Cristina Kirchner en los pasillos de Infobae (Adrián Escandar)
Cristina Kirchner en los pasillos de Infobae (Adrián Escandar)

Cristina Kirchner no ahorró en dramatismo cuando le preguntaron sobre el caso de José López, el ex secretario de Obras Públicas detenido el año pasado revoleando bolsos con casi nueve millones de dólares a las puertas de un convento, en General Rodríguez. "Creo que lo odié como pocas cosas odié en mi vida", dijo, y adjetivó como "brutal" las imágenes de aquel episodio. López, también se recuerda, dijo ante la Justicia que esa plata "venía de la política". La potente frase de la ex presidente, ahora, alcanzó para generar especulaciones inmediatas en ámbitos oficialistas y del peronismo. ¿Le soltaron la mano al ex funcionario que acompañó a los Kirchner desde sus inicios en Santa Cruz hasta fines de 2015? Por el momento, el interrogante no tiene respuesta, aunque cueste limitarlo al formato de campaña.

Por supuesto, en la extensa entrevista con Infobae, Cristina Kirchner no se quedó en eso y le dio dos vueltas de tuerca a sus dichos. La primera: dijo que su "odio" nació del efecto desesperanzador que tendría entre los jóvenes "que sumamos a la política". Un límite cercano, para un impacto social perceptiblemente más amplio. La segunda: se preguntó por qué hasta ahora la Justicia no pudo establecer el origen de aquellos billetes. Pareció dar por hecho que se trataría de coimas porque, se sabe, es un delito de al menos dos partes involucradas, es decir, una que paga y otra que cobra. López había hablado de la política, tal vez del sistema que habría procesado ese flujo de dólares. A pesar del estupor que dijo haber sufrido por el caso, afirmó que nunca le había preguntado sobre el tema a Julio De Vido, el superior inmediato del ex funcionario preso.

Visto así, lo de López sería un caso aislado, a extirpar, diferente de las causas que la tienen personalmente en el centro, siempre rotuladas -en su primera línea de defensa- como hechos de persecución política. Es un obstáculo para imponer su línea de campaña, que ha vuelto a concentrarse en la economía y, especialmente, en advertencias sobre el "gran" ajuste que supone para luego de octubre. En ese punto, muestra que se trataría de una línea central del discurso. Lo había expuesto en la carta con que llamó a la unidad del voto opositor y especialmente peronista detrás de su lista, una oferta que ya fue rechazada por Florencio Randazzo, luego de presiones indisimuladas para que decline su candidatura, y por Sergio Massa.

Hay, con todo, una intención que superaría esa primer apariencia. A poco más de un mes de las elecciones, no parece fácil sumar votos suficientes de esas dos franjas del electorado, al menos según indican algunas encuestas, incluidas un par ya vistas y releídas en el circuito más cercano a la ex mandataria. La movida estaría apuntada en principio a evitar que el oficialismo logre avanzar sobre ese conjunto y pueda captar parte de los votantes que, según los sondeos y los antecedentes electorales, podrían ampliar en cuatro o cinco puntos porcentuales el número de votantes de octubre, en relación con las primarias.

Un consultor de larga trayectoria se vuelca hacia esa hipótesis que, con matices, sugieren algunos colegas. Dice: "Cristina difícilmente crezca mucho más allá de su treinta y pico por ciento. Y por eso, tiene que tratar que el oficialismo caiga algo respecto de su propio nivel de agosto. Va a ser dura con el Gobierno, para empatar su pasado, que genera rechazo en una buena franja social, con el temor a un ajuste tremendo como el que ella asegura. Tendría que lograr que no baje o incluso que crezca algo la franja del medio, para poder dar pelea aunque sea por poquito. Es una apuesta difícil, sin mucho margen".

¿Alcanza con pegar sobre la economía? En el Gobierno dicen que los números ya están dando algunas señales de mejoría y se muestran confiados en que los de octubre estarán en la misma línea. La reciente carta de la ex presidente fue leída de entrada y en espejo frente a ese cuadro, incluso por consultores políticos: señalaban que las advertencias sobre un "gran ajuste" ocupaban buena parte del texto, pero advertían que el tema de arranque era el caso de la desaparición de Santiago Maldonado y los hechos de violencia y represión en Plaza de Mayo. En otras palabras, consideraban que estaba cambiando el eje discursivo, porque la cuestión económica no había rendido los frutos esperados en las primarias de agosto.

Los últimos dichos de Cristina Kirchner parecen haber invertido el orden, o al menos lo han puesto a la par. Sumó, además, una definición llamativa: dijo que no llamaría "dictadura" al gobierno de Macri, pero sostuvo que en el país no habría estado de derecho. Más allá del muy fino matiz que podría existir entre una y otra caracterización, esa es proyectada como línea de discurso. Ajuste económico y clima opresivo sería la fórmula, según traducen en medios peronistas. Eso, más la intención que dejaron trascender desde el PJ sobre la decisión de darle más juego a los intendentes que sostienen su armado, especialmente en el Gran Buenos Aires.

¿Se viene una campaña con más presencia de los jefes peronistas locales? "Difícil", dice un intendente del PJ. No todos creen en semejante juego, más allá de la apuesta a captar voto peronista que no acompañó en agosto, y de su expresión en la tribuna. Mañana arranca formalmente la campaña. Y la tarde de domingo, en Florencio Varela, volverá a exhibir a la ex presidente en un acto público: estará a la vista de todos. Otros mensajes, como el que recibió José López, ya fueron dados y son una incógnita su impacto y sus estribaciones.