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Domingo 29 de Noviembre
12-02-08 | Política Imprimir Galería
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El viaje de los "coyotes" a las Islas Malvinas tras 25 años

El amor y la familia, claves para sobrevivir

  • Al hablar con un ex combatiente de Malvinas, se hace imposible no preguntar sobre lo que vivió en el conflicto bélico que marcó un antes y un después en la historia de un país. El ingeniero Eduardo Hernández intenta no hablar del tema pero afirma que lo tiene "muy presente, que no lo intenta tapar, pero que no lo vive como algo continuo".
  • "En algunos momentos pensamos que era un sueño, eso si lo tomas como una experiencia de vida. Pero muchos lo vivieron con una pesadilla, de la que no pueden salir", afirmó el ex combatiente.
  • El amor de su familia, la contención de su esposa y el hecho de volver y tener un proyecto de futuro fueron fundamentales para que se recuperara de los efectos de la guerra hicieron en él. "Una cosa es llegar y estar solo, sin trabajo, sin nada, y otra cosa es tener a tu familia esperando, eso fue fundamental para seguir adelante", explicó el ingeniero quien sostiene que el amor de su novia de la juventud, hoy su esposa, fue la base para sobrevivir el terror.

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Crédito: Eduardo Hernandez (Los Coyotes)
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Son cuatro ex combatientes que volvieron al lugar que los marcó de por vida. En diálogo con Infobae.com, recordaron la pesadilla de la guerra, el regreso a la zona y la tensa relación con los kelpers

Elizabeth Garrido (Infobae.com)  

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En 1982 se los conocía como los "coyotes", eran jóvenes, aguerridos y tenían ganas de defender a su país. Este grupo de cuatro, ahora ex combatientes, se reencontró luego de 25 años sin verse para viajar a las Islas Malvinas y así, cerrar un ciclo en sus vidas.

El ingeniero Eduardo "el Chueco" Hernández tenía 18 años cuando desembarcó el 13 de abril en las Islas para enfrentar a las tropas inglesas que querían ocupar el disputado territorio. Junto al joven soldado, sus compañeros "coyotes", Alejandro "el Bambino" Dandrea, José Luis "Piedritas" Mellana y Mario "el Japones" Feroldi, los dos últimos de 26 años al momento de pisar Malvinas, también vivieron la guerra.

Los "coyotes", apodados así por su rutina de aullidos tras el robo de comida en plena guerra, combatieron durante los meses que duró la guerra y sintieron el rigor de ser prisioneros de las tropas inglesas tras el rendimiento argentino.

En diálogo con Infobae.com, Hernández relata que con el grupo dejó de verse luego del regreso de las Islas, no por problemas entre los integrantes, "sino porque simplemente las cosas se dieron así".

El ingeniero señala que tardaron varios años en juntarse, lo hicieron en mayo del año pasado, pero al momento de encontrarse la relación seguía siendo tan buena e intensa como en aquel entonces, en donde el robar comida para sobrevivir era parte de su amistad.

"Nunca dejamos de pensar en el grupo, pero pasaron 25 años para que nos propusiéramos volver a las Islas para cerrar un ciclo muy duro", afirma Hernández.

Los argentinos no son bienvenidos
En octubre del año pasado, los "coyotes" volvieron a las Malvinas para recorrer aquellos lugares en donde tuvieron que enfrentar el dolor de la guerra, pero que a su vez sirvieron para fortalecer su carácter.

Hernández y sus compañeros de tropa, pisaron nuevamente la colina conocida como Wireles, lugar en el que permanecieron dos meses intensos, durante el conflicto bélico.

Mucho de esa zona había cambiado, pero también lo hicieron ellos, que supieron sobrevivir al trauma de volver a casa sin la medalla de la victoria, pero con el honor de haber intentado defender la patria con lo poco que tenían.

Aquellos que a principios de la década del ’80 habían llegado a pelear por la soberanía de las Islas, se encontraron años después con una total negación por parte de los kelpers a ser considerados argentinos.

Un cartel a la entrada de una tienda declara: "A la nación argentina y su gente. Ustedes serán bienvenidos en nuestro país cuando renuncien a su reclamo de soberanía y reconozcan nuestro derecho a la propia autodeterminación".

Hernández dice que el trato con los isleños siempre fue cordial pero frío, hasta en cierto punto "indiferente" hacia los argentinos.

"Lo que sí vimos es que a nuestra llegada y partida nos realizaron requisas mucho más 'complejas' que las habituales, porque, por un lado, llegamos a una base militar inglesa y porque días antes, un grupo de ex combatientes se sacó una foto en el cementerio de los caídos con la bandera argentina".

La vuelta en octubre del año pasado marcó el cierre de un ciclo. Los ex combatientes volvieron a sentir el frío que se llevó los últimos restos de su inocencia juvenil. Hoy, estos hombres de familia saben que vivieron una pesadilla de la cual pudieron despertar, cosa que muchos otros no lograron.

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