Mucho se ha dicho y escrito sobre el carácter antirrepublicano del peronismo; en efecto, durante los doce años del kirchnerismo en el poder, la de no respetar los valores republicanos era la acusación preferida de quienes hoy están del otro lado del mostrador. Hace ya tiempo, el partido que hoy gobierna bajo la etiqueta "PRO" se publicitaba como "Propuesta Republicana", y mucho más acá, Elisa Carrió publicaba un libro con el inequívoco título de Amo la república. Oportunamente, durante los últimos meses del anterior gobierno, Andrés Rosler -filósofo, profesor de Filosofía del Derecho e investigador del Conicet- escribió Razones públicas. Seis conceptos básicos sobre la república (Katz Editores), un libro que si bien no está dedicado a la coyuntura, permite revisitar un concepto tan invocado como confusamente definido.

—Se habla mucho de república, pero ¿qué es la república? 

—El libro en realidad hace un retrato de la república pero el retratado o la retratada es la república clásica. La idea era alejarse un poco de la época contemporánea o de nuestra época y al menos poder retratar algo en lo cual creo todo el mundo debería estar de acuerdo en que eso es una república. Ahora, son buenas o malas noticias, si es atractivo o no, es otra discusión. Y la república clásica creo que consiste de cinco grandes ingredientes, toda receta republicana clásica tiene que contener cinco ingredientes: el primero es la libertad, que es el valor alrededor del cual gira todo el discurso republicano clásico. Y la libertad a su vez como no dominación, no como falta de impedimentos, tampoco como una toma de decisiones propias, sino en el fondo uno es libre si no está dominado por el capricho de otro. El segundo ingrediente es la virtud. La virtud cívica, no moral, esto es el conjunto de habilidades y capacidades que permiten la cooperación o la acción en conjunto. La virtud a su vez en vez de impedir el debate por el contrario lo estimula, aún agentes virtuosos van a estar en desacuerdo sobre qué hacer: en el caso clásico si había que destruir o no a Cartago, contemporáneamente quizás qué hacemos con los impuestos, el medioambiente, la discusión sobre el aborto. Puede haber desacuerdos genuinos de qué hacer. La otra cara, que haya desacuerdo o debate, es la ley. Otro viejo eslogan o un viejo eslogan republicano es "la ley es la ley". Si bien hemos estado en desacuerdo, hemos discutido, hemos tratado de alcanzar la unanimidad, es posible que no la alcancemos. Por lo tanto la otra cara del debate, que en realidad no refleja ningún defecto de racionalidad o moralidad sino que suponiendo que se trata de agentes virtuosos, la otra cara es la necesidad de la autoridad de la ley para resolver ese debate. Y el quinto ingrediente es lo que podemos llamar la patria. Que o bien es una recapitulación de la libertad, la virtud, el debate y la ley, o es el espacio, el lugar, el momento físico de la república. ¿La república es una comunidad política universal o cosmopolita o en realidad se trata de un lugar particular? Y el republicanismo clásico creía que la república tenía que ser particular, en ese caso Roma. Y la patria a su vez, dado que es la republicana o la patria libre como se dice ahora, que para el republicanismo es una redundancia, la patria, decía, no es exactamente la nación o depende cómo entendamos la nación. La gente suele entender a la nación como un conjunto de prácticas o incluso instituciones culturales, a veces incluso raciales. O la relación con cierto territorio particular. Bueno, la patria republicana es ese conjunto de instituciones que giran alrededor de la libertad, de la virtud cívica, y presupone el debate. Esa es la idea de la patria republicana.

—Se habla mucho del poco apego que tienen los regímenes populistas a la república. Hay una definición que me gustó mucho de Jorge Dotti cuando le preguntaron si el peronismo era republicano o no republicano y Dotti respondió algo del estilo de "es como esa gente que se pone el traje para el casamiento o la fiesta de 15, y se siente incómoda, pero se lo pone finalmente". Pero ahora tenemos gobiernos que se van apartando, en principio, del populismo y van girando hacia la derecha, y son más liberales… ¿Cuál es la relación de la derecha o del liberalismo con la república?

—Estrictamente hablando el populismo por un lado se ha apropiado de algunos términos esencialmente republicanos u originariamente republicanos, por ejemplo el pueblo. El pueblo en realidad es un componente, la idea misma de república podría ser definida, por ejemplo como Cicerón, como cosa del pueblo. Pero la idea de pueblo republicano otra vez está esencialmente vinculada con la libertad como no dominación, la virtud, el debate. Entonces, es una idea de pueblo no populista. También el populismo suele hacer hincapié en la nación, o en la patria incluso, pero otra vez: la patria es entendida por los republicanos de un modo particular. En cambio el populismo suele creer que la no dominación no es tan importante, lo que importa es ser asistido. Obviamente los republicanos no es que no se preocupan por la asistencia sino que quieren que la asistencia no dependa del capricho de los gobernantes sino que asegure la no dominación y para eso debe ser concebida por ley, no tanto por el vaivén de la política o de los gobiernos. En cuanto al liberalismo también tiene cierta relación con el republicanismo, muchos creen en realidad que el liberalismo es el republicanismo puesto en práctica, por así decir. Se preocupa por la libertad por ejemplo pero no tanto como no dominación sino que al menos históricamente cree que la libertad consiste en la falta de impedimentos, alguien es libre si no es interferido en su vida diaria. El problema para el republicano es que puede haber incluso personas dominadas o incluso esclavos que pueden llegar a ser libres según esta caracterización. Dado que la libertad consiste en la falta de impedimentos, un esclavo que tuviera un amo o un dominador tonto o gentil podría vivir una vida no interferida, pero seguiría dependiendo del capricho de este amo dominador. Alguien podría tener acceso incluso a la cuenta de banco del dominador, usar su Mercedes-Benz y la cuenta de Netflix pero el dominador solo por su propia decisión podría decir "a partir de mañana cambia el acceso a la cuenta". Pero durante esos momentos esta persona no era interferida, el esclavo no era interferido. En cambio el republicano, el discurso republicano, insiste en que la libertad no sólo consiste en falta de interferencia, y a veces de hecho la interferencia puede constituir libertad como es el caso del gobierno de la ley, el así llamado gobierno de la ley.

—Cuando presentó Razones públicas, acompañado por el editor Alejandro Katz, el politólogo Carlos Strasser y por el juez de la Corte Suprema Carlos Rosenkrantz, tuvimos oportunidad de intercambiar unas palabras a propósito del libro y señalar el don de la oportunidad que tuvo, que llega en un momento en el que estas discusiones son posibles. Dos o tres años atrás un debate en torno a la república, se me hace un poco difícil…¿Coincide?

—Bueno, sobre la oportunidad lo primero que se me ocurre es decir ojalá, ojalá sea la oportunidad para este tipo de libro. Debo confesar que el libro fue escrito durante el kirchnerismo, casi sobre el final, pero antes de las elecciones. Y la idea era hablar de república dado que se solía hablar bastante aunque no se la debatía sino que se la usaba contra el kirchnerismo. Pero creo que es una buena oportunidad esta porque ahora hay otro gobierno que suele atribuirse el carácter republicano por lo cual el libro, si es un buen retrato, debería usarse y aplicarse, como se suele decir, "al que le quepa el sayo que se lo ponga". Así que es un buen test de republicanismo en sangre, no importa quién gobierne. La idea es que sea un retrato fidedigno.

—Es un retrato pero también tiene algo interesante, que también es un manual para la acción, fija un norte. Me parece que lo dice en el prólogo eso.

—Sí, exacto. Yo digo que es un retrato como si la cuestión fuera meramente estética en el sentido usual de la expresión. Pero como se trata de teoría política o de la realidad política, a su vez no es solo retrato sino que presenta una agenda, los capítulos mismos son además un conjunto de puntos a discutir. Con lo cual si bien yo pretendo que sea un retrato porque creo haber descripto algo correctamente en este negocio, en el negocio de la política, por supuesto los retratos y las descripciones son razones para actuar y motivan a la gente a creer y a actuar. Por lo tanto es cierto.

—Y teniendo en cuenta esta agenda, en el estado actual, tenemos un gobierno que ya tiene un año en el poder. ¿Cree que tienen agenda estos temas que usted toca? La ley, la virtud, el debate…

—En realidad…

—La pregunta tiene que ver con esto: siempre se habla mucho de si el peronismo es republicano o no es republicano, un debate que tiene…

—No hay que ser un rocket scientist para…

—Claro. Pero me interesa más este tipo de experiencias más nuevas, como el PRO… Someterlos más examen a ellos que al peronismo, del peronismo ya hablamos 40 años.

—Sin duda. Sin duda que es una suerte que haya cambiado el gobierno y que ahora el retrato sirva o el test de republicanismo en sangre sirva para que se hagan otros el examen. Para empezar, todo discurso político cuyo nombre o designación consista en un apellido seguido del sufijo "ismo", en este caso el macrismo, no es un buen comienzo por así decir, republicano en el sentido estricto no lo es. El republicanismo por lo general, yo diría por definición, desconfía del personalismo. Ahora, tampoco importa tanto cómo se llame, importa lo que hace. Bien, si se trata de un gobierno que persigue la dominación, que gira alrededor de la virtud cívica y la participación ciudadana, que estimula el debate, no descalifica a sus adversarios solo porque no piensan como él o ellos y se ciñe al estado de derecho bueno, el gobierno actual debería ser considerado republicano. La gran discusión actual es si exactamente sigue recetas clásicas. Por ejemplo, ahora en la discusión sobre los impuestos sucede que aquellos que antes sostenían exactamente lo que hoy defiende el gobierno consideran que estas decisiones son injustificadas, y otro tanto se aplica al gobierno. Bueno, necesitamos una teoría, un estándar, algo que nos permita evaluar qué hacen los partidos con independencia de si están en el gobierno o en la oposición, de eso se trata el discurso republicano.

—Otro latiguillo común de quienes antes eran opositores y ahora son oficialismo, y en general de todas las oposiciones, es reclamarle al gobierno de turno que no debate, que faltan consensos. Pero no siempre debate significa consenso; a veces, lo señalabas recién, hay disensos que son genuinos.

—Sí, desacuerdos genuinos. Bueno, es que el republicanismo cree que en realidad, aunque se lo suele acusar de ser conservador, de que moraliza lo político, por el contrario una de las características esenciales de la política para el republicanismo es el debate. La idea de que en los conflictos políticos o cuestiones políticas es posible, y de hecho es esperable, la argumentación, la expresión clásica era "in utramque partem", de ambas partes o de ambos lados del mostrador. Esa es la idea misma de tener un foro público, el Senado en la época clásica o el foro fuera del Senado. Y la contracara de que hay debate es justamente tener que elegir cuál de esas posiciones hay que seguir y de ahí la necesidad de la ley. Por lo cual el republicanismo enfatiza el debate. Si hay algo que se puede decir hoy es que el gobierno, aunque quisiera, no puede gobernar o sacar las leyes que se les da la gana por razones puramente matemáticas si se quiere, por lo cual necesita llegar a ciertos acuerdos. Antes, dado que el Parlamento coincidía o la mayoría parlamentaria coincidía con el gobierno, no había debates. De hecho si bien el kirchnerismo hablaba de debate muchas veces acusaba a quienes estaban en desacuerdo de ser precisamente enemigos del pueblo, con lo cual por supuesto es una contradicción, sobre todo con un discurso que se enorgullece de ser la personificación del debate.
Con lo cual en política se suele creer que los conflictos o los desacuerdos son porque hay algo que falla en los que intervienen pero es al revés, el desacuerdo genuino supone dos partes con argumentos igualmente atendibles.

—Al presentar el libro Rosenkrantz hablaba de que la posibilidad de establecer un consenso a veces es imposible pero el debate sirve para que algo pase al menos entre quienes tienen las mismas posiciones. Que eso es parte también de vivir en comunidad.

—Sí. Insisto, hay que hacer énfasis en el carácter polémico de la política y por lo tanto la posibilidad de desacuerdos genuinos. Pero no hay que olvidarse que la otra cara de insistir en el conflicto como carácter e ingrediente constitutivo de lo político es la necesidad de llegar a cierta clase de orden. Si no es como el caso de esta persona que había aprendido a volar y solo aprendió a despegar y no terminó el curso, no se preocupó por aprender a aterrizar y obviamente terminó de manera… En cambio toda teoría política necesita de una teoría del conflicto y una teoría del orden o de la autoridad.

—Pensando en el orden, cuando hacía referencia a la virtud republicana, la virtud cívica, que no es una virtud moral, en el libro refiere el hecho de que en el fondo la ley no puede estar en todas partes, tiene que presuponer por parte de los ciudadanos…

—Se suele creer que el republicanismo, y en realidad creo que es cierto en lo que atañe al republicanismo moderno, que hace mucho hincapié en la ley o en las instituciones y por lo tanto en la separación del poder como si hubiera un diseño institucional capaz de resolver los conflictos o que debiera funcionar por sí mismo, mientras que De Tocqueville decía que era obvio que la ley sola tampoco va a poder resolver todo y hace falta la virtud entre otras cosas porque hay alguien que tiene que poner en movimiento la ley y luego tiene que aplicarla. Y de hecho la ley misma a veces se exagera el poder de la ley, me acuerdo de una película sobre John Gotti, Dellacroce, que era el subjefe de la familia Gambino, le dice al personaje de John Gotti: "hay reglas. Se cumplen las reglas o si no toda esta cosa nostra, esta comunidad nuestra, se cae". ¡Hasta la mafia tiene reglas! En el fondo es imposible la vida social sin reglas. La clave es de qué clase de reglas se trata. Con lo cual la virtud en el fondo sigue siendo indispensable. Ahora, es un error creer que si hay virtud son las instituciones o las reglas las que no hacen falta sino el republicanismo, dada esta receta, hace hincapié en la necesidad de reglas incluso para agentes virtuosos y la necesidad de virtud incluso para el caso de que contemos con las mejores reglas. No es un conflicto sino que en realidad son dos caras de la misma moneda.