Es difícil hablar de un político o de un candidato sin dar la impresión de estar vendiendo un producto.

Sin embargo, en tiempos mezquinos en donde la política pareciera divorciarse de las preocupaciones y los derechos de la ciudadanía, pocas cosas resultan más sensatas que acercar a la sociedad una valoración personal y de la más íntima convicción acerca de aquellas personas que son, para nosotros, referentes para la construcción de una Argentina con un futuro mejor.

Construir una fuerza política independiente, capaz de representar los intereses de la mayoría de los argentinos es un desafío ambicioso que Sergio Massa emprendió con coraje, sabiendo que enfrentaría un camino largo y lleno de obstáculos. Pero nada es imposible cuando la vocación transformadora de la sociedad se combina con la idoneidad de un líder que tiene una visión clara y un equipo de profesionales capaces de concretar sus proyectos.

Y un líder no se construye de un día para el otro. La capacidad de liderazgo surge de las ideas, de la voluntad de hacer, de transformar y de ayudar a otros a lograr sus metas. Los líderes no conducen con sus palabras sino con el ejemplo, ponen todo su esfuerzo al servicio de la causa que los anima a trabajar cada día. Eso hace Sergio Massa.

La juventud no es, en sí misma, una virtud. Sin embargo, Sergio es un dirigente joven, preparado y preocupado por seguir estudiando. Es, para mí, el político más completo de esta época.

Se deja asesorar en cada tema específico y en cada área por quienes considera que son los mejores; sabe rodearse generosamente y con humildad de especialistas y técnicos que lo acompañan y lo respetan. Busca aprender de ellos dándoles el espacio de crecimiento personal pero, sobre todo pensando en lo colectivo y en el proyecto común.

Tuvo la honestidad de reconocer públicamente sus errores -actitud poco frecuente en la política-, capitalizándolos y fortaleciendo su entusiasmo y capacidad de trabajo para ampliar el espacio.

Sergio Massa junto a Carla Pitiot y Marco Lavagna
Sergio Massa junto a Carla Pitiot y Marco Lavagna

Durante el 2016, desde el Congreso, demostramos que es posible ser oposición responsable. Frenamos la designación por decreto de los jueces a la Corte Suprema, nos opusimos al aumento de las tarifas, logramos importantes modificaciones a las leyes del oficialismo y la aprobación de iniciativas propias como la Ley de Víctimas o la elevación del mínimo imponible del impuesto a las ganancias. Lamentablemente Macri vetó leyes aprobadas por el Parlamento, como la ley que suspendía los despidos por seis meses, pero eso no nos detuvo.

Sergio Massa nunca dudó en tomar decisiones difíciles pero necesarias: decisiones que lo privaron de protección y comodidad. En tiempos hostiles, se atrevió a ser fiel a sus propias convicciones y eligió jugarse con coraje por aquello que consideraba correcto. No tiene miedo de señalar a las grandes cadenas de supermercados que fijan los precios, a los laboratorios de medicamentos que lucran con las necesidades de los jubilados, a los bancos que especulan con la plata de los trabajadores o a las empresas mineras que saquean nuestros recursos naturales dejando por donde pasan contaminación ambiental.

Personalmente valoro esa actitud, que me da la seguridad y la confianza de saber que las prioridades de Massa no se moverán ni un milímetro: conducción y construcción en función del bien colectivo.

Sergio Massa expresa con claridad el sentimiento de la gente "de a pie", porque él lo es también; su sensibilidad se traduce en un compromiso inalterable en el tiempo y a lo largo de toda su carrera con los más vulnerables: los jubilados, los trabajadores, los más humildes.

El poder nubla la visión de muchos dirigentes, pero Sergio Massa nunca pierde de vista su origen de clase media.

Sergio Massa no se cree un salvador en solitario y encarna cabalmente la visión amplia y renovada de los partidos tradicionales.

Massa no sólo piensa, imagina, proyecta y se prepara desde lo personal, sino que además trabaja con esfuerzo para cambiar la realidad de millones de argentinos que no la están pasando bien, que tienen sueños, pero que no pueden realizarlos, que no se sienten contenidos ni protegidos.

Siempre creí en la política como la herramienta para transformar la realidad, para mejorar la vida de las personas y creo que con este equipo, encabezado por Sergio Massa, tenemos la posibilidad real de convertir la esperanza de ser una sociedad más justa e igualitaria en un hecho concreto y palpable.

Massa no ha tomado el camino del marketing publicitario, no es un invento de la antipolítica. No pretende ser lo que no es. Lo que es y hace, lo siente en serio y se le nota.

Massa reúne lo mejor de la tradición política y por eso se ha constituido en un actor fundamental de la Argentina de hoy, con una mirada que trasciende hacia un país que merece un futuro de crecimiento, desarrollo e igualdad.

La autora es diputada nacional por el Frente Renovador