(DyN)
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El Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) siempre observó con diplomática desconfianza al gobierno kirchnerista, que colocó a José Sbatella como su representante local al frente de la Unidad de Información Financiera (UIF), un resorte de control internacional que sólo sirvió para perseguir a la oposición política en elecciones y para cajonear decenas de Reportes de Operaciones Sospechosas (ROS), que ponían en peligro legal a familiares, amigos y socios de Cristina Fernández.

Esa compleja trama de autoprotección estalló por los aires cuando asumió Mauricio Macri y decidió modificar la imagen que tenía Argentina en el GAFI, asumiendo que este organismo multilateral fija parámetros de prestigio a nivel mundial y que establece políticas públicas para enfrentar el lavado de capitales y el financiamiento del terrorismo.

El GAFI delibera esta semana en Valencia y ya decidió designar a Santiago Otamendi como su nuevo presidente. Otamendi es el secretario de Justicia del gobierno nacional, trabaja en tándem con el ministro Germán Garavano, y lleva a la Cumbre de Valencia un programa de acción que se basa en las conversaciones personales que Macri mantuvo con Donald Trump, Xi Jinping y Angela Merkel, tres jefes de Estado que están muy preocupados por las últimas operaciones terroristas que se ejecutaron en Francia, Inglaterra y Alemania.

(Télam)
(Télam)

Un estudio realizado por el King's College de Londres y la compañía Ernst & Young estableció que ISIS es el grupo terrorista más rico del mundo. En Inglaterra calculan que ISIS manejó en 2015 un presupuesto cercano a los 1.700 millones de dólares. Ese mismo año, a través de dos resoluciones aprobadas en la Casa Blanca (orden ejecutiva 13.224) y en el Consejo de Seguridad de la ONU, se incautaron menos de 60 millones de dólares pertenecientes a organizaciones terroristas. La asimetría demuestra que ISIS tiene muchísima ventaja financiera sobre los estados que intentan desarticular su lógica de terror mundial.

Hasta ahora, el modelo de represión financiera contra los grupos fundamentalistas apuntaba a congelar activos, establecer fuertes medidas de control legal y hacer largas listas negras. Este sistema se agotó, y ya no sirve para los nuevos modelos de terrorismo global: un ataque con un auto alquilado, o tres lobos solitarios con mochilas cargadas con explosivos, tienen un costo máximo de 30.000 dólares. Y esa suma no circula en cuentas bancarias o en ciertos giros personales desde Medio Oriente. Esos fondos de la muerte corren de mano en mano, por medio de fundaciones, o camufladas en organizaciones que supuestamente combaten los nuevos males del siglo XXI.

En este contexto, las instrucciones de Macri a Otamendi fueron claras y precisas. Su presidencia en el GAFI (FATF, en la jerga anglosajona) debe contribuir a detener o atenuar estas inéditas formas de financiamiento del terrorismo. Otamendi junto a los representantes de los países más importantes del mundo tienen la difícil tarea de incorporar nuevas recomendaciones al GAFI-FATF, para desbaratar o dificultar las operaciones terroristas de bajo costo que ponen en jaque a las principales ciudades de Europa.

Pero el equipo técnico de Otamendi no sólo está trabajando en la prevención financiera de las nuevas modalidades fundamentalistas, también elabora una propuesta institucional que implica sumar al GAFI-FATF a los jueces y fiscales de todo el mundo que tratan los delitos vinculados al lavado de activos, al narcotráfico y al terrorismo. Hasta ahora, los jueces y fiscales recibían como un dogma de fe las recomendaciones del GAFI-FATF, y la intención de Otamendi es sumar a estos jugadores clave para mejorar la prevención de ciertos actos ilícitos que provocan desolación y muerte alrededor del planeta.

La asunción de Otamendi como presidente del GAFI-FATF, es una jugada que se une a la decisión de Macri de organizar el G20 en 2018, solicitar el ingreso de la Argentina a la OCDE y de mejorar las relaciones institucionales con la OMC.

En épocas de Cristina, la información del GAFI llegaba sin escalas a su despacho de la Casa Rosada. Y desde allí, CFK ordenaba a Sbatella manipularla para hacer operaciones políticas o cajonearlas para evitar problemas en la justicia federal. Mientras Otamendi viaja a Valencia, la justicia federal continúa investigando a Cristina y Sbatella por violación de secretos y abuso de autoridad.