba por su madre que nunca respaldaría el accionar de las FARC. Ni el de ningún movimiento que se levante contra los gobiernos democráticos, solía repetir.
Es más, el presidente de Venezuela fundamentaba la adquisición de arsenal ruso para combatir a la guerrilla en caso de una eventual intromisión de las FARC en su territorio.
En el mismo momento que entren a Venezuela, violando nuestra soberanía, se van a convertir en enemigos y no vamos a permitir que operen en nuestro territorio, prometía en 2004.
A casi cuatro años de semejante declaración de principios, no sólo Chávez revirtió su postura sino que se encamina a llevar a la región a un conflicto bélico que podría tener impactos muy negativos en todo el mundo.