Víctor Hugo Bugge, fotógrafo y jefe de Fotografía de la Casa Rosada (Adrián Escandar)
Víctor Hugo Bugge, fotógrafo y jefe de Fotografía de la Casa Rosada (Adrián Escandar)

Víctor Bugge eligió dedicar su vida a mirar la política. Llegó a la Casa Rosada en 1978 y, desde Jorge Rafael Videla hasta Mauricio Macri, todos los mandatarios pasaron por su lente. En los últimos casi 40 años, el fotógrafo oficial lo vio todo. El olfato que adquirió en ese tiempo es lo que hoy lo distingue de los demás. Dice que le gusta transitar los pasillos, observar, entender cómo se cocina el poder. "Si no miro lo que pasa, me tengo que dedicar a hacer Ollas y sartenes", grafica.

Bugge recibe a Infobae en una de las oficinas que ocupa en el segundo piso de la Casa de Gobierno. Las decenas de imágenes que invaden las paredes y el techo del espacio ofrecen un sólido resumen de las últimas cuatro décadas de la historia argentina. "Yo trato de reflejar el estado de ánimo de la política con una foto", sintetiza mientras repasa su obra.

"El protocolo —reflexiona— hace iguales a todos los presidentes. Los hace caminar por determinado lugar, vestirse de tal manera. Al costadito tiene que haber uno que pueda desprotocolizar".

Bugge empezó a gatillar a los 17 años y tres años después comenzó a trabajar como reportero gráfico en la editorial Codex. Pasó también por el diario La Nación, que acreditaba a su padre Miguel Bugge en la Rosada, y la editorial Atlántida. A los 22 llegó a Balcarce 50.

—Era muy joven cuando arrancó a trabajar en Casa Rosada, ¿recuerda cómo fueron esos primeros días?

—En esa época, para agarrar la cámara primero tenías que hacer banco. Entonces hice banco un tiempo hasta poder encontrarme con el presidente en el despacho. Mi primera foto importante es la de Videla. Fue un tercer intento. A mí me impresionaba cómo se trasladaba hacia la ventana y miraba. Esa es la soledad del poder, desde mi humilde interpretación. La foto es importante desde lo que es el periodismo y desde lo que era el desafío mío acá adentro: mostrar algo diferente. Y ahí arranqué.

La primera foto importante que pudo tomar el fotógrafo oficial (Víctor Bugge)
La primera foto importante que pudo tomar el fotógrafo oficial (Víctor Bugge)

—¿De qué manera incidía el gobierno militar en su labor?

—Era una situación normal. No había nada de lo que uno comenzó a enterarse después. El protocolo es el mismo. Vienen los empresarios, los sindicalistas, los actores…

—Sin embargo, no debe ser igual fotografiar a un presidente de facto que a uno que fue elegido.

—No, cuando uno cuando levanta la cámara tiene que saber a quién está fotografiando. Lo que quiero decir es que este lugar no era un centro de detención y de tortura. Era una casa de gobierno donde había actividad protocolar.

—¿Qué pasó cuando se empezó a saber lo que ocurría?

—Ahí empecé a prestar un poco más de atención. En el 79 se organizó la convocatoria para recibir a los juveniles del Mundial. Y por otro lado estaba la comisión de derechos humanos en Avenida de Mayo. Ahí la sociedad empezó a ver más puntualmente la situación. Después estaban las rondas de las Madres de Plaza de Mayo, que yo las veía desde la ventana. Eran momentos de mucha tensión acá adentro.

—¿Cómo concibe la relación entre su perspectiva personal de la realidad, que es lo que va a definir la foto, y su trabajo?

—Yo trabajo para que lo que vos veas en la foto sea lo más parecido a lo que pasa acá adentro. Y el fotógrafo, cuando saca una foto, está sacando lo que elabora en la cabeza. No lo hace la cámara. Yo leo a todos, escucho, me informo, hago un archivo y de acuerdo con todo eso sumado a lo que percibo, lo que huelo, lo que miro, sale la foto. Ese es mi formato de laburo.

—¿Alguna vez transmitió un mensaje distinto al de un gobierno con una foto?

—Tuve algunos temitas, pero llegado el momento no podés desmentir a la foto. Vos te podés enojar con el fotógrafo. Pero la pregunta es: ¿pasó o no pasó? Pasó. Yo fotografío lo que pasa acá. Lo que puedo. Hubo momentos donde no pude o no quise.

—¿En qué momento no pudo o no quiso fotografiar algo?

—Siempre me acuerdo de Semana Santa en Campo de Mayo. Alfonsín estaba con los carapintadas. Eran todos militares armados, extenuados, locos, nerviosos. Yo dije, ¿qué hago? Y decidí no hacer la foto. Yo no sé si la hubiese podido hacer. Es un momento que no me lo olvido, pensé que no salíamos de ahí. Hice lo que el físico y la cabeza me pedían: quedarme quieto. En el helicóptero que salió de Retiro hasta el Campo de Mayo no se habló nunca. Éramos 10 tipos y nadie dijo nada. Bajamos y me dicen: "Tené cuidado, Víctor, porque no sé qué va a pasar". Te imaginás que si un uniformado te dice que tengas cuidado, empezás a pensar. Después arrancaron las negociaciones hasta que llegó Aldo Rico. Para ese momento se sentían los gritos de "¡Avanza la civilidad…!". Todo lleno de fierros y yo ahí en el medio. La cuento a la foto. Es la única foto que cuento. Las demás, de todo lo que nos involucra y se pudo fotografiar, creo que la mayoría las tengo.

—¿Usted trata con los presidentes?

—Trato de no tratar. Yo hago fotos.

—¿Tuvo algún cruce con algún mandatario por alguna foto?

—Uno con De la Rúa. Yo le saqué una foto con un bonsái que le había regalado el primer ministro de Japón. Él era experto en bonsáis. Entonces le hice una secuencia y se publicó. Después, una editorial la utilizó con el título "política bonsái". Pero fue a los seis meses, yo no soy culpable… Después, cuando estaba rezando Galtieri en Malvinas yo me acerqué y le mandé un lamparazo. Ahí me tironeó el entorno. Y después otras intrascendentes.

—¿Cómo fue pasar de Alfonsín, alguien sin dudas carismático pero con un estilo más bien sobrio, a Carlos Menem?

—Menem era explosivo. De repente te encontrabas con el presidente en el medio de la montaña amasando pan y bailando una chaya riojana. O después te tocaba subirte a un avión, estar con Maradona y con Pelé jugando al fútbol. Era un trabajo muy exigente.

Pelé junto a Carlos Saúl Menem (Victor Bugge)
Pelé junto a Carlos Saúl Menem (Victor Bugge)

—Y luego llegó De la Rúa, otro cambio de perfil.

—Era la antítesis. Lo tuve que ir descubriendo, esa es la misión del fotógrafo. Y tengo algunas imágenes que me parece que acompañan ese período de De la Rúa. Cuando asume, él me llama y me dice: "Cómo se envejece acá adentro". Había estado viendo cómo entró Alfonsín y cómo se fue. "Vamos a hacer una foto todos los años, acá en este mismo lugar", me dijo. Él notaba cosas que a veces uno no se da cuenta.

—Él le pidió su última foto.

—Sí. Cuando todo el país estaba esperando su renuncia, me dice: "Te agradezco, Víctor, vamos a hacer la última foto". Y me agarró del hombro y me llevó hasta su despacho.

—En 2002 fotografió a cinco presidentes en menos de dos semanas, ¿fueron días intensos?

—Fueron diferentes. No tenemos dimensión de lo que pasó. Cada vez que miro la secuencia digo: ¿cómo puede ser? En ese momento viajé a Madrid y al Vaticano y nadie lo podía entender. Tendríamos que haber tardado 20 años para tener cinco presidentes y tardamos diez días.

—Una de las primeras fotos de Néstor Kirchner como presidente es un primer plano que lo muestra herido en la frente.

—Cuando Kirchner llegó acá —porque él decidió asumir en el Congreso— en vez de bajar y meterse para adentro salió a saludar a la gente. Entonces vino un despelote y un colega de Clarín que venía revoleando la cámara le pegó. Yo en ese momento no tenía un referente para consultar qué hacer y la largué. Ni lo dudé.

Néstor Kirchner, en su primer día como jefe de Estado, con un tajo en la frente (Victor Bugge)
Néstor Kirchner, en su primer día como jefe de Estado, con un tajo en la frente (Victor Bugge)

—¿En 2007 sintió que sería un desafío fotografiar a una presidente mujer?

—Sí, yo lo tomé así. Por eso le hice la foto sentada en el sillón de Rivadavia. Yo pensé que siempre esa iba a ser la primera foto (de una jefa de Estado). Porque hay una foto de Isabel, pero era vicepresidente y después se hizo cargo del Poder Ejecutivo. Cristina era la primera presidente mujer electa que se iba a fotografiar en la historia argentina. Es una foto común, pero no menor.

—Se habló mucho de la foto que la muestra a Cristina Kirchner dejando la Casa de Gobierno.

—Había que definir ese momento. Yo estaba a siete horas de empezar a fotografiar a Macri. Por suerte la pude hacer, esa era la foto que definía su ida. Yo la tenía desde que me empecé a enterar de que no iba a haber transición. Tenía que ser esa. Costó. La foto en sí es un revoleo, está toda inclinada. Pero igual garpó. A mí me encantó periodísticamente.

La última foto de Cristina Kirchner como presidente (Victor Bugge)
La última foto de Cristina Kirchner como presidente (Victor Bugge)

—¿Cómo se vivió acá adentro el conflicto por el traspaso?

—Yo te voy a decir lo que me pasó a mí: no pude hacer la foto que para mí, como documento, hubiese sido un escaloncito más en mi vida. En ese sentido me jodió, porque se cortó el relato de la entrega de atributos.

—Desde su posición, ¿qué cambios pudo ver con la llegada de Macri?

—Las formas no son las mismas. Macri es un hombre más sereno, más tranquilo y más pausado para comunicar. Hasta ahora es así. Ahora van a empezar las campañas y generalmente los presidentes incorporan algunas actitudes distintas. Suele haber más contacto con la gente, otras actitudes. Vamos a ver qué pasa.

El presidente Mauricio Macri, por Víctor Bugge
El presidente Mauricio Macri, por Víctor Bugge